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Donald Trump envió un nuevo ultimátum a Teherán para negociar o combatir. EFE Trump recuerda a Irán que le quedan horas para negociar la paz o «se desatará el infierno»Frustrado por los perjuicios domésticos que le causa la guerra, el presidente dice que el ultimátum vence este lunes mientras sopesa introducir cambios en el Gobierno para reimpulsar su gestión
Miguel Pérez
Sábado, 4 de abril 2026, 23:13
... presidente de Estados Unidos recordó este sábado al régimen de los ayatolá que el lunes vence la moratoria que le concedió para avenirse a negociar la paz y que él cuenta cada minuto. «Se acaba el tiempo». «Faltan 48 horas para que se desate el infierno», advirtió en Truth Social. Y repitió las condiciones para no lanzar una ofensiva masiva en el territorio persa: un acuerdo con Washington y la reapertura del estrecho de Ormuz.Y además está Ormuz y la crisis energética que ha desatado. El régimen, contumaz, reiteró que lo mantendrá cerrado a discreción y, cuando se normalice el conflicto, establecerá un peaje a todos los buques de carácter «irreversible». «Es una nueva situación». En una burla a la Casa Blanca, Teherán admitió que había descubierto en el estrecho una «ventaja estratégica». Y luego, unas horas más tarde, incendió con drones un nuevo buque vinculado a Israel.
El discurso que no funcionó
Es posible que Trump tuviera todo esto contemplado y, simplemente, haya dilatado los plazos para permitir la llegada de 10.000 marines y paracaidistas altamente cualificados en asaltos anfibios y operaciones terrestres. Una unidad de expedicionarios y la élite de la 82ª División Aerotransportada ya entrenan sobre el terreno. Esta semana entrante, hacia el 10 de abril, arribará al Pérsico otra unidad de marines.
Pero también es muy probable que la tensión esté ya en nivel rojo en la cabeza del presidente ante la resistencia de su adversario. En su entorno se comenta que necesita un golpe de efecto urgente, bien mediante un acuerdo o bien desatando los cuatro jinetes del Apocalipsis sobre Irán. El discurso triunfalista a la nación del pasado miércoles, donde alternó los «éxitos» en el campo de batalla con la solicitud de paciencia a sus compatriotas, no parece haber funcionado. Y los vertiginosos sucesos de las últimas 48 horas tampoco ayudan.
El presidente y su secretario de la Guerra, Pete Hegseth, han insistido en que los constantes bombardeos han «diezmado» el aparato bélico iraní y sus capacidades de respuesta. Pero el derribo de dos aviones de combate de EE UU, un F-15 y un A-10, en el lapso de unas horas este viernes pasado ha puesto públicamente en entredicho sus aseveraciones. Uno de los pilotos todavía estaba al cierre de esta edición en paradero desconocido. La Casa Blanca vive momentos angustiosos ante la posibilidad de que caiga en manos del régimen y lo convierta en un rehén para chantajear a Trump o en un instrumento de propaganda sobre la «supremacía» iraní, como ayer trasladaban varios medios persas a la población.
En privado, el magnate ha dicho que este tipo de situaciones «son propias» de una guerra. Sin embargo, una operación de rescate como la organizada por el Pentágono –incluida la retirada de dos helicópteros debido a los disparos de milicianos y civiles iraníes– no se recuerda en Estados Unidos desde Irak en 2003. Algún comentarista ha comenzado a comparar esta tragedia bélica con la desordenada retirada de las tropas de Afganistán en 2021, que arrojó una enorme capa de sombras sobre Joe Biden, el anterior inquilino del Despacho Oval.
La hora de la purga
Otros informes minan también la sensación de que el trabajo ya está prácticamente terminado difundida por Trump y Hesgseth. Sendos informes de Inteligencia han alertado de que la mitad de las instalaciones y lanzaderas de misiles de la república islámica todavía están en servicio, y de que el ejército y la Guardia Revolucionaria desentierran búnkeres bombardeados por estadounidenses e israelíes donde aún se almacenan numerosos proyectiles y drones. Por si fuera insuficiente, parece ser que empresas tecnológica chinas creadas en el último lustro podrían estar vendiendo a Teherán información sobre los movimientos de las fuerzas aeronavales norteamericanas, presumiblemente al margen del Gobierno asiático.
A nivel doméstico, y a siete meses de las elecciones intermedias al Congreso, el presidente parece también encarar un campo de minas como las que rodean la isla de Kharg para prevenir un asalto de los marines. Los tambores de guerra resuenan en casa tras las fulminantes destituciones del general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, en plena confrontación bélica y mientras se discierne si EE UU se verá obligado finalmente a una invasión terrestre; y la de Pam Bondi, depuesta de su cargo de fiscal general por su gestión del 'caso Epstein' y la ineficacia para empapelar a antiguos rivales de su jefe en la judicatura y el FBI. La salida de George obedece más a una purga tras sus discrepancias con Hegseth y otros generales.
La inestabilidad apunta a que el presidente sopesa una reorganización de su gabinete amplia pero sin alarmismos, como contrapeso a las repercusiones políticas de la guerra y los perjuicios del alza del combustible, así como a la caza de una una imagen de renovación que le propulse de nuevo de cara a las legislativas de finales de año y calme a los republicanos. Algunas fuentes sostienen que Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional; el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, figuran en los puestos de salida.
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