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Trump redobla su desafío arancelario

Trump redobla su desafío arancelario
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Donald Trump no ha dudado en mantener su apuesta arancelaria, herido en su ego por una sentencia de la Corte Suprema de EEUU que pone coto a su desmedida y caprichosa utilización de la potestad extraordinaria para regular el comercio exterior en casos de extrema emergencia. Leer
OPINIÓNTrump redobla su desafío arancelario
  • JUAN PEDRO MARÍN ARRESE
23 FEB. 2026 - 00:01El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.ZUMA vía Europa Press

Donald Trump no ha dudado en mantener su apuesta arancelaria, herido en su ego por una sentencia de la Corte Suprema de EEUU que pone coto a su desmedida y caprichosa utilización de la potestad extraordinaria para regular el comercio exterior en casos de extrema emergencia.

El presidente estadounidense anunció de inmediato un recargo del 10% y un día después subió su envite al 15%, sin molestarse en justificar la existencia de circunstancias excepcionales. Un apaño temporal, mientras se apresta a utilizar toda la munición de grueso calibre que le ofrece el arsenal de poderes extraordinarios, sin importar que se cumplan sus condiciones de uso. Al tiempo, pretende mantener la vigencia de los acuerdos suscritos bajo amenazas y coacciones. Todo un caótico panorama que gravitará sobre la economía global, afectando de lleno a la doméstica.

El fallo de la Corte Suprema se limita a examinar si la norma invocada en el Día de la Liberación, aunque permita regular el comercio exterior en casos de emergencia, incluyendo la prohibición de importar o exportar determinados productos, puede extenderse a los aranceles. La escueta conclusión, "they don't", por no contemplarse expresamente en la norma, ilustra bien el sentimiento de rechazo provocado por el uso extravagante y abusivo por Trump de poderes que sólo en coyunturas de suma gravedad se ceden al presidente.

En el juicio, el Gobierno no cuestionó que la competencia para fijar figuras impositivas, incluyendo los aranceles, reposa en el Congreso, según la Constitución. Un principio nuclear que refleja el eslogan de "no taxation without representation" que alentó la rebeldía de las colonias americanas frente a la Corona británica. No es de extrañar que todo intento de "meter la mano en el bolsillo" de los ciudadanos se someta a la decisión de los representantes del pueblo como recuerda la sentencia. Un pronunciamiento basado en el sentido último que guardan los derechos de aduana. Todo un impuesto indirecto, bajo el disfraz de un rancio proteccionismo.

Proteccionismo

Cierto es que este principio constitucional ha experimentado derogaciones como el Smoot-Hawley Tariff Act destinado a defenderse frente al proteccionismo a escala global que siguió al crash financiero del 1929, pero responsable en gran medida de agudizar la Gran Depresión. Roosevelt se encargó de desmontar, una a una, las barreras comerciales levantadas al calor de tan restrictiva iniciativa. El Trade Act de 1974, adoptado ante el derrumbe del esquema monetario de Bretton Woods, delegó también en el poder ejecutivo la capacidad de imponer medidas restrictivas al comercio para salvar los muebles. No se utilizó al jugar los tipos de cambio variables que sustituyeron a los fijos, un papel equilibrador de la balanza de pagos. Pero permanece, junto al Trade Expansion Act de 1962, como arma de disuasión masiva, para prevenir graves perturbaciones.

Donald Trump ya ha utilizado estas delegaciones al poder ejecutivo para encarecer las importaciones de aluminio y acero por razones de seguridad nacional, sin necesidad de justificar su aplicación. También para gravar los productos chinos basándose en la Sección 301 del Trade Act sobre prácticas comerciales desleales. Medidas que se mantendrán en vigor y pueden extenderse a otros productos y orígenes.

Periodo de alta incertidumbre

Nos espera, pues, un periodo de elevada incertidumbre ante el propósito de Trump de mantener viva su campaña contra los productos foráneos. Un empeño abocado al fracaso que cuesta creer que se erija en eje central de su mandato.

Lejos de suponer una tasa a los países exportadores destinada a engordar la recaudación e impulsar la repatriación de actividades, la carga recae sobre los ciudadanos y empresas de los Estados Unidos, lastrando la competitividad, el bienestar de los consumidores, el empleo y la actividad. Lejos de contribuir a equilibrar las cuentas públicas, propósito inútil ante la magna disparidad entre el déficit público y la menguada recaudación aduanera, la reciente sentencia acrecienta las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda, por mucho que se dilate la devolución de las tasas declaradas ilegales. Especialmente si corren similar suerte los remiendos proyectados.

Inestabilidad financiera

El encarecimiento de las importaciones en nada contribuye a mitigar la persistente inflación y ofrecer márgenes de maniobra más holgados a la Reserva Federal para rebajas tipos. En suma, esta obsesión arancelaria integra todos los elementos para alentar la inestabilidad financiera al tiempo que reduce el crecimiento potencial de la economía.

En última instancia, el propósito de repatriar por la fuerza la actividad también resulta irreal. ¿Quién fiaría emprender elevadas inversiones a un contexto competitivo artificioso que los tribunales pueden tumbar y difícilmente sobrevivirá a su actual promotor? Nadie en su sano juicio.

Juan Pedro Marín Arrese es economista

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Fuente original: Leer en Expansión
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