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Donald Trump F. P. Trump revoca norma climática de Obama para «ahorrar billones de dólares» a los fabricantes de cochesPatxi Fernández
Viernes, 13 de febrero 2026, 09:40 | Actualizado 10:03h.
... Obama que identificaba a los gases de efecto invernadero como una amenaza directa para la salud pública.Esta decisión, calificada por la Casa Blanca como la mayor desregulación en la historia del país, elimina el sustento científico y legal que obligaba al gobierno federal a limitar las emisiones contaminantes, especialmente en el sector automotriz.
El presidente de los Estados Unidos justificó la medida argumentando que la normativa previa representaba una política desastrosa que había castigado severamente a la industria nacional y encarecido los precios para los consumidores estadounidenses. Trump fue más allá al calificar la agenda climática de sus predecesores como una «estafa verde», asegurando que el fin de estas restricciones permitirá reducir los costos de fabricación en aproximadamente 2.400 dólares por vehículo, lo que teóricamente facilitaría el acceso de la población a automóviles más asequibles.
Ahorro para los fabricantes y conductores
El dictamen ahora revocado fue emitido originalmente por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) durante el primer año de mandato de Barack Obama. En aquel entonces, la agencia determinó que seis gases clave, entre ellos el dióxido de carbono y el metano, representaban un peligro para el bienestar humano debido a su contribución al calentamiento global.
Esa conclusión científica no era solo una declaración de intenciones, sino que servía como la base jurídica necesaria para que el Estado pudiera intervenir en los mercados y exigir estándares de eficiencia más estrictos.
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La automoción en Estados Unidos:
El panorama de la industria automotriz en 2025 se ha estabilizado tras los años de crisis post-pandemia, marcada por una competencia entre los motores de combustión tradicionales y la aceleración de la infraestructura eléctrica, con unas ven tas de entre 15.7 y 16.1 millones de unidades .
General Motors mantiene su posición de liderazgo, fabricando aproximadamente dieciséis de cada cien vehículos que circulan en el país, consolidando su dominio a través de una robusta cadena de suministro que abarca desde camionetas de trabajo hasta sedanes de lujo. Le sigue muy de cerca el gigante japonés Toyota, que produce alrededor del catorce y medio por ciento del total nacional, gracias a sus masivas operaciones en el cinturón industrial del sur y medio oeste.
Por su parte, Ford Motor Company sostiene una cuota de producción cercana al trece por ciento, impulsada mayoritariamente por la incombustible serie F. En un bloque intermedio, encontramos a Hyundai-Kia, que ha logrado escalar hasta representar un diez y medio por ciento de la producción total, superando ligeramente a Stellantis, que se sitúa en torno al nueve por ciento. El grupo Honda mantiene una relevancia constante con un ocho por ciento de la manufactura, mientras que Tesla, aunque con una cuota total del cuatro por ciento, representa un volumen alto en el segmento de valor tecnológico y crecimiento de infraestructura en Texas y California.
Se estima que los vehículos eléctricos (EV) representarán entre el 10% y el 12% de esas ventas totales, con un crecimiento notable en los modelos híbridos enchufables.
Más del 80% de los coches vendidos en 2025 corresponden a la categoría de camionetas (light trucks) y SUVs, confirmando el abandono casi total de los sedanes tradicionales por parte del público estadounidense.
La reacción de la comunidad científica y de los grupos ambientalistas ha sido de rechazo absoluto, calificando la decisión como el retroceso más significativo en materia de cambio climático realizado hasta la fecha. Los defensores del medio ambiente sostienen que ignorar los hallazgos científicos pone en riesgo la salud de las futuras generaciones y han anunciado que llevarán la batalla a los tribunales para impugnar la legalidad de la revocación. Mientras el gobierno celebra lo que considera una victoria para la libertad económica y la industria, el país se encamina a una prolongada disputa judicial que decidirá el futuro de la protección atmosférica en la nación.
Ya en su primer día de regreso a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva para retirar por segunda vez a EE.UU., el segundo mayor emisor de gases contaminantes del mundo, del Acuerdo de París, suscrito por casi todos los países, para evitar que la temperatura media del planeta supere en más de 2 grados centígrados los niveles preindustriales.
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Los gigantes del motor en EE.UU.
General Motors (GM): es habitualmente el mayor fabricante por cuota de mercado. Incluye marcas como Chevrolet, GMC, Cadillac y Buick. GM ha liderado las ventas totales en EE. UU. durante décadas, salvo breves excepciones.
Ford Motor Company: La Ford F-150 ha sido el vehículo más vendido en el país durante más de 40 años. Ford mantiene una de las infraestructuras de fabricación más grandes del país.
Stellantis: aunque es un grupo global (fusión de PSA y Fiat Chrysler), marcas como Jeep, Ram y Dodge son fundamentales en el mercado estadounidense y gran parte de su producción de SUVs y camionetas se realiza localmente.
Tesla: con sus «Gigafactorías» en California y Texas, Tesla no solo es el líder en ventas de coches eléctricos, sino que el Model Y y el Model 3 se encuentran frecuentemente entre los vehículos más vendidos
Marcas extranjeras que fabrican en EE. UU.:
Toyota: disputa constantemente el primer puesto de ventas con GM. Tienen plantas masivas en estados como Kentucky, Texas e Indiana. El Toyota Camry y el RAV4 son líderes en sus segmentos.
Honda: posee una presencia de fabricación en Ohio y Alabama. Una gran parte de los Honda vendidos en Norteamérica se fabrican íntegramente en suelo estadounidense.
Hyundai-Kia: han ganado una cuota de mercado masiva en los últimos años, con centros de producción importantes en Georgia y Alabama.
Más allá de la derogación de los dictámenes científicos, la administración de Donald Trump ha ejecutado un desmantelamiento sistemático de la infraestructura burocrática diseñada para combatir el calentamiento global. En su primer día de mandato, el presidente firmó la disolución del Grupo de Trabajo Nacional sobre el Clima (NCTF), un organismo clave creado en 2021 por Joe Biden para alinear a todas las agencias federales en la reducción de emisiones. Esta medida se complementó con el cierre de la Oficina de Cambio Global del Departamento de Estado, neutralizando la capacidad diplomática y técnica del país en las negociaciones climáticas internacionales.
Esta ofensiva administrativa del 20 de enero incluyó una ráfaga de órdenes ejecutivas destinadas a neutralizar docenas de políticas de la administración anterior. Entre los cambios más significativos destaca la cancelación de los objetivos de descarbonización para el año 2035, que buscaban una red eléctrica libre de emisiones de carbono. Al eliminar estas metas, el gobierno ha despejado el camino legal para revertir las restricciones que impedían nuevas prospecciones de petróleo y gas en tierras y aguas de propiedad federal, abriendo áreas protegidas a la explotación comercial.
Bajo el renovado lema «Drill, baby, drill» (Perfora, bebé, perfora), Trump ha dejado claro que el eje de su política económica será la expansión agresiva de los hidrocarburos. El objetivo declarado es potenciar tanto la extracción convencional como el gas de esquisto (fracking), consolidando a Estados Unidos como el líder indiscutible en la producción mundial de energía fósil. Para la Casa Blanca, este giro no es solo una cuestión de independencia energética, sino una estrategia para reducir drásticamente los costos operativos de la industria y fortalecer la posición geopolítica del país frente a sus competidores.
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