La ayuda estadounidense se despliega entre zonas devastadas, cifras inciertas y denuncias de restricciones, mientras Washington refuerza su coordinación y se reúne hasta con Diosdado
Regala esta noticia Añádenos en Google Delcy Rodríguez, saluda a un rescatista este sábado, en La Guaira (Venezuela). (EFE)Washington
30/06/2026 a las 21:49h.Entre los escombros de La Guaira, con supervivientes aún por localizar y unas cifras de muertos, heridos y desaparecidos que el régimen no ha aclarado ... por completo, una agria discusión entre Diosdado Cabello y un rescatista estadounidense dejó al descubierto las contradicciones de la emergencia venezolana. El socorrista, especialista en rescates llegado desde Virginia, exigió al jerarca chavista que se apartara para poder acceder a una zona de la que, aseguró, procedían gritos de auxilio. Cabello, una de las figuras hasta ahora más buscadas por la Justicia estadounidense, aparecía así en conflicto abierto con una operación coordinada con equipos enviados por Washington directamente.
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Tragedia en Venezuela
Estamos acompañando a las familias que por los riesgos y daños ocasionados por los terremotos, aún no pueden regresar a sus casas.
— Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) June 27, 2026
Hemos dispuesto refugios temporales y toda la atención integral necesaria para proteger a cada familia. pic.twitter.com/aJXdCBiE8PLa popularidad que Delcy no tiene en la calle parece encontrarla, en cambio, en la misión estadounidense desplegada en Venezuela. La presidenta encargada recibió el martes en Caracas al jefe del equipo estadounidense de Asistencia y Rescate ante Desastres, Enn Magee, junto a una delegación que incluía al encargado de negocios, John M. Barret, y mandos militares norteamericanos. La reunión, celebrada con el mismo Diosdado Cabello sentado a su lado, exhibe la apuesta de Washington por coordinar con la estructura interina chavista la respuesta a la emergencia, pese al rechazo que esa misma estructura provoca entre buena parte de la población.
El Departamento de Estado sostiene que la respuesta estadounidense al terremoto de Venezuela es ya la mayor operación de ayuda ante una catástrofe natural desplegada por Washington en lo que va de siglo, por volumen de personal, recursos comprometidos y rapidez de ejecución. Jeremy Lewin, alto responsable de la oficina de asistencia exterior, afirmó el lunes en una conversación con periodistas que los 300 millones de dólares anunciados hasta ahora aumentarán y presentó el operativo como una movilización excepcional. Sobre el terreno, ese contingente estadounidense se concentra en las zonas a las que Delcy Rodríguez apenas ha podido acceder de forma directa: áreas colapsadas de La Guaira y Caracas, donde continúan las búsquedas bajo los escombros.
«Estamos hablando de una respuesta que combina búsqueda y rescate urbano, asistencia médica, distribución de ayuda y apoyo logístico para los desplazados», explicó Lewin. La comparación más cercana sería la movilización estadounidense tras el terremoto de Haití de 2010, por la escala, velocidad y complejidad de una operación desplegada en un país con infraestructuras dañadas y un aparato estatal bajo fuerte presión. En aquel terremoto murieron más de 200.000 personas.
Aunque las primeras estimaciones del Servicio Geológico de EE.UU. situaron la posible cifra de víctimas entre 10.000 y 100.000, el régimen elevó este martes el balance oficial a apenas 1.943 muertos y 10.571 heridos. La diferencia refleja la opacidad que rodea todavía a la tragedia, con zonas sin evaluar, edificios colapsados y familias que siguen buscando a desaparecidos. La oposición ha activado redes de voluntariado y distribución de ayuda, pero testigos y organizaciones locales denuncian a ABC restricciones del acceso y movimiento impuestas por las autoridades en varias de las áreas afectadas.
Apoyo explícito al chavismo
El presidente Trump ha reforzado de forma cada vez más explícita su apoyo a Delcy Rodríguez, a la que su Administración considera una interlocutora plenamente colaboradora en los ámbitos político, económico y de seguridad. Ese respaldo ha provocado malestar entre sectores de la oposición venezolana, sobre todo después de que el presidente llegara a afirmar que, gracias al cambio impulsado por Washington, «la gente está feliz, bailando en las calles». Trump repitió esa idea el 26 de junio, apenas dos días después del terremoto, durante un discurso ante la Coalición por la Fé y la Libertad en el hotel Hilton de Washington, donde combinó la referencia a la devastación del seísmo con una defensa de la nueva relación con Caracas.
El desastre pone además bajo presión el modelo económico que Washington ha impuesto tras la caída de Maduro. La Casa Blanca ha concentrado en un nuevo mecanismo de pagos buena parte de los ingresos de las exportaciones venezolanas de petróleo y minerales, lo que da a EE UU un papel directo en la gestión de recursos que ahora serán decisivos para la reconstrucción. Pero el mantenimiento de las sanciones, salvo licencias específicas, sigue dificultando transferencias bancarias, importaciones y movimientos de capital.
Empresarios y responsables financieros venezolanos llevan semanas denunciando que bancos extranjeros bloquean o retrasan operaciones por temor a incumplir las restricciones estadounidenses, incluso cuando se trata de transacciones permitidas. La emergencia puede obligar a Washington a ampliar las excepciones si quiere que la ayuda llegue con rapidez y no quede atrapada en la enorme burocracia financiera.
El presidente ha repetido que Venezuela ha empezado a generar más ingresos que nunca gracias a la reapertura de sus exportaciones y a la nueva relación con EE UU Sin embargo, la economía venía mostrando señales mucho más débiles de las prometidas: el crecimiento del primer trimestre fue el menor desde 2021 mientras la recuperación no se ha traducido en una mejora visible para una población que continúa soportando grave inflación, salarios míseros, servicios deteriorados y escasez de la vivienda. La destrucción de infraestructuras, hospitales, carreteras y edificios residenciales amenaza ahora con agrandar esa brecha.
La crisis plantea igualmente un problema para la política migratoria de la Administración Trump. El Departamento de Seguridad Nacional había defendido en los últimos meses que Venezuela reunía condiciones suficientes de estabilidad para reanudar devoluciones de migrantes. El terremoto obliga a revisar ese punto porque miles de personas han perdido sus viviendas, los servicios públicos de las zonas más afectadas están bajo una presión extrema y la capacidad de acogida del país se ha reducido todavía más. La Casa Blanca no ha aclarado si la catástrofe modificará sus planes de deportación ni si concederá protecciones temporales a venezolanos que ya se encuentran en EE.U.
El respaldo de Washington a Delcy Rodríguez contrasta con la cautela y, en la práctica, el rechazo con que la Casa Blanca ha recibido los intentos de María Corina Machado de regresar a Venezuela para participar en la respuesta a la catástrofe. La dirigente opositora vio frustrados dos planes de entrada, primero a través de Curazao y después desde Panamá, después de que se le advirtiera de que no contaría con respaldo oficial estadounidense ante el riesgo de ser detenida o retenida por los servicios de seguridad chavistas. Mientras la Administración Trump estrecha su coordinación con la estructura interina que encabeza Delcy, Machado permanece fuera del país, pese a que sus redes de voluntarios se han movilizado para asistir a los perjudicado.
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