La periodista Khadija Amin y la escritora Mahsa Mohebali dan voz al exilio y al sometimiento de las mujeres en Afganistán e Irán, en el congreso Women Now
Regala esta noticia Añádenos en Google Khadija Amin y Mahsa Mohebali en Women Now, este jueves, en Madrid. (Álex Rivera)Madrid
18/06/2026 Actualizado a las 19:27h.Dos realidades tan distintas y tan parecidas a la vez se viven en Afganistán e Irán, ambos países cuyos destinos coinciden en demoler los derechos ... de las mujeres, con la religión como coartada. Para hablar de sus destinos unidos en el exilio, la periodista afgana Khadija Amin y la escritora iraní Mahsa Mohebali charlaron en una de las sesiones de la tarde del congreso Women Now, organizado por MujerHoy y Vocento. «Desde que regresaron, los talibanes han quitado todos los derechos de las mujeres. No pueden hablar en público, salir a las calles en Kabul ni respirar. Son millones las que están encarceladas porque están en una enorme prisión sin derechos», afirma Amin, que preside la Asociación de Mujeres Afganas Esperanza de Libertad. «Pero las afganas siguen luchando en la clandestinidad».
Ambas intelectuales perciben con preocupación que la situación de las mujeres en sus países, aunque se denuncia desde los organismos internacionales de derechos humanos, está dejando de interesar al resto del mundo por la irrupción de nuevos conflictos. «En la realidad, ¿qué se está haciendo? Nada. Ya no preocupa lo que le sucede a 20 millones de mujeres», reclama Amin, que señala cuán contradictoria es la invitación del Parlamento Europeo a los talibanes. «Se les mandan ayuda humanitaria, vale, pero se les podría poner condiciones y presionar para que dejen estudiar a las niñas».
Este proceso de impedir la educación a las mujeres se vivió también en Irán. «Antes de la revolución se permitía a las mujeres ir a la universidad, pero después se prohibió durante dos años, y luego la volvieron a abrir, pero con velo», recuerda Mohebali. «Con el islam controlaban el ambiente universitario, e hicieron que las mujeres se sintieran incómodas, dándole privilegios a los hombres. Cuanta más educación recibe una mujer, mejor evita que la controlen, porque le permite trabajar, ser independiente, tomar sus propias decisiones, decidir sobre sus hijos. Entonces, todo esto empieza por la educación».
Dos culturas
La experiencia del exilio ha sido distinta para ambas mujeres, aunque se parecen en la tristeza, nostalgia y culpa que sienten. «Pude rehacer mi vida, pero me sentía muy culpable por haber dejado a millones de mujeres, mi vida, mis hijos. Tuve que dejar todo para sobrevivir y no tuve elección», sostiene Amin. «Es muy difícil empezar de cero, aprender el idioma, sin conocer a nadie, y comenzar a vivir entre dos culturas totalmente diferentes. Pero ahora desde nuestra asociación estamos ayudando a las mujeres y a las niñas en Afganistán. Ellas no pueden hacer nada, pero nosotras sí podemos alzar nuestra voz por ellas, y ayudarlas».
En cambio, Mohebali tiene aún poco tiempo para poder sentirse cómoda y no logra aún acostumbrarse, aunque empieza a entender cuál es su rol en el destierro. «Tu cuerpo está aquí, pero tu alma se queda en tu país. Sueñas con tu casa, es duro, pero no tengo otra opción. No puedo volver, pero puedo ser la voz de mi pueblo y de las mujeres desde aquí».
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