Dejar la obesidad atrás es bastante complicado. A menudo nos intentan vender que es solo una cuestión de disciplina, pero la pérdida de peso es algo complejísimo, entre otros motivos porque la propia ganancia del mismo puede tener orígenes muy variados. Además, una vez que se pierde ese ansiado peso, mantenerlo no requiere solo disciplina. En el último año, la ciencia ha demostrado en varias ocasiones que nuestro cuerpo recuerda la obesidad, haciendo muy complicado que nos desprendamos de sus efectos. Y por si eso no fuese suficiente, ahora parece ser que ese recuerdo también nos dificultaría mantener un peso saludable.
Cabe destacar que el estudio en el que se ha observado esta cuestión se ha realizado en ratones, por lo que aún no podemos estar seguros de que sea extrapolable a humanos. Aun así, teniendo en cuenta investigaciones anteriores, vale mucho la pena prestarle atención.
La grasa recuerda. En el estudio más reciente, realizado por científicos japoneses, se ha centrado la atención en unas células llamadas macrófagos del tejido adiposo (ATM por sus siglas en inglés). Básicamente, son células inmunitarias que se presentan en el tejido graso y se encargan de funciones como controlar los niveles de grasa, regular la inflamación, combatir infecciones y eliminar células muertas y dañadas. Al analizar estas células en ratones a los que se indujo la pérdida de peso, se vio que la obesidad generó cambios en dichas células que no se revirtieron después de perder peso. Estos estaban relacionados mayormente con el empalme (splicing) de ARNm, un proceso que está directamente vinculado con la traducción del contenido de los genes y la síntesis de proteínas.
En Xataka
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Efecto en cadena. Los científicos vieron que los ratones que tuvieron problemas para mantener el peso saludable después de la obesidad tenían niveles bajos de una proteína llamada CWC22. Esta está implicada precisamente en ese proceso de empalme del ARNm. Pero eso no es todo. Más de la mitad de los genes en las células ATM permanecieron alterados incluso después de que los ratones empezaran a perder peso. Por otro lado, el empalme defectuoso afecta directamente a la expresión de un gen llamado Scarb1, que se encarga de gestionar la eliminación de residuos en las células del tejido graso. Esto provoca que los residuos se acumulen, provocando a su vez que se reduzcan los niveles de iosina, una molécula que se encarga de estimular la lipólisis. Dicho de otro modo, hay un efecto dominó que finalmente desencadena problemas para quemar grasa.
Más recuerdos de la obesidad. No solo los ATM recuerdan la obesidad. Según otro estudio, publicado en abril de 2026, la obesidad puede afectar a la metilación de unas células muy importantes del sistema inmunitario: los linfocitos T. La metilación es un proceso en el que se colocan sobre el ADN ciertas etiquetas moleculares que rigen cómo se expresan los genes. Es decir, cuándo se encienden y se apagan. El ADN no se modifica, pero sí se altera la forma en la que se lee su información. Cuando esto ocurre en los linfocitos T, pueden darse procesos inflamatorios muy excesivos, contribuyendo al avance de enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
En aquel estudio se vio que los cambios en la metilación pueden mantenerse hasta 10 años después de perder peso. Por eso, a veces, los problemas de salud asociados a la obesidad persisten aunque los pacientes adelgacen. Esto sí que se vio en humanos, por lo que es un punto de partida muy importante para investigar cómo afecta la obesidad a nuestro organismo.
La obesidad somete a mucho estrés a las células del tejido adiposo
Lo que aprendemos. Si el estudio japonés que se acaba de publicar se extrapola finalmente a humanos, estaríamos ante un hallazgo importante, ya que tendríamos una nueva diana ante la que actuar para mejorar la pérdida de peso tras la obesidad. Habría que buscar tratamientos que se dirigiesen al empalme del ARNm. Es pronto para pensar en eso, pues hay que escalar de ratones a humanos. Sea como sea, parece que nuestro cuerpo, de un modo u otro, recuerda la obesidad. Eso es algo que, si todo va bien, debería poder solucioanrse poco a poco con ciencia. Solo con disciplina no es suficiente. Ya es hora de abandonar los discursos que reducen a eso todo lo que tenga que ver con la pérdida de peso.
Imágenes | Freepik | Liang et al., Front. Immunol., 2022
En Xataka | Pensábamos que apagar el hambre con Ozempic era el remedio definitivo contra la obesidad. Hasta que nos fijamos en el músculo
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La noticia
Tu cuerpo no olvida que fuiste obeso: la ciencia empieza a entender por qué cuesta tanto no volver a engordar
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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Tu cuerpo no olvida que fuiste obeso: la ciencia empieza a entender por qué cuesta tanto no volver a engordar
Se han realizado varios estudios al respecto, aunque hay que tener cuidado al analizar los que se han hecho solo en ratones
Dejar la obesidad atrás es bastante complicado. A menudo nos intentan vender que es solo una cuestión de disciplina, pero la pérdida de peso es algo complejísimo, entre otros motivos porque la propia ganancia del mismo puede tener orígenes muy variados. Además, una vez que se pierde ese ansiado peso, mantenerlo no requiere solo disciplina. En el último año, la ciencia ha demostrado en varias ocasiones que nuestro cuerpo recuerda la obesidad, haciendo muy complicado que nos desprendamos de sus efectos. Y por si eso no fuese suficiente, ahora parece ser que ese recuerdo también nos dificultaría mantener un peso saludable.
Cabe destacar que el estudio en el que se ha observado esta cuestión se ha realizado en ratones, por lo que aún no podemos estar seguros de que sea extrapolable a humanos. Aun así, teniendo en cuenta investigaciones anteriores, vale mucho la pena prestarle atención.
La grasa recuerda. En el estudio más reciente, realizado por científicos japoneses, se ha centrado la atención en unas células llamadas macrófagos del tejido adiposo (ATM por sus siglas en inglés). Básicamente, son células inmunitarias que se presentan en el tejido graso y se encargan de funciones como controlar los niveles de grasa, regular la inflamación, combatir infecciones y eliminar células muertas y dañadas. Al analizar estas células en ratones a los que se indujo la pérdida de peso, se vio que la obesidad generó cambios en dichas células que no se revirtieron después de perder peso. Estos estaban relacionados mayormente con el empalme (splicing) de ARNm, un proceso que está directamente vinculado con la traducción del contenido de los genes y la síntesis de proteínas.
Efecto en cadena. Los científicos vieron que los ratones que tuvieron problemas para mantener el peso saludable después de la obesidad tenían niveles bajos de una proteína llamada CWC22. Esta está implicada precisamente en ese proceso de empalme del ARNm. Pero eso no es todo. Más de la mitad de los genes en las células ATM permanecieron alterados incluso después de que los ratones empezaran a perder peso. Por otro lado, el empalme defectuoso afecta directamente a la expresión de un gen llamado Scarb1, que se encarga de gestionar la eliminación de residuos en las células del tejido graso. Esto provoca que los residuos se acumulen, provocando a su vez que se reduzcan los niveles de iosina, una molécula que se encarga de estimular la lipólisis. Dicho de otro modo, hay un efecto dominó que finalmente desencadena problemas para quemar grasa.
Más recuerdos de la obesidad. No solo los ATM recuerdan la obesidad. Según otro estudio, publicado en abril de 2026, la obesidad puede afectar a la metilación de unas células muy importantes del sistema inmunitario: los linfocitos T. La metilación es un proceso en el que se colocan sobre el ADN ciertas etiquetas moleculares que rigen cómo se expresan los genes. Es decir, cuándo se encienden y se apagan. El ADN no se modifica, pero sí se altera la forma en la que se lee su información. Cuando esto ocurre en los linfocitos T, pueden darse procesos inflamatorios muy excesivos, contribuyendo al avance de enfermedades relacionadas con la obesidad, como la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
En aquel estudio se vio que los cambios en la metilación pueden mantenerse hasta 10 años después de perder peso. Por eso, a veces, los problemas de salud asociados a la obesidad persisten aunque los pacientes adelgacen. Esto sí que se vio en humanos, por lo que es un punto de partida muy importante para investigar cómo afecta la obesidad a nuestro organismo.
La obesidad somete a mucho estrés a las células del tejido adiposo
Lo que aprendemos. Si el estudio japonés que se acaba de publicar se extrapola finalmente a humanos, estaríamos ante un hallazgo importante, ya que tendríamos una nueva diana ante la que actuar para mejorar la pérdida de peso tras la obesidad. Habría que buscar tratamientos que se dirigiesen al empalme del ARNm. Es pronto para pensar en eso, pues hay que escalar de ratones a humanos. Sea como sea, parece que nuestro cuerpo, de un modo u otro, recuerda la obesidad. Eso es algo que, si todo va bien, debería poder solucioanrse poco a poco con ciencia. Solo con disciplina no es suficiente. Ya es hora de abandonar los discursos que reducen a eso todo lo que tenga que ver con la pérdida de peso.
Imágenes | Freepik | Liang et al., Front. Immunol., 2022