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Turquía esquiva implicarse en la guerra entre saudíes y hutíes mientras Erdogan trabaja para ganar influencia en el mar Rojo

Turquía esquiva implicarse en la guerra entre saudíes y hutíes mientras Erdogan trabaja para ganar influencia en el mar Rojo
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Aunque el Pacto de la Meca les vincula a una defensa común, prefieren apoyar a Arabia Saudí con ventas de armamento e infraestructura. Riad no logró sumar aliados para una confrontación directa en el Consejo de Cooperación del Golfo celebrado en la ONU. Más información: Conmoción en el Islam por el ataque contra la Meca: Turquía y Pakistán se ofrecen a Riad para defenderla de los hutíes

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en las reuniones durante la Asamblea General de la ONU. REUTERS/Toby Melville

Oriente Próximo Turquía esquiva implicarse en la guerra entre saudíes y hutíes mientras Erdogan trabaja para ganar influencia en el mar Rojo

Aunque el Pacto de la Meca les vincula a una defensa común, prefieren apoyar a Arabia Saudí con ventas de armamento e infraestructura.

Riad no logró sumar aliados para una confrontación directa en el Consejo de Cooperación del Golfo celebrado en la ONU.

Más información:Conmoción en el Islam por el ataque contra la Meca: Turquía y Pakistán se ofrecen a Riad para defenderla de los hutíes

Estambul Publicada 26 septiembre 2026 05:00h Las claves Síguenos Las claves Generado con IA

Donald Trump llegó cuando los demás dirigentes ya estaban sentados. Saludó al primer ministro iraquí Ali al-Zaidi, al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan -a quien llamó "mi amigo"-, al rey Abdalá II de Jordania, al emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani, al nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, y al primer ministro egipcio, Mostafa Madbouly.

En el encuadre de la foto, Trump quedó parapetado entre Qatar y Jordania, dos gobiernos clave para, respectivamente, la mediación con Irán y la seguridad regional árabe.

Arabia Saudí, el país directamente golpeado por los ataques hutíes, aparecía lejos de ese centro visual, en el extremo izquierdo de la mesa, representada por su ministro de Exteriores, Faisal bin Farhan.

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La distancia con Erdoğan, que se mostraba serio, también pesaba en la escena: Trump no le ha dado juego al líder turco en su empeño por brillar como mediador en la crisis iraní.

Por su parte, el nuevo presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, antiguo yihadista y hoy aliado de Ankara, pasó buena parte del discurso de su padrino turco en la Asamblea mirando Instagram en su móvil.

El sirio está negociando directamente con Israel en medio de una escalada reciente entre Tel Aviv y Ankara y mantiene conversaciones con Irán.

The President of Syria, Ahmed al-Sharaa, was on INSTAGRAM during Turkey’s United Nations Speech pic.twitter.com/dVISQOwZYe

— Ryan Rozbiani (@RyanRozbiani) September 22, 2026

También quedaban fuera del encuadre central Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Omán y, a ratos, Líbano y Kuwait.

Así fue la escenificación de la Reunión Multilateral con el Consejo de Cooperación del Golfo, celebrada el martes 22, al margen de la 81ª Asamblea General de la ONU en Nueva York.

La cita había sido anunciada como una reunión de Trump con el Consejo de Cooperación del Golfo (GCC), pero terminó convertida en una mesa árabe e islámica ampliada, con Turquía, Egipto, Jordania, Irak, Siria y Líbano junto a las monarquías del Golfo.

Cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo en la Asamblea de Naciones Unidas. REUTERS/Kylie Cooper

El cambio de formato llegaba en pleno deterioro del frente yemení: los hutíes, aliados de Irán, habían intensificado sus ataques contra Arabia Saudí y avanzado sobre fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente y respaldado por Riad.

Ankara ya se movía antes de la última ofensiva hutí para entrar en una iniciativa marítima liderada por Riad y destinada a proteger la navegación en elmar Rojo, Bab el-Mandeb y el golfo de Adén.

Erdoğan busca ganar peso en la seguridad del mar Rojo sin convertir a Turquía en combatiente en Yemen. Aspira a participar en la estructura que decidirá cómo se protege una de las rutas más sensibles del comercio global.

Turquía no quiere entrar en guerra

Los analistas turcos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en el núcleo: el Pacto de la Meca puede traducirse en defensa, planificación, interoperabilidad, inteligencia y construcción de capacidades saudíes, pero no coloca a Turquía al mando de una campaña contra los hutíes.

Barın Kayaoğlu, profesor en la Universidad de Ciencias Sociales de Ankara (ASBÜ), analista y consultor independiente, considera que la reunión de Nueva York no cambia la postura turca. “Nada indica que la posición de Ankara haya cambiado”, afirma.

"No veo cómo Turquía podría implicarse directamente en el conflicto si no hay ataques contra barcos de propiedad turca, operados por turcos o con tripulación turca".

Incluso ese umbral tiene una dificultad práctica: buena parte de la flota mercante internacional vinculada a Turquía navega bajo banderas de conveniencia, no bajo registro turco.

El ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan Al-Saud, relegado en la reunión del Consejo de Cooperación del Golfo. REUTERS/Kylie Cooper

Desde el terreno militar, Ömer Özkizilcik, investigador del Atlantic Council, llega a una conclusión parecida. Turquía puede ayudar a Arabia Saudí en inteligencia militar, transferencia de conocimiento, guerra antidrones, apoyo logístico y experiencia acumulada en Siria frente a actores armados no estatales.

También puede compartir experiencia con fuerzas locales, tribus y socios armados. Pero su límite es claro: "Turquía estará ahí para ayudar a defender Arabia Saudí, pero no espero que se implique directamente contra los hutíes en Yemen".

Kayaoğlu añade una razón política: que Turquía llevase la iniciativa en una operación que Arabia Saudí debería definir y dirigir enviaría un mensaje equivocado a la región.

Riad, según su lectura, debe decidir antes cuál es su juego político a largo plazo en Yemen: cómo fortalecer al Gobierno yemení reconocido, cómo responder a los hutíes y cómo hacerles ver que una escalada sostenida tiene costes. Solo después Ankara, Riad e Islamabad podrían concretar qué medios usan para alcanzar esos objetivos.

Özkizilcik sitúa el pacto en una escala más amplia. "El Pacto de la Meca supone un cambio en la seguridad regional", sostiene. A su juicio, el acuerdo puede atraer a otros países, pero acaba de nacer: necesita instituciones, procedimientos, ratificación parlamentaria y mecanismos de mando.

Por eso rechaza que la ofensiva hutí haya demostrado su inutilidad. Cree lo contrario: Arabia Saudí ha comprobado que no puede depender sólo del paraguas estadounidense.

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Kayaoğlu subraya los límites políticos y operativos del pacto: Turquía no quiere dirigir una guerra saudí, no quiere abrir otro frente con Irán y no ve a Trump con ganas de ampliar sus problemas en Ormuz a Bab el-Mandeb.

Özkizilcik resalta más el valor estructural del pacto: es una herramienta de medio plazo para dar más propiedad regional a la seguridad del Golfo. Esa propiedad tardará en madurar. Turquía, Arabia Saudí y Pakistán son potencias medias, y por lo tanto nace con límites.

En el tramo público de la reunión, Trump habló sobre Irán, Ormuz, energía y seguridad regional. Dijo que Steve Witkoff y Jared Kushner habían mantenido una reunión "muy productiva" con mediadores iraníes y que había "mucho impulso" hacia un acuerdo.

El pool de la Casa Blanca recogió otra frase relevante: "Creemos que la situación en Irán puede terminar después de las elecciones de medio mandato", en noviembre. Yemen apareció como presión estratégica, no como una emergencia militar inmediata.

El secretario de Estado Marco Rubio, el del Tesoro Scott Bessent y el enviado especial Steve Witkoff durante el Consejo de Cooperación del Golfo REUTERS/Kylie Cooper

El lenguaje saudí fue deliberadamente defensivo. El comunicado conjunto del eje suní de Arabia Saudí, Turquía y Pakistán junto con Egipto, actor directo en el Mar Rojo y en Suez, condenó los ataques hutíes, afirmó el "derecho inherente" de Riad "a defenderse, defender su territorio y a su pueblo conforme al derecho internacional".

También reclamó preservar "la libertad y la seguridad de la navegación marítima" y el suministro energético, y apoyó al Gobierno yemení reconocido para llegar a una solución política inclusiva.

Riad buscaba así convertir los ataques hutíes en un problema de seguridad regional, pero sin anunciar una nueva campaña terrestre o aérea en Yemen con Turquía o Pakistán.

Pakistán mantiene una ambigüedad calculada. Su ministro de Defensa, Khawaja Asif, ha dicho que Islamabad apoyará a Arabia Saudí "en la práctica y diplomáticamente" si la situación empeora, y que actuará "cuando llegue el momento".

También ha defendido que el Pacto de la Meca es un acuerdo defensivo, no una plataforma ofensiva para intervenir en Yemen. Esa fórmula permite a Pakistán sostener la alianza con Riad, proteger el vínculo simbólico con La Meca y evitar una ruptura abierta con Irán.

Irán observa el pacto desde otra posición. Teherán sabe que Turquía y Pakistán no quieren convertirse en beligerantes en Yemen. También sabe que los hutíes, aunque aliados cercanos, conservan agenda propia.

Turquía entre dos adversarios: Irán e Israel

El exfuncionario del Departamento de Estado de EEUU Richard Outzen sitúa el Pacto de la Meca dentro de la lectura turca de la guerra regional. En un análisis reciente en Hoover Institution, sostiene que la guerra de 2026 contra Irán reforzaron cinco ideas en Ankara:

1) la alianza con Estados Unidos sigue siendo necesaria, pero insuficiente; 2) Israel e Irán desestabilizan la región y dañan intereses turcos; 3) Turquía necesita mantener un poder militar comparable al de ambos; 4) Netanyahu tiene interés político en alimentar el choque con Ankara; 5) y la cooperación de Erdoğan con potencias suníes -Arabia Saudí, Pakistán, y potencialmente Qatar y Egipto, permite responder a esas presiones.

Según Outzen, el Pacto de la Meca busca cubrir huecos dejados por la inacción estadounidense, elevar el coste de ataques israelíes o iraníes contra sus miembros y reducir la vulnerabilidad de Arabia Saudí, Turquía y Pakistán ante presiones externas.

Israel atacó la base siria de Abu al-Duhur en agosto tras alegar que Turquía preparaba un despliegue militar con radares, drones o sistemas antiaéreos cerca de su zona de operaciones. Ankara y Damasco negaron que hubiera una base turca.

Trump habla tras los representantes de Líbano, Irak y Turquía. REUTERS/Kylie Cooper

Outzen interpreta la contención turca tras esos bombardeos como una señal de que Ankara evita una escalada directa con Netanyahu, mientras refuerza su capacidad de veto regional en Siria, el Golfo y el Mar Rojo.

Kayaoğlu insiste en ese matiz: los hutíes no son una creación iraní comparable a Hezbolá en Líbano o Kataib Hezbolá en Irak. Ya atacaron el tráfico del mar Rojo por Gaza antes de que escalara la guerra directa entre Irán e Israel. Incluso un acuerdo entre Trump e Irán podría no bastar para obligarlos a parar.

Estados Unidos tampoco quiere enzarzarse en una guerra nueva. Trump no prometió apoyo militar directo al presidente yemení Rashad al-Alimi y ha rechazado peticiones saudíes de apoyo contra los hutíes.

La Casa Blanca prefiere empujar una salida con Irán, escoltar petróleo, proteger rutas y mantener la presión económica. Un despliegue ofensivo contra los hutíes metería a Trump en Bab el-Mandeb justo cuando intenta presentar el frente iraní como una crisis negociable.

La respuesta turca encaja en ese cálculo: Ankara, también miembro de la OTAN, no se repliega del Pacto de la Meca. Kayaoğlu cree que la ratificación seguirá adelante, quizá con retrasos menores, porque el coste político de parecer que Turquía o Pakistán se doblan bajo presión sería demasiado alto.

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La ratificación no implica una intervención militar. Para Turquía, el pacto gana valor si le permite aumentar peso en el Golfo, vender capacidades de defensa, coordinar inteligencia y limitar el monopolio estadounidense de la seguridad saudí.

Por el momento, Qatar, Emiratos, Kuwait, Baréin u Omán no se han pronunciado públicamente ante una ayuda turca o pakistaní a la defensa saudí.

La cautela reina entre el grupo de productores de petróleo: los comunicados del Golfo hablan de desescalada, seguridad marítima, diálogo y estabilidad regional, no de una intervención militar externa en Yemen. Una cautela que comparte Ankara.

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