Fue en plena Guerra Fría cuando los ingenieros occidentales que lograron examinar equipos soviéticos capturados se sorprendieron al encontrar circuitos sorprendentemente simples y acabados poco refinados, pero eso sí, diseñados para seguir funcionando incluso en condiciones extremas donde sistemas más avanzados habrían fallado. Aquel escenario a medio camino entre simplicidad y eficacia dejó una lección que décadas después vuelve a cobrar sentido.
Abrir un misil y entender la guerra. El análisis de restos de misiles norcoreanos utilizados en Ucrania ha ofrecido (una vez más) una imagen tan inesperada como reveladora sobre la evolución de la guerra moderna, al mostrar que sistemas aparentemente sofisticados esconden una realidad mucho más híbrida.
Tal y como han informado desde el gobierno de Kiev, ingenieros y científicos ucranianos han desmontado y estudiado estos proyectiles tras su uso en combate, encontrando una combinación sorprendente de elementos que no encajan con la idea clásica de armamento avanzado. Ese contraste, entre lo que parece y lo que realmente es, se ha convertido en una pista clave para entender cómo están cambiando los equilibrios militares actuales.
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Tecnología de otra era en plena globalización. Para ser más exactos, los misiles analizados, principalmente el KN-23 y el KN-24, revelan un patrón muy claro: están construidos con métodos de fabricación que recuerdan a hace medio siglo como poco, con soldaduras rudimentarias, materiales básicos y soluciones técnicas simples como el uso de grafito para soportar el calor.
Sin embargo, en su interior aparece un elemento completamente distinto, con electrónica comercial procedente de múltiples países, integrada en sus sistemas de control para suplir la falta de tecnología propia. El resultado es un arma que mezcla lo antiguo y lo moderno de una forma tan inesperada como funcional.
Más grandes, menos eficientes. Según ha explicado el ministerio de Ucrania, las limitaciones técnicas son evidentes, ya que estos misiles utilizan combustibles menos eficientes y necesitan motores significativamente más grandes para alcanzar distancias comparables a sistemas más avanzados.
Esta falta de sofisticación también se traduce en problemas de fiabilidad, con fallos en vuelo y explosiones prematuras detectadas en múltiples ocasiones. Aun así, todas estas carencias no los convierten en irrelevantes, sino en una muestra de cómo la ingeniería menos refinada puede seguir siendo útil si cumple su objetivo básico en el campo de batalla.
El verdadero problema. Sea como fuere y a pesar de su baja calidad aparente, estos misiles siguen representando un peligro más que significativo, ya que su naturaleza balística los hace difíciles de interceptar y obliga a emplear sistemas avanzados de defensa aérea como el Patriot.
A su vez, esto genera una paradoja estratégica en la que armas relativamente simples fuerzan el uso de recursos mucho más costosos para neutralizarlas, replicando el mismo desequilibrio económico que ya se observa en la guerra de drones. En otras palabras, no hace falta que sean perfectos para ser eficaces.
Adaptación sobre el terreno. Además, contaban en Kiev que el uso de estos sistemas también está ligado a una evolución táctica sobre el terreno que hemos ido contando, una donde fuerzas norcoreanas desplegadas junto a Rusia han ido ajustando su forma de combatir tras sufrir pérdidas significativas.
De esta forma, han pasado de ataques masivos a operaciones más pequeñas y flexibles, apoyadas por drones y mejor coordinadas con la artillería, en un proceso de aprendizaje directo del campo de batalla. Si se quiere también, esta adaptación refuerza la idea de que la guerra actual no solo transforma la tecnología, obvio, sino también la manera en que se está empleando.
En Xataka
Una idea inquietante ha comenzado a tomar fuerza en Europa: Ucrania ha convertido a Rusia en una fuerza aérea temible
La nueva norma. En definitiva, el último unboxing de misiles ilustra un cambio más profundo donde la guerra ya no depende únicamente de la tecnología más avanzada, sino de la capacidad de combinar recursos disponibles de forma eficaz. La mezcla de métodos de fabricación antiguos con electrónica global accesible demuestra que la innovación no siempre implica sofisticación, sino adaptación inteligente.
En ese contexto, lo que Ucrania ha encontrado dentro de estos misiles norcoreanos no es solo una curiosidad técnica, sino una señal clara de hacia dónde se dirige la guerra moderna y sus recursos, una donde conviven sistemas imperfectos, pero suficientes y capaces de generar efectos estratégicos reales.
Imagen | Ukranian M., Lightrocket
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La noticia
Ucrania ha capturado un misil norcoreano de Rusia y lo ha abierto: lo sorprendente no son sus piezas, sino cómo funcionan
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Ucrania ha capturado un misil norcoreano de Rusia y lo ha abierto: lo sorprendente no son sus piezas, sino cómo funcionan
La guerra ya no depende únicamente de la tecnología más avanzada, sino de la capacidad de combinar recursos disponibles de forma eficaz
Fue en plena Guerra Fría cuando los ingenieros occidentales que lograron examinar equipos soviéticos capturados se sorprendieron al encontrar circuitos sorprendentemente simples y acabados poco refinados, pero eso sí, diseñados para seguir funcionando incluso en condiciones extremas donde sistemas más avanzados habrían fallado. Aquel escenario a medio camino entre simplicidad y eficacia dejó una lección que décadas después vuelve a cobrar sentido.
Abrir un misil y entender la guerra. El análisis de restos de misiles norcoreanos utilizados en Ucrania ha ofrecido (una vez más) una imagen tan inesperada como reveladora sobre la evolución de la guerra moderna, al mostrar que sistemas aparentemente sofisticados esconden una realidad mucho más híbrida.
Tal y como han informado desde el gobierno de Kiev, ingenieros y científicos ucranianos han desmontado y estudiado estos proyectiles tras su uso en combate, encontrando una combinación sorprendente de elementos que no encajan con la idea clásica de armamento avanzado. Ese contraste, entre lo que parece y lo que realmente es, se ha convertido en una pista clave para entender cómo están cambiando los equilibrios militares actuales.
Tecnología de otra era en plena globalización. Para ser más exactos, los misiles analizados, principalmente el KN-23 y el KN-24, revelan un patrón muy claro: están construidos con métodos de fabricación que recuerdan a hace medio siglo como poco, con soldaduras rudimentarias, materiales básicos y soluciones técnicas simples como el uso de grafito para soportar el calor.
Sin embargo, en su interior aparece un elemento completamente distinto, con electrónica comercial procedente de múltiples países, integrada en sus sistemas de control para suplir la falta de tecnología propia. El resultado es un arma que mezcla lo antiguo y lo moderno de una forma tan inesperada como funcional.
Más grandes, menos eficientes. Según ha explicado el ministerio de Ucrania, las limitaciones técnicas son evidentes, ya que estos misiles utilizan combustibles menos eficientes y necesitan motores significativamente más grandes para alcanzar distancias comparables a sistemas más avanzados.
Esta falta de sofisticación también se traduce en problemas de fiabilidad, con fallos en vuelo y explosiones prematuras detectadas en múltiples ocasiones. Aun así, todas estas carencias no los convierten en irrelevantes, sino en una muestra de cómo la ingeniería menos refinada puede seguir siendo útil si cumple su objetivo básico en el campo de batalla.
El verdadero problema. Sea como fuere y a pesar de su baja calidad aparente, estos misiles siguen representando un peligro más que significativo, ya que su naturaleza balística los hace difíciles de interceptar y obliga a emplear sistemas avanzados de defensa aérea como el Patriot.
A su vez, esto genera una paradoja estratégica en la que armas relativamente simples fuerzan el uso de recursos mucho más costosos para neutralizarlas, replicando el mismo desequilibrio económico que ya se observa en la guerra de drones. En otras palabras, no hace falta que sean perfectos para ser eficaces.
Adaptación sobre el terreno. Además, contaban en Kiev que el uso de estos sistemas también está ligado a una evolución táctica sobre el terreno que hemos ido contando, una donde fuerzas norcoreanas desplegadas junto a Rusia han ido ajustando su forma de combatir tras sufrir pérdidas significativas.
De esta forma, han pasado de ataques masivos a operaciones más pequeñas y flexibles, apoyadas por drones y mejor coordinadas con la artillería, en un proceso de aprendizaje directo del campo de batalla. Si se quiere también, esta adaptación refuerza la idea de que la guerra actual no solo transforma la tecnología, obvio, sino también la manera en que se está empleando.
La nueva norma. En definitiva, el último unboxing de misiles ilustra un cambio más profundo donde la guerra ya no depende únicamente de la tecnología más avanzada, sino de la capacidad de combinar recursos disponibles de forma eficaz. La mezcla de métodos de fabricación antiguos con electrónica global accesible demuestra que la innovación no siempre implica sofisticación, sino adaptación inteligente.
En ese contexto, lo que Ucrania ha encontrado dentro de estos misiles norcoreanos no es solo una curiosidad técnica, sino una señal clara de hacia dónde se dirige la guerra moderna y sus recursos, una donde conviven sistemas imperfectos, pero suficientes y capaces de generar efectos estratégicos reales.