El vasco perdió en aquella caída sus opciones de discutir el amarillo y nunca volvió a ser el mismo; el estadounidense evitó el accidente cruzando un campo sin recibir sanción
- NACHO LABARGA
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La caída de Joseba Beloki en el Tour de Francia de 2003 quedó para la historia. Una escena que todavía duele al ciclismo español y que quedó unida para siempre a la imagen de Lance Armstrong abandonando la carretera y atravesando un campo para evitar al corredor vasco.
Ocurrió el 14 de julio, durante la novena etapa, una jornada de 184,5 kilómetros entre Bourg-d’Oisans y Gap. Beloki llegaba al Tour en el mejor momento de su trayectoria. Había subido al podio de París durante tres ediciones consecutivas y ya no era solamente un aspirante habitual a ocupar los puestos de honor. Aquel año se sentía preparado para discutirle de verdad el maillot amarillo a Armstrong.
El corredor del ONCE-Eroski ocupaba la segunda posición de la clasificación general, a sólo 40 segundos del estadounidense. Por delante, Alexandre Vinokourov había atacado y se dirigía hacia la victoria de etapa. Beloki y Armstrong se lanzaron en su persecución durante el descenso posterior al Col de Manse, camino de Gap.
El calor había castigado el asfalto durante toda la jornada. En las proximidades de la Côte de La Rochette, la superficie de la carretera estaba reblandecida y comenzaba a derretirse. Beloki tomó una curva de izquierdas por delante del maillot amarillo, pero su rueda perdió adherencia. La bicicleta se cruzó, el neumático se salió de la llanta y el vasco salió despedido violentamente.
El golpe fue terrible. Beloki cayó sobre la cadera, el hombro y la cabeza y quedó tendido en mitad de la carretera, gritando de dolor. Sufrió fracturas en el fémur, el codo y la muñeca derecha. Su Tour había terminado y, aunque entonces nadie podía saberlo, también acababa de comenzar el declive de un corredor que nunca recuperaría el nivel mostrado hasta aquel día.
Armstrong circulaba inmediatamente detrás. Sin espacio para frenar ni posibilidad de esquivar a Beloki por el asfalto, actuó por instinto. Se salió de la carretera, descendió campo a través entre tierra y hierba seca y volvió hacia el recorrido por una pequeña pendiente.
La escena parecía propia de una carrera de ciclocross. El estadounidense tuvo que bajarse de la bicicleta, saltar un pequeño terraplén y volver a montar para reincorporarse a la persecución. La maniobra no recibió ninguna sanción al entenderse que había abandonado el recorrido para evitar el accidente y que no había obtenido una ventaja deportiva significativa.
Armstrong consiguió regresar al grupo perseguidor, aunque ya no pudo alcanzar a Vinokourov. El kazajo resistió en cabeza y se llevó la victoria en Gap. Sin embargo, el triunfo quedó en segundo plano ante una de las secuencias más impactantes que ha ofrecido el Tour.
La imagen más repetida fue la del líder cruzando el campo y salvando la caída. Pero el verdadero drama estaba unos metros más arriba, sobre el asfalto. Beloki se había dejado allí sus posibilidades de podio y quizá la mejor oportunidad de su vida para conquistar el Tour.
Armstrong terminó aquella edición vestido de amarillo, aunque años después perdería ese triunfo y el resto de sus victorias en la carrera como consecuencia de su sanción por dopaje. Beloki inició una recuperación larga y difícil. Regresó al pelotón, pero jamás volvió a ser aquel ciclista que había encadenado tres podios en París y que descendía hacia Gap convencido de que podía desafiar al gran dominador de su época.
Más de dos décadas después, aquella curva continúa formando parte de la memoria sentimental del Tour. Vinokourov ganó la etapa, Armstrong conservó el liderato atravesando un campo y Beloki perdió mucho más que una carrera. En unos segundos, sobre una carretera derretida por el calor, cambió para siempre la historia de tres corredores.