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Internacional

Un alambre muy frágil

Un alambre muy frágil
Artículo Completo 415 palabras
La rotonda Un alambre muy frágil

Pedro Luis Gómez

Sábado, 10 de enero 2026, 01:00

... defectos, sostenía ciertos equilibrios, parece hoy erosionado desde dentro. No asistimos a un colapso espectacular, sino a algo más inquietante: una descomposición lenta, casi burocrática, alimentada por populismos, lobbies opacos y una peligrosa banalización del poder. El miedo al futuro ya no procede únicamente de amenazas clásicas -guerras, crisis económicas o tensiones geopolíticas- sino de un terreno más resbaladizo: el de la información convertida en arma, el de las redes sociales como campo de batalla emocional y el de las nuevas tecnologías utilizadas no para ampliar libertades, sino para manipular conciencias. Nunca fue tan fácil influir en millones de personas; nunca fue tan difícil discernir la verdad del ruido.

A esta tormenta perfecta se suma otro elemento inquietante: la ausencia de grandes estadistas. Europa, cuna de pensamiento político y de proyectos colectivos ambiciosos, parece hoy gobernada por una preocupante mediocridad. Líderes sin visión, sin coraje, sin altura histórica. Gestores del corto plazo, prisioneros de encuestas y titulares, incapaces de articular un relato sólido para un mundo que exige decisiones complejas y, sobre todo, valentía.

La mediocridad se ha normalizado. Y con ella, el conformismo. Gobiernos que administran la decadencia en lugar de combatirla; parlamentos convertidos en trincheras de ruido; ciudadanos cansados, desorientados, más vulnerables a la manipulación emocional que nunca.

La fragilidad del orden internacional no es solo un problema externo. Es, sobre todo, un síntoma interno. De sociedades que han olvidado que la democracia no se defiende sola. Que el progreso no es irreversible. Que el 'buenismo' es un gravísimo error en cualquier planteamiento. Y que, cuando el miedo sustituye al pensamiento crítico, el futuro deja de ser incierto para convertirse, sencillamente, en peligroso, y es que el mayor riesgo de nuestro tiempo no es el caos, sino acostumbrarnos a él.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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