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El paso de buques por el estrecho de Ormuz sigue en el aire por los peajes impuestos por Irán.
La intermediación de Pakistán posibilitó un acuerdo in extremis para decretar el alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, pero la interpretación del mismo hecha por las partes deja demasiadas incógnitas abiertas. Si bien los mercados acogieron la distensión con la subida más pronunciada de las Bolsas en el último año y el petróleo experimentó su mayor bajada diaria desde 2020, hasta el entorno de los 95 dólares, lo cierto es que la nueva tregua no despeja la mayor parte de las incertidumbres relativas al futuro de una región clave para la economía mundial.
La principal es el control del estrecho de Ormuz, que antes del conflicto era de paso libre para toda clase de barcos mercantes y que en adelante Teherán quiere usar como fuente de ingresos para resarcirse por los daños infligidos por los ataques de los ejércitos estadounidense e israelí. Para empezar, durante los quince días que duren las negociaciones en Islamabad, la capital paquistaní, cobrará en criptomonedas un peaje a los petroleros y barcos gasistas que traten de atravesarlo. Y el régimen de los ayatolás busca consolidar esa capacidad de regular, junto a su vecino Omán, el tránsito marítimo como instrumento de presión geopolítica sobre los países árabes del Golfo Pérsico y frente a futuros intentos de agresión externa.
De lograrlo en las negociaciones de paz con Estados Unidos, la guerra desatada por Trump en Oriente Próximo habrá servido paradójicamente para reforzar el poder regional de Irán en detrimento de los aliados tradicionales en la zona de Washington, que deberán asumir el sobrecoste a su energía de los peajes iraníes. Otra de las incógnitas es el compromiso de Israel con la pacificación de la zona. El Gobierno de Netanyahu pretende mantener sus ataques en el sur del Líbano para terminar con el grupo terrorista Hezbolá, financiado por los ayatolás, y asegurarse lo que consideran una zona de seguridad alrededor de sus fronteras, como ya hizo con Siria y Gaza, pero los portavoces de Teherán amenazaron en la tarde de ayer con abandonar las conversaciones de paz que deben comenzar el viernes en caso de que Israel continúe atacando territorio libanés.
Tampoco hay garantías de que ambas partes respeten el cese de hostilidades mientras dure el proceso negociador y las dos difieren en si el programa nuclear iraní será objeto de debate. Aun así, los agentes económicos apuestan porque el alto el fuego sirva para poner fin al conflicto y sortear la recesión.
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