- JAVIER AYUSO
- Pacto climático sí; también sobre política exterior, vivienda...
- Zapatero, acorralado, arrastra al Gobierno y al propio Sánchez
A pesar de las noticias que marcaban la actualidad política, Sánchez dedicó más de 45 minutos a glosar los logros obtenidos por el Gobierno de coalición progresista en los últimos años.
El presidente del Gobierno mantuvo en su habitual balance del curso político la línea triunfalista de los ejercicios anteriores. Pedro Sánchez compareció el martes ante los periodistas en el Palacio de La Moncloa para explicar los logros económicos obtenidos durante toda la legislatura. Pero este año, el interés de la opinión pública no estaba centrado en el magnífico aumento del PIB, en la caída del paro por debajo del 10% de la población activa o en el récord de 22,8 millones de personas que trabajan en España. Datos brillantes, sin duda, pero que fueron eclipsados por la situación de los incendios y por la corrupción rampante que afectan al PSOE y a la familia de su líder.
A pesar de las noticias que marcaban la actualidad política, Sánchez dedicó más de 45 minutos a glosar los logros obtenidos por el Gobierno de coalición progresista en los últimos años. Pidió disculpas con la boca pequeña por su larguísima presentación, pero se le veía encantado de haberse conocido. Sin embargo, en su balance se olvidó hablar del problema de la vivienda, de la desigualdad creciente en España, de su gravísima debilidad parlamentaria y, sobre todo, de la situación judicial que le tiene acorralado.
Fue en el turno de preguntas (sólo aceptó cinco) cuando salieron a relucir los asuntos de interés. Ahí se le mudó la cara y se volvió a ver al presidente nervioso, agresivo y regateador ante las cuestiones más complicadas. Hay que destacar su insistencia en llegar a un gran pacto de Estado frente a la emergencia climática, aunque dijo con desdén que no está entre sus planes citar al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, a una reunión. Bordeó la cuestión acusando al PP y a Vox de "negacionistas climáticos". ¿Cómo se puede plantear un acuerdo nacional sin contar con el partido con más diputados en el Congreso?
Tampoco quiso precisar cuándo presentará el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2027. Después de tres años de incumplir con el mandato constitucional y tener que prorrogar sistemáticamente los de 2023, aprobados en la anterior legislatura, el líder socialista se limitó a afirmar que los presentará y que intentará aprobarlos. Pero la fecha del envío a las Cortes de las cuentas públicas no es una cuestión baladí. La Constitución fija la fecha del 1 de octubre y si esta vez el Ejecutivo cumple el plazo es más que probable que sean rechazados antes de acabar el año.
Ahí está la clave de esa decisión. Una vez que el Gobierno fracase en su intento de contar con unos nuevos presupuestos para el próximo año, la legislatura debería darse por concluida. El propio presidente dejó caer hace unas semanas que si no lo consigue se plantearía adelantar las elecciones generales. Por lo tanto, si se cumplen los plazos, los comicios podrían celebrarse en el primer trimestre de 2027.
Pero a Sánchez le gusta jugar con los tiempos y crear un poco de misterio sobre sus decisiones futuras. Tal vez por eso, lanzó una amenaza al público: "Todavía me queda un año", afirmó haciendo referencia a que la legislatura puede durar hasta julio de 2023. La verdad es que, a estas alturas, muy pocos piensan que el líder socialista pueda seguir aguantando en La Moncloa con la imposibilidad de sacar adelante las leyes con las que querría recuperar la agenda política y social.
Lo que sí quedó claro el martes es que el presidente está ya en clave electoral. Dejó caer, no se sabe si intencionadamente o no, lo que podría ser el eslogan del PSOE para los próximos comicios. "El Gobierno de la gente", repitió en varias ocasiones, complementándolo con "el Gobierno de la mayoría social del país". Esos pueden ser los ejes de una campaña, que se iniciará con los Presupuestos del Estado más expansivos y sociales de la historia, pero que no tienen opción alguna de salir adelante.
Sobre el problema de la vivienda, uno de los grandes retos para España, tan solo hizo una mención de pasada en el turno de preguntas, afirmando que "queda muchísimo por hacer". Lo dijo como si acabara de llegar a La Moncloa, cuando lleva casi ocho años gobernando y la situación va a peor. Añadió que la Ley de Vivienda en las comunidades autónomas donde se aplican los límites de precios, País Vasco y Cataluña, está limitando los precios del alquiler. Una verdad a medias, porque los topes han generado una enorme reducción de la oferta, con lo que el problema sigue creciendo.
Cuando llegó el momento de responder sobre la corrupción, Sánchez cambió de cara y no quiso mencionar los casos de los que fueron sus dos hombres de máxima confianza, José Luis Ábalos y Santos Cerdán. Sí defendió con energía la inocencia de su esposa y de su hermano (dijo que sufren "una causa política") y con menos énfasis al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Prefirió asegurar que el rescate a la aerolínea venezolana Plus Ultra había sido impecable, después de decir que "yo no soy el portavoz de Zapatero", aunque insistió en su presunción de inocencia.
En definitiva, una nueva puesta en escena perfectamente diseñada por La Moncloa para destacar los buenos resultados macroeconómicos y obviar muchos de los problemas reales del país. Y, por supuesto, una tanda de ataques a la oposición, a la que sigue despreciando. Por cierto, ¿cuántos años lleva el presidente sin someterse a un debate sobre el Estado de la Nación que se celebraba todos los cursos políticos? Sánchez hablaba en serio cuando decía que gobernaría al margen del Parlamento.
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