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Un catedrático forense subraya que el corazón de Felipe registró “100 latidos por minuto” al ser apaleado por su hijo en Molina

Un catedrático forense subraya que el corazón de Felipe registró “100 latidos por minuto” al ser apaleado por su hijo en Molina
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Eduardo Muñoz Simó, abogado de la familia del fallecido, pide que Felipe junior y su hermana, Rosario, se sometan a un "Tribunal del Jurado", pero Pablo Martínez, su letrado defensor, reclama el archivo para ella y lesiones para él. Más información: Los hijos de Felipe, investigados por su muerte, piden "archivar" el caso por "no acreditarse" la relación de la paliza y su infarto

El difunto Felipe, dueño de Tejidos Hernández, en Molina de Segura. Cedida

Reportajes Un catedrático forense subraya que el corazón de Felipe registró “100 latidos por minuto” al ser apaleado por su hijo en Molina

Eduardo Muñoz Simó, abogado de la familia del fallecido, pide que Felipe junior y su hermana, Rosario, se sometan a un "Tribunal del Jurado", pero Pablo Martínez, su letrado defensor, reclama el archivo para ella y lesiones para él.

Más información: Los hijos de Felipe, investigados por su muerte, piden "archivar" el caso por "no acreditarse" la relación de la paliza y su infarto

Publicada 1 mayo 2026 07:47h Actualizada 1 mayo 2026 08:22h

La familia del difunto Felipe Hernández ha sacado la ‘artillería’ forense para sentar en el banquillo de los acusados a los investigados por la muerte del gerente de Tejidos Hernández: su primogénito, Felipe junior, por la paliza que le dio a su padre antes de sufrir un infarto, y su hermana, Rosario, médico de profesión que no prestó auxilio a su propio padre.

EL ESPAÑOL ha accedido a un informe forense encargado por los hermanos del fallecido a uno de los expertos más relevantes del país en la materia: Aurelio Luna, doctor en Medicina y Cirugía y catedrático emérito de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Murcia.

El objetivo de este documento es contrarrestar los dos informes del Instituto Anatómico Forense de Murcia que dan argumentos a la defensa de los dos hijos del fallecido, para que su abogado, Pablo Martínez, evite llegar a juicio o reduzca la calificación de los hechos, de homicidio a lesiones, incluso que logre una sentencia absolutoria.

Todo ello, a la vista de que el último documento del Instituto Anatómico Forense recoge que la etiología de la muerte del afamado comerciante fue "natural", a pesar de que era paciente crónico del corazón y recibió 8 puñetazos a manos de su hijo, dentro de su tienda en Molina de Segura, el sábado 19 de julio de 2025, justo antes de sufrir un infarto mortal.

“La patología cardiaca severa que padecía era de suficiente entidad, como para haber ocurrido el fallecimiento en cualquier momento de su vida cotidiana”, tal y como recoge el segundo informe forense.

El vídeo de la paliza en la que Felipe murió a golpes a manos de su hijo: él "temía" a sus cuatro vástagos y a su exmujer

El estudio forense del doctor Luna, aportado ya a los juzgados de Molina de Segura, arranca con toda una declaración de intenciones para rebatir a los funcionarios de medicina legal: “Tengo el honor de emitir el presente informe, sobre la posible influencia de la agresión sufrida por Don Felipe Hernández Medina en su fallecimiento”.

“Nos encontramos con un varón de 65 años fallecido, según recoge el informe de autopsia, a consecuencia de una arritmia ventricular, es un paciente con hipertensión arterial y dislipemia y una cardiopatía isquémica crónica [...]”.

Aquel sábado, los hijos del comerciante eran conocedores del cuadro clínico de base que tenía el hombre que los crió y al que fueron a buscar con malas pulgas, como reflejan las cámaras de seguridad de Tejidos Hernández. Todo ello, movidos por el conflicto abierto que mantenían por unas plazas de garaje incluidas en una sociedad familiar: Jopichusa.

De forma que el maltrecho corazón de Felipe pudo registrar hasta “100 latidos por minuto” durante la tunda de golpes que recibió. “El problema a resolver se suscita en el papel causal de la agresión previa sufrida por el fallecido en el proceso de la muerte”, tal y como expone este catedrático emérito de Medicina Legal y Forense, cuyo criterio se ha tenido en cuenta en otros procesos judiciales.

“Nos encontramos con un varón, de 65 años, que sufre una agresión con lesiones físicas que no tienen entidad para provocar un daño grave directo, pero que suponen de forma objetiva un factor capaz de originar en un paciente con patologías cardiacas graves (situación de vulnerabilidad previa), una situación de estrés emocional que provoque una taquicardia ventricular”.

Felipe y su hermana, Rosario, el día que murió su padre tras la agresión que sufrió en su tienda de Molina de Segura.

El doctor Aurelio Luna realiza tales afirmaciones, después de analizar minuciosamente la autopsia del pobre Felipe y todo su historial clínico que refleja datos de interés, como que le habían puesto un marcapasos.

“Los diagnósticos recogidos en el informe de la autopsia, definen una situación de mayor susceptibilidad a sufrir una desestabilización del ritmo cardiaco”, según recoge el documento forense. “En el caso que nos ocupa, el paciente llevaba un marcapasos por un bloqueo auriculoventricular completo que evidencia los problemas previos del ritmo cardíaco”.

Este informe, aportado como prueba por la acusación particular que ejerce el letrado Eduardo Muñoz Simó, apoya sus valoraciones en 16 criterios internacionales suscritos por eminencias como Sir Bradfor Hill.

“Resulta evidenciable en los hallazgos de la autopsia, la existencia de signos de una agresión física, capaz de generar una respuesta de estrés. En la autopsia se describe: una contusión nasal, erosión, eritema en mejilla izquierda [...]”.

Tal paliza le generó una “oleada” de adrenalina a Felipe que “actúa sobre un corazón mecánicamente obstruido y eléctricamente inestable”. “Tenemos una persona, con una vulnerabilidad cardiaca previa, que sufre una agresión física con capacidad de generar una respuesta de estrés con la liberación de catecolaminas”, según insiste el informe.

El doctor y catedrático emérito Aurelio Luna establece que de toda la documentación que ha analizado de la causa judicial, se concluye que aquel sábado 19 de julio de 2025, hubo “una secuencia temporal”. Primero la paliza, “una causa externa capaz de producir el evento”, y ese "evento" fue el fallo cardíaco posterior que le costó la vida a este comerciante.

“A la vista de toda la información analizada se puede establecer un nexo causal entre la agresión sufrida por Don Felipe Hernández Medina, el 19 de julio de 2025, y el fallecimiento del mismo, a consecuencia de una taquicardia ventricular en el contexto de una situación de patología cardíaca previa. Es cuanto tengo que manifestar en descargo de la misión que me ha sido encomendada”.

Eduardo Muñoz Simó, abogado de los hermanos de Felipe, reflexiona que el fallecido estaba a punto de jubilarse y "era una persona con una patología cardíaca extremadamente grave, conocida por los agresores. En ese contexto, someterla al estrés intenso de una agresión no es un hecho neutro, sino una conducta que causa un riesgo muy elevado para la vida".

Eduardo Muñoz Simó, abogado del despacho Simó Abogados Penalistas, se encarga de la defensa de los tres investigados.

- ¿Considera que los dos informes del Instituto Anatómico Forense merman su acusación particular?

- Eduardo Muñoz Simó: La ampliación del informe forense confirma que la situación de estrés generada por la agresión pudo desencadenar la arritmia que provocó el fallecimiento de Felipe.

Hay que recordar que desde el punto de vista jurídico, no es necesario que la agresión sea la causa única de la muerte, basta con que se genere conscientemente un riesgo grave que se materializa, y eso es, precisamente, lo que se analiza en este procedimiento.

No opina lo mismo Pablo Martínez, abogado de los investigados, y que ha pedido por segunda vez que el caso no se juzgue como un homicidio, tras conocer el contenido del informe ampliatorio del Instituto de Medicina Legal (IML) que reitera que el deceso del comerciante fue natural -no violento-.

Martínez pide el "sobreseimiento de las actuaciones" sobre Rosario H. R., de 29 años, y que su hermano, Felipe H. R., de 35 años, sea procesado por "un delito leve de lesiones", "con expresa exclusión de cualquier calificación relativa a delitos contra la vida". Para ello expone su petición de forma tajante:

"Constan en la presente causa, informe preliminar de autopsia, informe definitivo de autopsia y dictamen del IML respondiendo a preguntas de todas las partes. Todos ellos, y en especial el último, son contundentes en afirmar que la muerte es natural y que se podía haber producido en cualquier momento, desligándolo del golpe único propinado por Felipe".

El caso ha derivado en una batalla de informes forenses que obliga al juez a posicionarse en dos cuestiones clave, antes de seguir con la instrucción: ¿Hubo homicidio o lesiones? ¿Hay que juzgar a los dos hermanos o solo al autor de los puñetazos?

Felipe junior, tras ser detenido, mostrando sus nudillos ensangrentados por la paliza que le propinó a su padre.

La familia del difunto Felipe, una leyenda en el comercio local, no ha querido esperar a la respuesta del juzgado a la solicitud de archivo y ha pasado al ataque. De hecho, su abogado, Eduardo Muñoz Simó, ha solicitado formalmente que se someta a los dos hermanos al veredicto de un jurado popular.

"Basta con que la naturaleza homicida del hecho sea racionalmente posible, y no descartable, para que proceda la transformación procedimental correspondiente, especialmente, cuando el delito de homicidio se encuentra entre los atribuidos al Tribunal del Jurado".

El peso del vídeo

El penalista justifica su petición porque el vídeo de las cámaras de Tejidos Hernández no deja lugar a las dudas de la conducta intimidatoria y violenta que desarrollaron Felipe y Rosa, sobre el sexagenario, aquel sábado de infausto recuerdo para los vecinos de Molina de Segura:

“Las grabaciones de las cámaras de seguridad del establecimiento, unidas al resto de diligencias de prueba, permiten apreciar indiciariamente que los investigados: accedieron conjuntamente y de forma alterada al local donde se encontraba su padre y se dirigieron directamente al despacho donde se encontraba”.

“Iniciaron de forma inmediata una agresión física consistente en ocho puñetazos, sin posibilidad de defenderse y actuando la investigada en una actitud de vigilancia. Todo ello en un espacio cerrado y sin discusión previa relevante”.

"Además, consta por declaraciones de los testigos, que el propio fallecido les advirtió reiteradamente de dicho riesgo, llegando a manifestar expresamente que podía morir o sufrir un infarto, si persistían en su conducta, advertencias que fueron respondidas con expresiones reveladoras de conciencia del riesgo y desprecio por el mismo”.

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