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Un centenar de embalses superan el 90% y los pantanos andaluces disparan sus reservas

Un centenar de embalses superan el 90% y los pantanos andaluces disparan sus reservas
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«Ahora que tenemos agua asegurada para uno o dos años, debemos planificar la próxima sequía, que la habrá», dice el experto Jorge Olcina

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Desembalse de la presa de La Serena, en Badajoz, el mayor embalse de España que está por encima del 92% y ayer empezó a soltar agua al Zújar. Efe Un centenar de embalses superan el 90% y los pantanos andaluces disparan sus reservas

«Ahora que tenemos agua asegurada para uno o dos años, debemos planificar la próxima sequía, que la habrá», dice el experto Jorge Olcina

José Antonio Guerrero

Madrid

Lunes, 9 de febrero 2026, 16:59 | Actualizado 17:23h.

... de 3.000 millones de euros solo en el campo. Pero en la otra cara de la moneda, esas lluvias han elevado la reserva hídrica nacional, disparándola en los embalses de las cuencas hidrográficas del sur y el este peninsular, las más golpeadas cuando hay sequías severas.

De hecho las principales cuencas andaluzas han experimentado esta última semana subidas nunca vistas en este espacio temporal. La del Guadalquivir ha pasado del 60% al 75%, quince puntos de subida (un récord histórico en una semana) y sus embalses se han recargado con una aportación de 1.500 hectómetros cubicos (hoy acumulan 6.000 hm3) gracias al agua de las borrascas Leonardo (2 de febrero) y Marta (5 de febrero).

También los embalses de la Cuenca Mediterránea Andaluza y los del Guadalete-Barbate han elevado como nunca sus reservas: 14 puntos los primeros y 17 los segundos, que se concentran en la provincia de Cádiz. Allí los registros de lluvia han dejado solo en lo que llevamos del mes de febrero 1.293 litros por metro cuadrado en Grazalema, lo que llueve en Santander en todo un año, según datos facilitados por la Agencia Estatal de Meteorlogía (Aemet). En la localidad gaditana, cuya población tuvo que ser evacuada al completo el pasado jueves por riesgo de corrimiento de tierras, se han acumulado en lo que va de año casi 2.500 litros, el doble de lo que llueve en Bilbao a lo largo de un año.

También la cuenca del Guadiana ha registrado aumentos espectaculares en esta última semana, pasando del 71% al 84%, trece puntos más que han obligado este lunes a abrir las compuertas del mayor embalse de España, la presa extremeña de La Serena, que almacena 2.980 hm3 y se encuentra al 92,5% de su capacidad. No lo hacía desde 2014. El de Alcántara, el segundo mayor del país y también en Extremadura, se encuentra al 92% y lleva aliviando agua desde mitad de la semana pasada.

Planificar el futuro del agua

Para Jorge Olcina (Alicante, 1966), catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y experto en agua y ordenación del territorio, este periodo de abundancia hídrica en España debe entenderse como una oportunidad estratégica para planificar el futuro y no como una excusa para la complacencia. Según explica, en apenas seis semanas desde comienzos de año se ha almacenado más agua de la que España consume anualmente para uso doméstico: alrededor de 6.000 hectómetros cúbicos frente a los 4.000 que se gastan cada año en abastecimiento urbano.

Olcina sostiene que el estado de los embalses a nivel nacional, por encima del 70%, garantiza agua suficiente para el consumo humano y agrícola durante al menos uno o dos años, con la excepción de cuencas como la del Júcar y el Segura, algo más lastradas. A su juicio, disponer de este horizonte temporal es una «excelente noticia», pero insiste en que no se debe caer en la ingenuidad: los periodos secos volverán y podrían ser más intensos debido al cambio climático.

El experto recuerda que España ya ha vivido situaciones similares, como la gran sequía de principios de los años 90 a la que siguió en 1995 un periodo de lluvias abundantes. Entonces, dice, «volvimos a dormirnos en los laureles sin abordar una planificación a largo plazo«. Por ello, defiende que ahora, en un contexto de tranquilidad hídrica, es el momento idóneo para elaborar un gran esquema nacional del agua con la vista puesta en 2050.

Esta hoja de ruta debería ser impulsada por el Gobierno y el Ministerio para la Transición Ecológica, sentando en una misma mesa a técnicos de las confederaciones hidrográficas, científicos, comunidades autónomas y responsables políticos. El documento resultante tendría que ser técnico y científico, con un alto grado de consenso político (al menos entre los dos grandes partidos) para garantizar su continuidad en el tiempo.

Reutilización, desalación y trasvases

Entre sus contenidos clave estaría el cálculo de las demandas actuales y futuras de agua y un análisis de la evolución del recurso, teniendo en cuenta la tendencia a lluvias más irregulares y decrecientes. Olcina establece un orden de prioridades claro: en primer lugar, apostar decididamente por la reutilización del agua depurada, con el objetivo de reutilizar hasta el 90% sobre todo en las grandes urbes.

En segundo término, la posibilidad de poner en marcha nuevas plantas desaladoras, especialmente en zonas costeras y archipiélagos. Y por último, los trasvases deberían limitarse al mantenimiento de los existentes y a posibles conexiones dentro de una misma cuenca, evitando grandes obras que generen conflictos territoriales.

Respecto a las infraestructuras, Olcina considera prioritaria la revisión de la seguridad de las presas y la recuperación de capacidad en embalses muy colmatados por sedimentos, especialmente en cuencas mediterráneas. «Con el paso del tiempo, algunas de estas presas se han llenado de sedimentos que hacen que la capacidad real de los embalses ya no sea la teórica de cuando se construyó», detalla. Y solo de manera puntual, el climatólogo justificaría otras obras, como levantar la pared de una presa algunos metros más para aumentar su capacidad.

El catedrático, que participó en el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para la elaboración del Quinto Informe de Evaluación, vincula toda esta planificación a una política «firme» de adaptación al cambio climático, que, a su juicio, pasa por la creación de un fondo estable de inversión, que podría alcanzar en torno al 1% del PIB anual.

Además, Olcina valora positivamente la gestión reciente de los temporales, destacando la mejora en la información a la población y el uso de sistemas de alerta. Para él, el principal aprendizaje es claro: el cambio climático ha llegado para quedarse y España debe asumir esta nueva realidad con planificación, inversión y visión de largo plazo, aprovechando los periodos de abundancia para prepararse para las inevitables sequías futuras. «Siempre decimos que en España aprendemos a golpe de catástrofe y algo hemos aprendido», apostilla.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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