La Tribuna
Un cohete llamado SpaceX: hasta el infinito y más alláLa lectura del folleto informativo nos depara un surtido de manifestaciones que nos catapultan a mundos ultravernianos y nos hacen cavilar
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJosé M. Domínguez Martínez
Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Málaga
07/06/2026 a las 02:00h.Comienzo a leer el folleto de la Oferta Pública de Venta (OPV) de SpaceX, aderezado en sus primeras páginas con llamativos datos e impactantes imágenes ... espaciales. Por unos momentos, me veo trasladado a los lejanos tiempos de la infancia cuando, gracias a la prodigiosa factoría Julio Verne, emprendíamos un emocionante viaje de la Tierra a la Luna. El folleto informativo es un documento preceptivo para la realización de una oferta pública de venta o de suscripción de valores. Debe contener toda la información necesaria para que los inversores puedan hacerse una idea completa de las características de la entidad emisora, poniendo énfasis en todos los riesgos que pueden presentarse. La exposición de tales riesgos suele hacerse de manera tan exhaustiva y palmaria que, si uno los lee detenidamente, se ve impelido a no invertir ni un solo euro o dólar en la emisión planteada, sea cual sea.
Ahora bien, si hacemos abstracción de la identidad del personaje aludido, que se reserva las riendas del poder corporativo, la lectura del folleto informativo nos depara un surtido de manifestaciones que nos catapultan a mundos ultravernianos y nos hacen cavilar. De entrada, se declara que la misión de SpaceX es «desarrollar los sistemas y las tecnologías necesarios para hacer de la vida un fenómeno multiplanetario, comprender la verdadera naturaleza del universo ...».
Consideran que el confinamiento de la civilización humana en un solo planeta la expone a amenazas existenciales impredecibles e incontrolables
Para ello, se dice haber creado «el motor de innovación más ambicioso y verticalmente integrado de la Tierra (y fuera de ella), con capacidades sin igual para fabricar y lanzar rápidamente sistemas de comunicaciones espaciales que conecten el mundo, para aprovechar la energía solar con el fin de alimentar una inteligencia artificial en busca de la verdad que impulse los descubrimientos científicos y, en última instancia, para construir una base en la Luna y ciudades en otros planetas». Consideran que el confinamiento de la civilización humana en un solo planeta la expone a amenazas existenciales que son impredecibles e incontrolables a escala planetaria. La apertura al espacio habilitaría una edad de abundancia y de prosperidad.
Apenas sin aliento, leemos luego que «SpaceX es la única empresa que está construyendo la infraestructura integrada de hardware y software del futuro en los ámbitos del espacio, la conectividad y la inteligencia artificial». En esencia, diseñan, fabrican, lanzan y operan «productos y servicios basados en tecnologías de vanguardia, incluidos los cohetes y las naves espaciales más avanzados del mundo», lo que ilustran con datos abrumadores, como los referentes a la conectividad que, a través de casi 10.000 satélites, proporcionan a 164 países.
Señalan que la Inteligencia Artificial (IA) tiene el potencial de acelerar no solo la exploración espacial, sino también avances sociales transformadores en la Tierra, pero está supeditada a que se satisfagan unas demandas de recursos que crecen exponencialmente. En la Tierra, la expansión masiva de la capacidad de los centros de datos para cubrir la creciente demanda informática desborda la de generación de electricidad. Ante esta situación, ven en el Sol la única solución para superar las limitaciones energéticas terrestres en la era de la IA. Más allá de ese salto mental descomunal que nos deja impactados, creen que el espacio representa la mayor frontera económica de la historia de la humanidad, e identifican un mercado potencial total estimado en 28,5 billones de dólares, casi una cuarta parte del PIB terráqueo global. Pese a las reticencias financieras apuntadas y las grandes incertidumbres acerca de las proyecciones, a menudo acompañadas de feroces críticas extraeconómicas, no falta quien considera que se trata de «un proyecto cuyo tiempo ha llegado», ni quien está dispuesto a invertir por el simple efecto «miedo a perderse algo» ('fomo', por sus siglas en inglés).
«... y llevar la luz de la conciencia hasta las estrellas», es la gran ambición del proyecto de Musk. Como señalaba recientemente un editorial del diario Financial Times, «el destino de los mercados -si no el de la propia humanidad- depende de que sus misiones resulten posibles o imposibles». Quizás cabría recordar que «con todos los recursos del arte, de la ciencia y de la industria se puede hacer lo que se quiera». Esto no lo dice Elon Musk; lo recogía Julio Verne para cerrar su novela.
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