Ampliar
Crónica Negra Un crimen permanente en la memoriaSe cumplen cinco años del asesinato de la donostiarra Aintzane Pujana, por el que un varón fue condenado a la única prisión permanente revisable dictada en Gipuzkoa y una mujer, a no más de 20 años en un centro psiquiátrico
San Sebastián
Sábado, 17 de enero 2026, 09:13
CompartirVarias malas decisiones a lo largo de sus 32 años llevaron a Aintzane Pujana a entablar relación con un chico y una chica veinteañeros con quienes decidió convivir unas semanas durante la Navidad de la pandemia. Se alojaron en un agroturismo de Aizarnazabal, una tranquila y coqueta localidad a media hora en coche de San Sebastián, donde la pareja obligaba a esta donostiarra a prostituirse. Pero la que debía entenderse como una de sus mejores decisiones vitales, su negativa a acudir a un encuentro sexual con un cliente, le acabó costando la vida a esta mujer en uno de los crímenes más crueles de los últimos años en Gipuzkoa. Sucedió la madrugada del 1 al 2 de enero de 2021, cuando entre sus dos compañeros de vivienda la maniataron, agredieron y finalmente asesinaron a cuchilladas.
Tras un juicio celebrado en 2024 ante un tribunal del jurado en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, el varón Erotz S. G., que tenía 24 años, fue castigado por asesinato e inducción a la prostitución con la única prisión permanente revisable dictada hasta la fecha en el territorio guipuzcoano. La sentencia fue recurrida por su abogada, pero fue ratificada tanto por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco como, esta misma semana, por el Tribunal Supremo. La otra imputada, Karmele U. T., de 23 años, fue sentenciada a 10 años de prisión tras pasar no más de 20 años en un centro psiquiátrico.
Aintzane convivió con los acusados en un alojamiento rural, y discutieron cuando ella se negó a prostituirse, lo que precipitó su asesinato. FELIX MORQUECHO, R.C.Los padres de Aintzane, muy mayores, nunca dejaron de lado a su hija. Sin embargo, la mujer fue víctima de una vida complicada, con altibajos psicológicos y un difuso círculo de amistades. Así, a primeros de diciembre de 2020 le comunicó a su novio que se iba a trasladar con unos amigos a un agroturismo de Aizarnazabal, a las afueras de este pequeño municipio de Urola Kosta, según declaró el mismo varón durante la vista oral.
Las dos mujeres se habían conocido tiempo atrás en un piso de Donostia donde habrían ejercido la prostitución. Los imputados, naturales de Errenteria, solían grabar vídeos pornográficos que subían a una plataforma online para obtener un dinero. Además, retenían y explotaban sexualmente a Aintzane, a la que gestionaban sus citas, tal como quedó confirmado durante el juicio.
Fue precisamente la llamada de un cliente lo que precipitó el crimen. Aquella tarde del primer día del año 2021 los tres habían estado en Hondarribia, donde al parecer la pareja celebró el cumpleaños de la madre del varón, para regresar sobre las 22.00 horas a Aizarnazabal, según determinó la Ertzaintza a partir del análisis de las ubicaciones de los teléfonos móviles de los implicados. Al rato, un vecino de Azpeitia requirió los servicios de Aintzane, en una llamada atendida por la pareja. La donostiarra se negó, lo que propició una discusión en el agroturismo. Para persuadirla, Erotz le arrebató su perro 'Tyson', por el que ella sentía debilidad, y lo metió en su Volkswagen Passat. Al temer por el animal Aintzane llamó a su novio para que fuera a buscarla, pero el chico, según declaró arrepentido en el juicio, no tenía coche ni dinero para pagar un taxi que le trasladara a esas horas hasta Aizarnazabal.
El caso es que, sobre las 22.03 horas, la víctima acabó subiéndose al coche con la pareja para acudir a un domicilio de Azpeitia. Al llegar a la calle indicada (23.21 horas), volvió a negarse a prostituirse, lo que desató la furia del varón, quien primeramente encerró a las dos chicas sin sus móviles en el vehículo para que trataran de acordar el encuentro sexual. Sin embargo, al no ser posible, el hombre decidió arrancar a las 23.32 horas de vuelta al agroturismo. En el camino se detuvo en una pista forestal, donde sacó a Aintzane al exterior y ordenó a su pareja que la golpeara. Ella obedeció hasta el punto de romperle la nariz a mujer, que también sufrió heridas en los brazos al tratar de defenderse, según determinó la autopsia.
Evitar que los denunciara
Si el trayecto de ida hasta Azpeitia lo hicieron en apenas 18 minutos, el regreso a Aizarnazabal les llevó 50 minutos, una demora que la Ertzaintza concluyó que fue motivada por la parada en la que tuvo lugar la primera agresión. Una vez en el alojamiento continuó el hostigamiento a la donostiarra. Le colocaron unas bridas en una de sus muñecas y el hombre, «para evitar que Aintzane pudiera denunciarles», tal como recogió la sentencia, indicó a su novia que cogiera un cuchillo, que resultó ser uno de «unos 13 centímetros» de filo. La chica asestó varias puñaladas en el cuerpo de la víctima, que «no pudo defenderse».
Esa misma madrugada la pareja improvisó un plan para tratar de eliminar las pruebas que pudieran incriminarles. Así, llamaron al novio de la fallecida para decirle que Aintzane se había ido enfadada de casa y que tenían a su perro 'Tyson'. Luego cargaron el cadáver en el coche y lo abandonaron apenas 500 metros más abajo junto a unos matorrales en el barrio aizarnazabaldarra de Etxabe. A continuación se dirigieron a la carretera que bordea la costa cantábrica y se detuvieron en un aparcamiento de la N-634, entre Getaria y Zumaia, donde arrojaron algunos objetos al mar.
Su plan comenzó a torcerse ahí mismo, cuando una patrulla de la Ertzaintza los interceptó hacia las 4 de la madrugada del 2 de enero y procedió a identificarlos, ya que estaban incumpliendo el toque de queda que estaba entonces en vigor por la pandemia. Los agentes comprobaron que en el maletero de su Volkswagen Passat tenían un perro -que resultó ser el de Aintzane- y ropa de mujer. Días después, un particular encontraría ahí la tarjeta de transporte público (Mugi) de la fallecida y la Policía vasca, una vez emprendió la investigación del caso, halló la funda de un cuchillo con ADN del condenado y de la víctima. Se cree que el arma homicida acabó en el mar.
El siguiente paso de la pareja fue ir a Tolosa. Una vez allí, entraron en un supermercado tratando de ocultar sus rostros cubriéndose con las capuchas de su ropa y compraron varios productos de limpieza, como lejía, amoniaco y toallitas. Presuntamente, los emplearon para limpiar el escenario del crimen y el interior del coche donde habían trasladado a Aintzane.
Para no levantar sospechas, la pareja continuó residiendo en el apartamento rural donde se cometió el crimen. El mismo 2 de enero, su novio denunció la desaparición de Aintzane, cuyo cuerpo fue hallado dos días después por unos operarios del Ayuntamiento de Aizarnazabal, que a su vez alertaron a la alcaldesa. Antes, a las 00.03 horas del 3 de enero, es decir, unas 24 horas después del crimen, la chica condenada envió el siguiente mensaje de audio al teléfono de la fallecida: «Aupa Nahikari (solían emplear nombres falsos en sus comunicaciones), ¿dónde andas, cariño? No sabemos nada de ti, llevamos doce horas o más sin saber nada de ti. El perro al final se lo hemos dado a tu novio P., para que sepas, reina. Espero saber algo de ti, llámame, reina. Queremos saber qué tal estás, dónde estás o qué haces. Un besito». La Ertzaintza considera que el mensaje pretendía ser un elemento «distractor» para dificultar su incriminación.
El cuerpo de Aintzane evidenciaba la naturaleza violenta de su muerte y el Servicio de Investigación Criminal Territorial de la Ertzaintza en Gipuzkoa se hizo cargo de la investigación. Los agentes interrogaron a todos los huéspedes del agroturismo, incluidos los 20 jóvenes que participaron en una fiesta ilegal en Nochevieja. Sin embargo, desde el inicio de las pesquisas se puso el foco en los dos jóvenes que habían convivido con la víctima. La pareja se mostró muy colaboradora y la chica explicó a los agentes que la donostiarra se había ido de casa el 1 de enero y no habían vuelto a tener noticias suyas. Ya entonces, el servicio de Inspecciones Oculares de la Policía vasca detectó restos de sangre de la fallecida tanto en la vivienda como en el coche del sospechoso, a pesar de que ambos lugares habían sido tratados con algún producto de limpieza.
La Ertzaintza, no obstante, siguió su labor para no dejar cabos sueltos y reunir las máximas pruebas posibles: la tarjeta Mugi, la funda del cuchillo, las grabaciones de las cámaras de seguridad del supermercado... También ató que dos meses atrás los sospechosos habían maltratado y explotado sexualmente a otra chica en Errenteria. Así, cuando la pareja volvía a casa el 12 de enero, varias patrullas salieron a su paso. Tras su detención, Karmele reconoció los hechos pero aseguró que actuó guiada por el miedo a una reacción airada de su novio, quien nunca ha admitido su intervención en el crimen que le ha costado la única prisión permanente revisable dictada hasta la fecha en Gipuzkoa.
Reporta un errorLímite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión