Ronald Gómez, disidente de las FARC, fue capturado en 2023. EL ESPAÑOL
Reportajes EXCLUSIVA Un disidente de las FARC narra desde prisión sus amenazas con armas a pueblos de Colombia para votar a Petro en 2022Desde una de las cárceles de máxima seguridad de Colombia, EL ESPAÑOL accedió al relato en exclusiva sobre cómo las disidencias presionaron en las elecciones presidenciales.
'Ronald Gómez' también confesó el asesinato de un niño menor de 13 años, cómo reclutaban menores y también cómo desaparecían sus cuerpos en alguna montaña remota.
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Gustavo Molina Publicada 30 mayo 2026 02:30h Actualizada 30 mayo 2026 02:49hLos ojos de 'Ronald Gómez' (Colombia, 2003) se pierden de vez en cuando. En otras ocasiones mantiene la mirada fija, cuando reconoce que a los 13 años abandonó su hogar para perderse entre la selva del Valle y Cauca, donde asesinó, presionó políticamente y reclutó a otros menores para las disidencias de las FARC.
Su nombre de pila no lo menciona. Lo bautizaron y conocieron como Ronald en las comunidades donde operaba con la estructura Ricardo Velásquez. También, allí, le pusieron 'El Indio' como segundo alias.
Tiene miedo. Además, teme por su vida. Desde 2023 está en una de las cárceles de máxima seguridad de Colombia, junto a otros "camaradas", como les dice. Y desde ahí ha decidido hablar en exclusiva para EL ESPAÑOL.
Lleva puesto un collar indígena, hecho posiblemente en el Cauca, en donde nació. Tiene varias hojas en sus manos, las cuales mira de vez en cuando para que no se le escape ningún detalle de su narración.
"En 2022 presionamos en varios pueblos de Colombia para que el candidato de izquierda quedara presidente. Convocamos asambleas urgentes para los habitantes y les dijimos por quién tenían que votar", reconoce.
Ese tipo de presión se ejerció, principalmente, en corregimientos y veredas del Valle y del Cauca.
"En las elecciones regionales, ya sean de Alcaldía, Gobernación o Presidencia, se hace pedagogía faltando más o menos tres semanas para votar. El compromiso es que quienes vayan a estar en el poder asuman compromisos con las disidencias", confirma 'El Indio'.
Esos compromisos, asegura, consisten en que, por ejemplo, se regule a las Fuerzas Militares dentro de los territorios, dado que representan un peligro para los guerrilleros.
"En las elecciones restringimos el acceso de la Fuerza Pública en los corregimientos de Villacolombia, La Liberia, San Antonio y La Meseta en los puestos de votación. Por lo general, siempre se opera igual durante esa temporada", agrega.
Eso concuerda con lo que, actualmente, está pasando en diversas regiones de Colombia, donde se ha filtrado que hay presuntas presiones en algunos pueblos para que se vote por Iván Cepeda, el heredero de Petro.
Disidente de las FARC explica cómo se presionaron a los pueblos colombianos en las elecciones de 2022.
Reclutamiento
La primera en saber que se iba de casa fue su madre. Ella, en su interior, lo sabía, confiesa 'Ronald'.
Era lo normal. Tampoco era la primera madre a la que la guerrilla le arrebataba a su hijo. En la zona rural de Colombia, en donde el Estado en muchas ocasiones no ha ingresado, los actores armados pululan a la espera del momento indicado para reclutar a un niño o una niña.
A él le ofrecieron lo mismo que a todos: tener poder, empuñar un arma, pelear por unos ideales, una casa a futuro, coches de alta gama y, sobre todo, poder aportar económicamente a su madre, que vivía en Cajibío.
La sociedad colombiana, dividida por la paz con las FarcNo lo pensó. Partió con una ingenuidad que se rompió en unas pocas horas. Al entrar en la densa selva y dejar de lado a su madre, le robaron su infancia y ya no había marcha atrás.
"Lo primero que te dicen es que no puedes volver a casa y que la consecuencia es un consejo de guerra si lo haces", expresa.
Ese mismo día, su primera orden fue prestar guardia como centinela en la selva. No le dieron ningún arma. Sin embargo, le entregaron un fusil hecho con palos.
"De esa manera ellos confirman que tú tienes responsabilidad, que no lo dejas por allí botado porque eso puede ocasionar que te maten", asegura.
En su caso, tardó dos años en empuñar un fusil. Y durante ese tiempo, hasta que pudo tener su arma, lo adoctrinaron.
Había "profesores" que se encargaban de la formación política, en donde le explicaban que las disidencias de las FARC buscaban la toma del poder para el pueblo.
"Nos repetían que el primer objetivo es defender los territorios. Segundo, reclamar nuestros derechos como personas pobres, desprotegidas y desposeídas por el Estado colombiano", explica.
Parra, el famoso cura que pelea por la paz en Colombia: "Hay comunidades secuestradas en su propio territorio"Por ello, llega al último punto: la única manera de cumplir con esos ideales era empuñando un arma con la idea de combatir al enemigo, en este caso, "el Estado colombiano u otros grupos que quieren tener el control del territorio".
También les contaban cómo debían ir a diversas instituciones educativas para lograr que otros menores de edad se unieran a las disidencias.
La primera estrategia era como lo hicieron con él: promesas. Pero si eso no funcionaba, empezaba el rol de las niñas.
A ellas les decían que debían enamorar a los menores de edad y, mediante ese engaño, llevarlos a la selva para que no pudieran regresar.
Allí dentro ya no eran novios. También descubrían la verdadera cara de lo que se pretendía.
"No se permitían relaciones sentimentales por el riesgo de embarazo. Si eso sucedía, se obligaba a que las niñas abortaran", reconoce.
Muerte
Los primeros combates fueron aterradores. Ronald cargaba su fusil y lo disparaba cuando tocaba.
Sus ojos, en este punto, toman un brillo opaco. Su mano izquierda, mientras habla, revolotea en el aire, en búsqueda de una calma que no llega con sus recuerdos.
"Me arrepiento de haber fusilado a un niño de 13 años. Pero son órdenes de arriba y si no las cumplía, me mataban a mí", revela.
Ese cuerpo nunca volvió a casa. No tuvo un funeral. La madre de esa víctima sin nombre, probablemente, sigue esperando a que su hijo regrese a sus brazos.
La realidad de ese reencuentro es distante. Ese cadáver, y el de tantos otros menores de edad, fue enterrado en alguna montaña entre el Valle y el Cauca.
Disidente de las FARC reconoce sus crímenes de guerra y el reclutamiento de menores de edad.
Su redención, cree, está en su confesión. Por eso, en esas hojas de papel que reposan sobre sus piernas, escribió todo lo que vivió. También cuenta lo que puede. En su memoria reposan recuerdos que podrían costarle la vida.
"Lo peor que pudieron haberme hecho fue quitarme la infancia. Me quitaron la oportunidad de crecer al lado de mi familia, de ser un niño educado", dice.
En sus frases hay algo que se marca: lo que pudo ser. Hay una vida que él no vivió, hipotética, en la que se cuestiona qué habría sido de su existencia si no hubiera dejado su hogar a los 13 años, empuñado un fusil, asesinado y visto tanta muerte.
"Me convirtieron en una máquina de matar, en el peor ser humano", sentencia.
Caída
La realidad cayó en 2021. Él recuerda que estaban custodiando a 28 prisioneros, en el río Naya.
Eran prisioneros de guerra, entre campesinos, policías y militares. Ronald los estaba escoltando en la densa selva, que es el límite entre el Cauca y el Valle.
El motivo de su retención fue la creencia de que ellos habían chivado dónde se encontraba alias Mayimbú, uno de los máximos cabecillas de las disidencias, mientras este estaba en la Escuela de Formación Alonso Cortés.
'Mayimbú' se salvó, pero no les perdonó. Por eso, el encargo fue claro: llevarlos a lo profundo de la selva y asesinarlos.
"Ese día se hizo el ajusticiamiento de las 28 personas. Había militares, policías, mujeres e infiltrados. Allí vi las injusticias que se cometen dentro de las disidencias de las FARC", comenta en voz baja.
Su recuerdo es un punto de inflexión. Allí entendió que su militancia era errónea. Se castigaba al mismo pueblo al que ellos, en sus ideales, pretendían proteger.
También se dio cuenta de que lo que realmente los mueve son el narcotráfico y el dinero. Entonces, la pregunta finalmente se materializó en cómo podía lograr salir.
La respuesta también fue inmediata. No hay salida sin muerte o sin prisión. En su caso fue la segunda opción.
"Mis compañeros me traicionaron", comenta.
Su captura se materializó sobre las 8:00 a.m. del 4 de octubre de 2023, en el corregimiento de El Queremal, en Dagua.
Desde entonces lleva tres años en prisión. Él no han encontrado un descanso para lo que cometió. En su confesión busca un perdón que no le aliviará la culpa ni el horror que vieron sus ojos.
"A todas las madres que despidieron a sus hijos cuando se fueron a las disidencias de las FARC, quiero decirles que si desde ese entonces no tienen una señal de vida, un mensaje o lo que sea, su hijo o hija está muerto y fue enterrado en alguna montaña de Colombia", remata.
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