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Un falso amor en San Sebastián le cuesta casi 400.000 euros a un hombre de 82 años

Un falso amor en San Sebastián le cuesta casi 400.000 euros a un hombre de 82 años
Artículo Completo 1,736 palabras
El hombre, viudo tras más de 60 años de matrimonio, conoció a la acusada en Bruselas y acabó atrapado durante casi dos años en una relación fingida
Un falso amor en San Sebastián le cuesta casi 400.000 euros a un hombre de 82 años

El hombre, viudo tras más de 60 años de matrimonio, conoció a la acusada en Bruselas y acabó atrapado durante casi dos años en una relación fingida

Regala esta noticia Añádenos en Google San Sebastián. (D. V.)

Javier Medrano

21/09/2026 a las 08:10h.

Él tenía 82 años cuando conoció a la acusada en un restaurante de Bruselas el 25 de enero de 2022. Hacía tres que se había ... quedado viudo, después de más de seis décadas de matrimonio, y desde entonces la soledad se había convertido en una de sus principales preocupaciones. Ella, por su parte, tenía claras sus intenciones. «Desde ese día, aprovechándose de la vulnerabilidad del señor por razón de su edad y de su situación de soledad, y con el ánimo de obtener un beneficio patrimonial ilícito, le hizo creer que tenía un interés amoroso en él y que iba a ser su pareja sentimental», ha concluido ahora la Audiencia de Gipúzcoa, en una sentencia que relata cómo el engaño se prolongó durante casi dos años y dejó un agujero de 397.205 euros en el patrimonio de un residente en San Sebastián.

Quedaron para comer al día siguiente. Él le contó que estaba pensando en marcharse a España y que había visto una promoción de viviendas que le interesaba. Ella le dijo que podía acompañarle y vivir juntos. Él le advirtió de que «las edades eran incompatibles» pero ella respondió que aquello no tenía importancia. Le contó incluso que había estado con un hombre joven que después la había dejado por otra mujer.

Desde el primer momento, las personas del entorno de la víctima en Bruselas le alertaron de que todo ello resultaba extraño. Pero él estaba solo. «La soledad no me gusta», explicó durante el juicio. Llevaba tres años viudo, después de 60 años de matrimonio, y aquella relación le pareció una oportunidad para volver a estar acompañado.

De esta manera comenzó un falso romance que el tribunal guipuzcoano ha descrito como una «estafa del amor» y en el que consideran que la mujer, de nacionalidad rumana, utilizó el vínculo efectivo como «señuelo» para lograr sucesivas entregas de dinero y hasta un piso a su nombre por el que nunca pagó.

Una vivienda en San Sebastián y las primeras entregas de dinero

Tras pasar el inicio de la relación juntos en Bruselas, ambos decidieron a los pocos meses instalarse en San Sebastián. Lo hicieron en una vivienda que el hombre acabaría comprando el 7 de junio de 2022 por 264.119 euros. Según la sentencia, la mujer le convenció además para que le donara su mitad, valorada en 132.055 euros, en lugar de limitarse a dejarle esa parte de la vivienda en herencia. Para formalizar la operación acudió incluso un abogado rumano conocido de la acusada, cuyos gastos de desplazamiento a Gipúzcoa y alojamiento fueron abonados por el propio perjudicado.

Después de la compra de la vivienda comenzaron las peticiones de dinero. La acusada aseguró al hombre que necesitaba fondos para comprar una casa en Rumanía para su madre y que, finalmente, aquella vivienda quedaría en propiedad de él. Con esa promesa recibió cuatro grandes transferencias: 50.000 euros en noviembre de 2022, 70.000 en febrero de 2023, 75.000 en junio y otros 38.500 en septiembre. En total, 233.500 euros. Después le dijeron que la casa ya estaba comprada, pero que necesitaba obras y hacía falta más dinero.

Mientras las peticiones de dinero aumentaban, la relación tampoco se desarrollaba como él había imaginado. Dormían juntos cuando ella no estaba de viaje, pero él reconoció que nunca llegaron a consumar una relación sexual. Aun así, su expectativa iba mucho más allá de una simple convivencia. «Había pensado que igual tenía un hijo con esta nueva compañera», declaró.

La sentencia recoge que él seguía creyendo en aquel proyecto de vida. «No me dejé ir demasiado a mis sentimientos, pero me hubiera ido a vivir con ella que era lo que me había prometido», explicó. En otro momento de su declaración pronunció una frase que resume el estado en el que se encontraba: «Yo quise creer que había tenido mucha suerte».

67 retiradas de efectivo, falsas citas médicas y un adiós definitivo entre policías

No obstante, las dudas comenzaron a aparecer. En un instante dado, el hombre descubrió que la tarjeta de crédito no estaba en su cartera coincidiendo con una salida precipitada de la mujer. Cuando le preguntó, ella negó haberla cogido y llegó a decirle que quizá le habían copiado la tarjeta.

La Audiencia de Gipúzcoa ahora ha considerado probado que, entre enero de 2023 y febrero de 2024, la mujer realizó 63 retiradas de efectivo con cargo a la cuenta del hombre por un total de 21.770 euros, sin su conocimiento ni consentimiento.

También hubo otras transferencias y peticiones de dinero. En algún momento apareció incluso un supuesto primo que reclamaba cantidades que debían ser devueltas. El hombre empezó a desconfiar. Para entonces había comprado la vivienda de San Sebastián, había enviado cientos de miles de euros a Rumanía y todavía conservaba alrededor de 150.000 euros en su cuenta. A todo esto se sumó un aviso de su asesor bancario de Bruselas alertándole que su dinero estaba disminuyendo «drásticamente».

La situación comenzó a deteriorarse hasta el punto de que el hombre decidió marcharse en dos ocasiones. A partir de ello, comprobó que algunas de las explicaciones que recibía de la mujer no se correspondían con la realidad. Ella le aseguraba que trabajaba en un restaurante, algo que el hombre posteriormente averiguó que no era cierto. También pasaba largos periodos fuera de casa y decía encontrarse en Rumanía. En ese contexto, supo además que había conocido a otro hombre.

En otra ocasión, la mujer le dijo que necesitaba 500 euros para una prueba médica. Él llamó al hospital y le dijeron que no tenía ninguna prueba programada. Al día siguiente le pidió dinero para un abogado rumano. «En esos días me quitó 3.000 euros», declaró ante el tribunal.

Finalmente y ante la avalancha de episodios de características similares, intervino su abogado de San Sebastián. Cuando el hombre quiso reunirse con él, la mujer insistió en acompañarle y se negó a abandonar la reunión pese a que se lo pidieron. Fue necesario avisar a la Policía Nacional para que se marchara del lugar.

La víctima decidió entonces abandonar definitivamente de la vivienda. Preparó una pequeña maleta y salió acompañado por su abogado y escoltado por agentes policiales. Según explicó en el juicio, para entonces le quedaban «ciento y pico mil euros».

Cuatro años de cárcel y una indemnización de 265.150 euros

Para la Audiencia Provincial de Gipúzcoa todos estos hechos encajan en lo que la propia sentencia dictada el pasado 13 de julio denomina una «estafa del amor». El tribunal considera que la mujer hizo creer al hombre que mantenía con él una relación sentimental y que ambos tenían un proyecto de vida en común cuando en realidad utilizó ese vínculo como «señuelo» para obtener un beneficio económico.

Los magistrados rechazan el argumento de la defensa de que el hombre entregó voluntariamente el dinero y la mitad de la vivienda porque quería ayudar a la mujer. El hecho de que fuera él mismo quien realizara las transferencias, señala la sentencia, no impide que exista estafa si esa disposición patrimonial se produjo como consecuencia del engaño.

En su resolución judicial, el tribunal guipuzcoano considera acreditado que la mujer recibió 233.500 euros para la supuesta compra de una vivienda para su madre en Rumanía, además de otras cantidades, y que realizó 63 retiradas de efectivo de la cuenta del hombre por un total de 21.770 euros sin su conocimiento ni consentimiento. A ello se suma la donación de 132.055 euros correspondiente a la mitad de la vivienda de San Sebastián.

El tribunal da especial importancia a los informes periciales sobre el perjudicado. Los especialistas concluyeron que conservaba intactas sus capacidades cognitivas y no padecía una patología psiquiátrica pero apreciaron un déficit socioafectivo que le hacía especialmente vulnerable a la manipulación en decisiones económicas vinculadas a situaciones afectivas. Para la Sala, esa vulnerabilidad fue aprovechada por la acusada.

La sentencia también considera «firme y coherente» el testimonio del hombre, que además quedó respaldado por la documentación bancaria, las escrituras de la vivienda, las transferencias y las pruebas periciales. Con todos estos elementos, el fallo judicial concluye que las distintas operaciones formaban parte de una misma estrategia de engaño.

Así, la Sala considera que los hechos constituyen un delito continuado de estafa agravada por la cuantía, al superar los 250.000 euros. La pena impuesta es de cuatro años de prisión y una multa de doce meses, con una cuota diaria de seis euros. Además, la mujer deberá indemnizar al perjudicado con 265.150 euros, más 190,58 euros correspondientes a los gastos notariales y los intereses legales incrementados en dos puntos.

La resolución también afecta a la vivienda de San Sebastián. La Audiencia revoca la donación de 132.055 euros que el hombre había realizado a favor de la acusada, correspondiente a la mitad del inmueble, y ordena su restitución. El tribunal considera aplicable la revocación de la donación al haber cometido la beneficiaria un delito contra el patrimonio del donante.

El hombre, que durante el juicio llegó a explicar que su proyecto era vivir con aquella mujer, vive ahora solo en San Sebastián. «Actualmente vive solo, aunque no sea su elección», recoge la sentencia. Quizás, la frase que mejor resume toda la historia sea la que él mismo pronunció al recordar aquellos días en Bruselas. «No me di cuenta que era una suerte muy sospechosa».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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