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Un informe del 'FBI filipino' confirma que el coruñés Diego Bello fue asesinado hace 6 años por tres policías a sangre fría

Un informe del 'FBI filipino' confirma que el coruñés Diego Bello fue asesinado hace 6 años por tres policías a sangre fría
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EL ESPAÑOL accede a un documento que concluye que recibió seis disparos durante un falso operativo antidrogra en "un complot urdido” por un capitán y dos sargentos de la Comisaría Municipal General Luna. Más información: 'Un asesinato en el paraíso': La verdad detrás de la muerte del coruñés Diego Bello

El empresario coruñés Diego Bello. Cedida

Reportajes Un informe del 'FBI filipino' confirma que el coruñés Diego Bello fue asesinado hace 6 años por tres policías a sangre fría

EL ESPAÑOL accede a un documento que concluye que recibió seis disparos durante un falso operativo antidrogra en "un complot urdido” por un capitán y dos sargentos de la Comisaría Municipal General Luna.

Más información:'Un asesinato en el paraíso': La verdad detrás de la muerte del coruñés Diego Bello

Publicada 7 enero 2026 02:59h

A Diego Bello lo ejecutaron a sangre fría entre tres policías de Filipinas porque recibió seis balazos. No tuvo oportunidad de defenderse, no iba armado y tampoco era un narco como argumentaron esos agentes. Tan solo era un treintañero inquieto y soñador al que le iba bien con La Santa Bar: el negocio hostelero que montó en Siargao.

Este jueves 8 de enero se cumplen seis años del asesinato de este empresario coruñés, seis largos años para Pilar y Alberto, los padres de Diego, los cuales no cesan de reclamar Justicia y que a mediados de este mes, por fin, podrán prestar declaración para limpiar el buen nombre de su hijo.

EL ESPAÑOL ha accedido a las últimas imágenes de Diego con vida y al informe del NBI de Filipinas, una agencia como el FBI americano, que se ha encargado de analizar la actuación que tres agentes de la Comisaría Municipal General Luna desarrollaron la madrugada del 8 de enero de 2020, cuando acribillaron a tiros a este empresario coruñés.

La Policía de Filipinas enmarcó la muerte de Diego Alberto Bello Lafuente en una operación antidroga que nunca existió. Así lo revela el citado informe al que ha accedido este diario: "La Agencia Antidroga de Filipinas (PDEA) no tenía información de inteligencia previa ni otros datos que relacionaran a Diego con actividades ilegales de drogas ni constaba en la lista de sospechosos de la PDEA". "No figuraba entre los sospechosos de narcotráfico de su área de responsabilidad”.

“En resumen, lo anterior establece una observación bastante razonable de que el encuentro armado relatado por el capitán Panuelos, el sargento Cortés y el sargento Pazo, por el contrario, fue en realidad un escenario inventado por ellos”.

El National Bureau of Investigation (NBI) es la principal agencia gubernamental de investigación criminal en Filipinas y en su informe concluye que “existe causa probable para acusar colectivamente” de asesinato, siembra de pruebas y perjurio, al capitán Wise Vicente Panuelos [capitán Panuelos], al sargento Nido Boy E. Cortés [sargento Cortés] y al sargento Ronel A. Pazo [sargento Pazo].

Diego Bello, filmado por unas cámaras de seguridad el 8 de enero de 2020.

"La riñonera que intervinieron los policías y donde afirmaron que guardaba la droga no la llevaba puesta Diego en las últimas imágenes que hay suyas", tal y como sostiene Guillermo Mosquera, abogado de los padres del difunto empresario coruñés. "Además, esa riñonera presentaba signos de haber sido comprada y colocada en la escena del crimen".

El letrado avanza que Pilar y Alberto comparecerán en los juzgados de Manila, el próximo viernes 16 de enero, con la esperanza de demostrar la tesis de su acusación contra el capitán Panuelos, el sargento Cortés y el sargento Pazo: "El Barangay de Filipinas no tenía conocimiento de ningún operativo policial contra el tráfico de drogas". "A Diego lo ejecutaron por la trayectoria de los disparos que recibió".

Es lo que se desprende de la autopsia del Hospital del Distrito de la Isla de Siargao que recoge que Diego fue tiroteado la madrugada del 8 de enero, recibiendo seis balazos, uno de los cuales le entró por la oreja derecha y le salió por el lado izquierdo del cuello: “La doctora Gio declaró que Diego sufrió múltiples heridas de bala en la oreja, el pecho, la zona ilíaca e inguinal, el muslo y las nalgas. El certificado de defunción indicaba, asimismo, que Diego sucumbió a una hemorragia interna probablemente secundaria a una lesión orgánica múltiple, secundaria a múltiples heridas de bala”.

El difunto Diego Bello, feliz, junto a su madre Pilar. Cedida

El informe del 'FBI' filipino analiza el atestado que supuestamente idearon el capitán Panuelos, el sargento Cortés y el sargento Pazo: “Según la Comisaría General Luna, Diego era el sospechoso de narcotráfico número 1 en la Región de Caraga". Tal calificación de película arranca con un soplo recibido en la Comisaría General Luna de las Islas Siargao.

“Sobre las 10.30 horas de la mañana del día 30 de diciembre de 2019, el capitán Panuelos dice que llamó a su despacho al sargento Pazo y le presentó a su confidente. El confidente le comunicó que había comprado cocaína a un tal Diego Lafuente, de nacionalidad extranjera”.

“En base a esta información, el capitán Panuelos encargó al sargento Pazo que acompañara al confidente a realizar una compra de cocaína de prueba al tal Diego”. “Supuestamente, el sargento Pazo, a través del confidente, pudo comprar a Diego la presunta cocaína, que presentó personalmente en el laboratorio”.

El examen de 1,4149 gramos dio “resultado positivo” como sustancia prohibida en la Filipinas del expresidente Rodrigo Duterte, cuya etapa estuvo marcada por una polémica cruzada contra el tráfico de drogas y que se cobró la vida de Diego Alberto Bello Lafuente: un coruñés, de 32 años, que tras vivir en Londres, Australia, Tailandia y Honduras, se instaló en el barrio más turístico de Siargao -una isla filipina con forma de lágrima que era un imán para los surferos-.

La autopsia de este coruñés arrojó negativo en consumo de drogas, lo que demuestra que no se ganaba la vida traficando con coca, era un emprendedor que montó un hostel, una tienda de ropa y de material de surf, antes de levantar La Santa: un club-restaurante que fue la antesala de un final tan trágico como injusto.

Todo ello, a pesar del atestado supuestamente falseado por los policías que aseguran que desenfundaron sus pistolas Glock 17, del calibre 9 milímetros, debido a que les disparó el hostelero coruñés tras ponerle un señuelo para comprarle cocaína: “Alrededor de la una de la madrugada del 8 de enero de 2020, el sargento Pazo informó al capitán Panuelos de que el confidente había podido concertar la transacción y que se reunirían con Diego en las inmediaciones de su vivienda”.

Una concentración promovida por la Plataforma Justicia para Diego.

“Diego, sin embargo, intuyó que había realizado una transacción con un agente de policía. Por ello, sacó un arma de fuego de su riñonera y disparó en dirección a los agentes que se le acercaban. Inmediatamente, los agentes buscaron cobertura y gritaron: "¡Policía! ¡Somos la Policía! ¡No se mueva!"

“Aun así, Diego les disparó, lo que obligó a los agentes a devolver el fuego. Simultáneamente, Diego corrió en dirección al muro perimetral y saltó al otro lado, antes de disparar una vez más. Los agentes se dirigieron a la misma zona y vieron a Diego tendido en el suelo. El capitán Panuelos gritó a sus hombres: "¡Alto el fuego! [...]". "Después de asegurarse de que Diego era incapaz de suponer un peligro para los agentes, ordenó llamar a una ambulancia [...]”.

El 'FBI' filipino expone en el preámbulo de su informe que la intervención policial siguió la máxima de "dispara primero, piensa después", tras escuchar testimonios como el de Fe: la casera de Diego y que vivía "enfrente de la vivienda" del coruñés. “Afirmó en su declaración jurada que escuchó fuertes explosiones, que en un principio pensó que eran petardos, procedentes de la dirección del muro perimetral, situado inmediatamente al otro lado del callejón, junto al espacio de Diego”.

"Fe dijo que primero oyó dos disparos sucesivos, con sólo unos segundos de separación. Un momento después, a los dos disparos les siguieron disparos rápidos y sucesivos. A continuación, oyó la voz de una persona que gemía y decía: '¡Aghhh!' Lo que, en su opinión, significaba que alguien podía estar herido".

"Poco después, a los disparos rápidos y sucesivos les siguió un único disparo, de sonido más débil, que parecía venir de un poco lejos. Cuando cesaron los disparos, Fe oyó que alguien decía: "¡Manos arriba!" Esta mujer fue testigo directo de todo y en la práctica sostiene que el capitán Panuelos, el sargento Cortés y el sargento Pazo, primero vaciaron el cargador, y luego dieron el alto su supuesto narco español. Por si no fuera poco también alteraron supuestamente la escena del crimen.

Diego portaba un arma del calibre 45. Pero este informe desvela que esa pistola estaba registrada por Squires Bingham Company, como persona jurídica, y que el empresario coruñés carecía de licencia de armas: “El origen y la transferencia de la supuesta arma de fuego eran altamente sospechosos, teniendo en cuenta que no se podía establecer ningún vínculo entre Diego, un ciudadano español que recientemente había abierto negocios en Filipinas, y la persona jurídica que había registrado por última vez el arma de fuego, hace aproximadamente 23 años”.

El abogado Guillermo Mosquera representa a los padres del difunto Diego Bello en el proceso penal que se sigue en Filipinas.

Guillermo Mosquera, abogado de los padres del difunto treintañero, asegura que los policías investigados también "colocaron" vainas de bala detonadas para simular que Diego había apretado el gatillo: "Los casquillos estaban vinculados a otras ejecuciones de la Policía, para demostrar que ellos actuaron en legítima defensa, pero no hubo ningún agente herido y los casquillos estaban situados de forma circular en el lugar del crimen, una cosa que no tiene sentido".

De hecho, el atestado policial expone que el sospechoso "saltó al otro lado" de la valla de su residencia, antes de volver a disparar su pistola, pero el 'FBI' filipino  no habla de ningún tiroteo ni intercambio de disparos porque establece “el callejón y el muro perimetral adyacente como lugares de la ejecución de Diego”.

En la famosa riñonera que parecía estrenada aquella misma madrugada, se intervino "dinero enrollado" y un "bote amarillo de plástico transparente, con tapón sellado con las marcas "RP", en cuyo interior había algo más de 24,83 gramos de coca. Tal cantidad no parece ser la del "sospechoso de narcotráfico número 1 en la Región de Caraga", como sostienen los agentes que están en la cárcel, sino más bien una prueba aparentemente adulterada que según el 'FBI' filipino "formaba parte de su gran plan para justificar el asesinato ilegal”.

- Como abogado de la familia ha tenido acceso a todo el sumario, ¿tiene alguna hipótesis sobe el motivo por el que estos policías "ejecutaron" a Diego?

- Guillermo Mosquera: No sé si alguien lo quería matar porque le iban bien los negocios en Filipinas.

Diego, paseando por una espectacular playa de Filipinas. Cedida

De momento, esta investigación que audita el contenido del atestado elaborado por la Comisaría Municipal General Luna, corrobora que "en el homicidio de Diego concurrieron las circunstancias cualificantes de abuso de fuerza superior y premeditación evidente”.

Además, el informe concluye que “las declaraciones juradas" del capitán Panuelos, el sargento Cortés y el sargento Pazo, actualmente en prisión, se realizaron "a propósito, para ocultar lo que realmente ocurrió durante esa fatídica madrugada del 8 de enero de 2020”. Todo ello, tras confirmar que nadie de la Agencia Antidroga de Filipinas (PDEA) participó en un operativo contra un narcotraficante extranjero porque "todos" sus miembros estuvieron "presentes en la recepción ofrecida a los agentes antidroga recién graduados de la clase Manlaha, destinados a su región, que se celebró el 8 de enero de 2020".

"Las declaraciones de los testigos y el análisis de la escena del crimen demostraron que lo que realmente ocurrió fue un encuentro armado orquestado. De las declaraciones de Fe y Nonilon, se desprende claramente que los disparos se originaron en dirección al callejón y, sin embargo, los cartuchos detonados se recuperaron del espacio abierto entre las casas de Fe y Diego”.

“De lo anterior se desprende que no había justificación para que los sujetos hicieran uso de su arma de fuego porque Diego no iba armado”. “Como ya se ha dicho, el relato de los agentes de policía sobre el supuesto encuentro armado era falso y, por lo tanto, la alegación de que Diego iba armado y se enfrentó a los agentes de policía puede considerarse en su conjunto como un complot urdido”.

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