Manuel Enrique G. T., conocido como Kike en Librilla, esposado en los juzgados de Totana por el crimen machista de su exnovia. Cedida
Reportajes Un informe forense abre la puerta a que Kike violara a Ainhoa, a la que estranguló en Librilla por romper la relaciónEL ESPAÑOL accede en exclusiva a un documento que revela que mintió el acusado de este crimen machista ocurrido en 2025.
Kike aseguró que no quiso tener sexo con Ainhoa cuando le pidió que se quedara a cenar en el piso que ambos compartían donde la mató.
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Jorge García Badía Publicada 4 septiembre 2026 09:07h Actualizada 4 septiembre 2026 09:38hKike mintió en su declaración en el juzgado cuando aseguró que no quiso mantener relaciones sexuales con su exnovia, Ainhoa, a la que estranguló en el piso que ambos compartieron en Librilla.
El embuste del autor de este crimen machista ha sido destapado por el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. En la vulva de la difunta Ainhoa se han encontrado restos genéticos de su asesino confeso: Manuel Enrique G. T. (1998), conocido como Kike por los vecinos de este pueblecito murciano.
Así lo revela un informe del servicio de biología al que ha accedido en exclusiva EL ESPAÑOL. “Conclusiones: A partir de las primeras fracciones de la lisis de los hisopos de vulva, se obtiene, en el análisis de los marcadores STR autosómicos, una mezcla de perfiles genéticos, procedente de al menos dos personas”.
“Los perfiles genéticos de Ainhoa y de Manuel Enrique G. T. son compatibles con esta mezcla de perfiles [....]”.
En la práctica, en los hisopos vulvares de Ainhoa se detectaron espermatozoides y restos de semen. Del análisis de tales restos, se obtuvo una mezcla de ADN compatible con Ainhoa y Kike.
Este descubrimiento provoca una vuelta de tuerca en la instrucción judicial que se podría traducir en un endurecimiento de la condena a la que se enfrenta el autor confeso de este crimen machista, ocurrido el 25 de octubre de 2025, y que conmocionó a Librilla.
Todo ello, debido a que Raúl Pardo-Geijo, abogado que representa a los padres de la víctima, solicitó que se realizara esta prueba en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses porque sospechaba que Kike pudo haber violado a la pobre Ainhoa.
El abogado Raúl Pardo-Geijo. Cedida
Las sospechas del letrado se debían a la declaración que prestó el veinteañero y donde relató que aquel funesto sábado 25 de octubre, Ainhoa le pidió que se quedara a cenar en el piso que ambos compartieron y le propuso mantener sexo, pero Kike afirmó que él no quiso.
Sin embargo, la ciencia forense dice lo contrario. "A partir de la segunda facción de la lisis de los hisopos vaginales, en el análisis de los marcadores STR del cromosoma Y, específico de varón, se obtiene un halotipo de varón que coincide con el halotipo de Manuel Enrique G. T.".
El documento recalca que hay 36 cuatrillones de probabilidades de que la mezcla genética descubierta en los genitales de la fallecida pertenezca a Ainhoa y Kike, frente a la opción de que esa mezcla “proceda de Ainhoa y de otro individuo tomado al azar de la población española”.
Este diario ha podido saber que Raúl Pardo-Geijo, a raíz de estos resultados, ha pedido más pruebas a la Plaza número 3 del Tribunal de Instrucción de Totana para esclarecer si la víctima de este crimen machista y su autor, mantuvieron relaciones sexuales consentidas, o si por el contrario, Kike violó a Ainhoa antes de estrangularla -o incluso tras matarla-.
Kike llegará condenado al juicio al que se enfrentará porque él mismo confesó haber estrangulado a su exnovia, en el piso que ambos compartieron en el número 2 de la calle Totana en la localidad de Librilla. La cuestión ahora es saber si esa pena podría ser mayor porque el Código Penal establece condenas de 4 a 12 años por agresión sexual con acceso carnal.
Este hallazgo genético ha sido posible por la petición formulada por el abogado Raúl Pardo-Geijo, para realizar una prueba forense encaminada a buscar semen y ADN de Kike en alguno de los hisopos vaginales, de vulva, anales y perianales tomados a la difunta Ainhoa.
Todo ello, a pesar de que se opusieron a dicha prueba del servicio de biología tanto la Fiscalía como la defensa de Manuel Enrique.
La defensa lo hizo con un escrito contundente, pero sin éxito. “En relación con los hechos del 25 de octubre de 2025, la defensa sostiene que no hubo un ataque sorpresivo ni una actuación premeditada, pues existió comunicación previa entre ambos y fue Ainhoa quien propuso que él acudiera al domicilio para ‘acabar bien las cosas’”, tal y como recoge el auto judicial que autorizaba la prueba genética.
El portal del número 2 de la calle Totana en Librilla se encontró el cadáver de Ainhoa, el pasado domingo 26 de octubre. Marcial Guillén / EFE
La defensa de Kike sostiene que este veinteañero no planificó asesinar ni acudir al piso que compartió con Ainhoa. Prueba de ello es que achaca a la víctima mortal la presencia de su cliente en el inmueble donde se desencadenó un enfrentamiento verbal que se saldó con el estrangulamiento de esta joven de solo 19 años.
“Manuel Enrique accedió sin violencia y que incluso entró en dos ocasiones porque ella misma se lo pidió", según expone el auto sobre el escrito de la defensa. "Añade que mantuvieron una discusión inicial tras la cual él se marchó, y una segunda discusión más intensa cuando regresó, lo que, según el investigado, desencadenó una reacción súbita en un contexto de fuerte alteración emocional”.
“Por ello, impugna la existencia de planificación o aseguramiento previo del resultado”. "Sostiene que Manuel Enrique presentaba un estado de vulnerabilidad emocional severa, ideación autolítica previa e intentos anteriores de suicidio”.
“Tras tomar conciencia del resultado de lo ocurrido, ingirió benzodiacepinas con intención de quitarse la vida, lo que, según la defensa, revela desesperación y no frialdad”.
Análisis de la ropa interior
Ninguno de estos argumentos ha llegado a buen puerto, ya que la magistrada no solo autorizó esta prueba genética sino que también dio el visto bueno a que la Policía Judicial envíe al Instituto Nacional de Toxicología toda la ropa que portaba la víctima, incluidas sus prendas íntimas, para la "búsqueda de vestigios" y "cotejarlos con las muestras tomadas al investigado".
Además, la juez ha pedido que se incorporen a la causa los distintos chats de WhatsApp y comunicaciones electrónicas aportados por testigos que prestaron declaración, describiendo como tóxica la relación de Kike con Ainhoa.
Tal medida va en la línea que sigue la acusación particular que ejerce Raúl Pardo-Geijo y que argumenta que Ainhoa sufrió una relación sentimental marcada por el control, la dependencia y la violencia de género.
Un supuesto infierno de “dominación machista” por la “superioridad” que presuntamente ejercía Kike para “doblegar” la voluntad de Ainhoa hasta que ella decidió poner fin a la relación sentimental y eso le costó la vida.