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Un Mundial es un paseo por el alambre

Un Mundial es un paseo por el alambre
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Los favoritismos no tienen sentido en un torneo que siempre es una moneda al aire entre media docena de equipos
Un Mundial es un paseo por el alambre

Los favoritismos no tienen sentido en un torneo que siempre es una moneda al aire entre media docena de equipos

Regala esta noticia Añádenos en Google Lamine Yamal firma autógrafos a jóvenes aficionados. (EFE)

Jon Agiriano

11/06/2026 a las 19:31h.

Rafael Louzán, el presidente de la RFEF, aseguró el martes en Puebla (México) que España es «la gran favorita» del Mundial. Su opinión la comparten ... muchos, entre ellos un buen número de expertos que llevan días destacando que La Roja llega al torneo como la reina del mambo tras una racha estelar de treinta partidos seguidos sin conocer la derrota. Así las cosas, al equipo de Luis de la Fuente le rodea en Estados Unidos un ambiente de confianza y entusiasmo como yo no recuerdo. Y eso que hinchando el globo del favoritismo cada cuatro años hemos sido grandes especialistas. Pero lo de ahora siento que va más allá. Ni siquiera en Sudáfrica se llegó a tanto, quizá porque entonces España no había ganado todavía un Mundial y eso obligaba a una cierta prudencia.

A todos ellos habría que recordarles la trayectoria de España en los tres últimos Mundiales, a los que también acudió con grandes esperanzas y la determinación del pelotón de Spengler. A Brasil llegó como ganadora imperial de la Eurocopa en 2012 y no pasó de la primera ronda tras el famoso 5-1 contra Holanda en Salvador de Bahía y el 2-0 contra Chile en Maracaná. En Rusia, tras la movida con Lopetegui, se empató a tres con Portugal en el debut, se ganó por la mínima a Irán, se empató de forma agónica con Marruecos tras un gol de Aspas en el minuto 91 y se cayó en octavos en la tanda de penaltis con Rusia. Recordarán aquel partido de los dos millones de pases insulsos. Lo de Catar es más reciente. El equipo de Luis Enrique arrasó a Costa Rica en el debut con un 7-0 que le puso en el centro del foco. La Roja miraba hacia el infinito y más allá, como Buzzlightyear. O como ahora. Luego llegaron el empate con Alemania y después el pinchazo del globo con la derrota ante Japón y la posterior eliminación en los penaltis con Marruecos. En dos semanas se pasó del cielo al infierno.

La historia demuestra que, si los astros no se alinean a tu favor, si al buen fútbol no le acompaña la suerte, no tienes nada que hacer en la Copa del Mundo

Estos son los precedentes y conviene tenerlos en cuenta. No porque estas decepciones vayan a tener que repetirse sino porque retratan a los mundiales como lo que han sido siempre: una moneda al aire entre media docena de selecciones y algún outsider sorpresa. En muchas ocasiones, el Mundial no retrata al mejor equipo del mundo, sino al que mejor ha competido y más suerte ha tenido en un torneo que se resuelve en cuatro –esta vez serán cinco– eliminatorias a un solo partido. Lo que los brasileños llaman 'mata matas'. Es decir, no hablamos de una liga entre las doce mejores selecciones, por poner un ejemplo. Ese formato sí que podría definir al mejor equipo. Hablamos de un paseo por el alambre, de un ejercicio de supervivencia en el que los errores o los golpes de infortunio son mortales. O los astros se alinean a tu favor o no tienes nada que hacer.

Pensemos, por ejemplo, en el Mundial de Sudáfrica. España era, con diferencia, la mejor selección del planeta. De hecho, se le puede recordar como una de las mejores de la historia. Ahora bien, para ganar el título tuvo que pasarlas canutas, empezando por la derrota ante Suiza en el debut que le dejó sin margen de error y siguiendo por las dificultades ante Uruguay, ante Portugal, ante Paraguay, que falló un penalti antes de que Villa hiciera el 1-0 en el minuto 80, o incluso en la final, ante la Holanda quebrantahuesos de Van Marwijk, con las paradas milagrosas de Casillas. El equipo de Del Bosque, en fin, estuvo bendecido por su fútbol y también por la fortuna.

Esto es lo que tendrá que repetirse en esta nueva cita mundialista: buen fútbol, consistencia defensiva –España no encajó un solo gol en los últimos cuatro partidos de Sudáfrica– y suerte en momentos puntuales. Lo mismo que van a necesitar Francia, Portugal, Argentina, Brasil, Inglaterra o Alemania, por citar al resto de los favoritos, a las otras selecciones que por potencial futbolístico deben estar en los cara y cruz que darán el título. Cualquier otra cosa sería una sorpresa enorme en un Mundial que recordaremos por sus escenarios tan diversos, sus horarios locos, las quejas de los hinchas por los precios lunáticos de la entradas, los últimos bailes de Messi y Cristiano Ronaldo, los abusos de la policía de fronteras norteamericana y, con toda probabilidad, las trapacerías de Donald Trump. Una de ellas, por cierto, ya se ha producido y ha sido un escándalo vergonzoso que la FIFA, siempre tan sumisa con los poderosos e implacable con los débiles, se ha tragado de una forma miserable: denegar la entrada al país a uno de los árbitros designados, el somalí Omar Abdulkadir Artan.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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