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Un niño de 13 años nada cuatro kilómetros para salvar a su madre y sus hermanos de morir ahogados

Un niño de 13 años nada cuatro kilómetros para salvar a su madre y sus hermanos de morir ahogados
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El esfuerzo físico del adolescente fue tan extremo que los médicos lo han comparado con correr dos maratones consecutivos
SociedadUn niño australiano de 13 años nada cuatro kilómetros en mar abierto para salvar a su madre y sus hermanos de morir ahogados

El esfuerzo físico del adolescente fue tan extremo que los médicos lo han comparado con correr dos maratones consecutivos

Austin, el niño australiano de 13 años que nadó cuatro kilómetros para salvar a su madre y sus hermanos.
  • J. F. BORRELL Madrid
Actualizado 03/02/2026 - 23:13CETMostrar comentarios44

Lo que iba a ser una tranquila tarde en kayak terminó convirtiéndose en una lucha desesperada por la supervivencia frente a la costa de Australia Occidental. Austin, un niño australiano de tan solo 13 años, nadó durante cerca de cuatro horas en mar abierto y sin chaleco salvavidas para lograr salvar la vida de su madre y de sus dos hermanos pequeños, atrapados entre fuertes corrientes y un mar cada vez más embravecido.

La decisión fue tan extrema como dolorosa. Joanne, la madre del menor, comprendió que alguien debía intentar llegar a la orilla para pedir ayuda. "Una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar fue decirle a Austin que intentara llegar a tierra. Sabía que era el más fuerte y que podía hacerlo", relató a ABC News. Ella no podía abandonar a los dos pequeños en el mar y entendió que el tiempo jugaba en su contra. Antes de lanzarse al agua, Austin trató de remolcar a su familia hasta la costa con un kayak, pero el intento fracasó. "El kayak se llenaba de agua, el mar estaba muy agitado y pensé que vi algo en el agua. Me asusté mucho", confesó el joven. Fue entonces cuando decidió obedecer a su madre y nadar hacia la orilla.

Austin, junto a su madre y sus hermanos pequeños.

Sin chaleco salvavidas y enfrentándose a olas gigantes, el adolescente recorrió unos cuatro kilómetros luchando contra el cansancio y el miedo. "No dejaba de repetirme: 'Sigue nadando'. Hice braza, crol, braza de supervivencia… Hasta que finalmente toqué tierra y me desplomé", explicó. Su esfuerzo físico fue tan extremo que los médicos lo han comparado con correr dos maratones consecutivos. Pero el rescate aún no había terminado. Exhausto, Austin reunió fuerzas para buscar un teléfono y llamar a los servicios de emergencia. "Necesito helicópteros, aviones y barcos. Mi familia está en el mar", dijo con una calma que sorprendió a los operadores. Su llamada permitió movilizar a varios equipos de rescate, entre ellos la Policía Acuática de Australia Occidental, un helicóptero y Naturaliste Marine Rescue.

Mientras tanto, en el mar, Joanne intentaba mantener la esperanza junto a Beau, de 12 años, y Grace, de 8 años. "Cantábamos y bromeábamos para que no tuvieran miedo, pero cuando empezó a oscurecer y las olas se hicieron enormes, todo empeoró", recordó. Beau llegó a perder la sensibilidad en las piernas por el frío y, en el último momento, una ola gigante los separó. Cuando todo parecía perdido, llegó el milagro. Los equipos de rescate lograron localizar a la familia y sacarlos del agua con vida. Austin, que temía no haber sido lo suficientemente rápido, recibió poco después la noticia que tanto esperaba: su madre y sus hermanos estaban a salvo.

El comandante Paul Bresland calificó la gesta del joven como "sobrehumana", y el primer ministro de Australia Occidental, Roger Cook, lo definió como "un verdadero héroe". "Su valentía va mucho más allá de su edad y demuestra un coraje y una determinación extraordinarios frente a un peligro real", escribió en redes sociales.

Austin, que aprendió a nadar a los 4 años y participa en programas de natación como VacSwim, reconoce que normalmente le resulta agotador nadar apenas 350 metros sin parar. Hoy, el adolescente se desplaza con muletas para permitir que sus piernas se recuperen del esfuerzo extremo. Su madre y sus hermanos también sufren las secuelas físicas del accidente: piernas hinchadas, ampollas, moretones y erupciones cutáneas. Pero Joanne lo resume con una frase que lo explica todo: "Mis tres bebés están vivos".

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Fuente original: Leer en Marca
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