Para construir esa escala, utilizaron la Tierra como referencia. Calcularon cuánto carbono había fijado la fotosíntesis terrestre al alcanzar distintos hitos evolutivos y después estimaron cuánto podría haberse fijado en otros planetas según factores como la luz disponible, la temperatura, las precipitaciones, el tamaño y la edad. La hipótesis es que una biosfera con mayor productividad fotosintética acumulada habría sostenido más generaciones y, con ellas, más oportunidades de diversificación evolutiva.
De acuerdo con el trabajo, si un exoplaneta hipotético queda por debajo del umbral asociado a la multicelularidad, el modelo lo clasifica como microbiano; si lo supera pero no alcanza el nivel acumulado por la Tierra actual, lo coloca como multicelular; y si lo rebasa, entra en la categoría que los autores denominan “inteligente”.
TRAPPIST-1. No hay buenas noticias para los entusiastas de la vida inteligente extraterrestre. En el escenario principal del modelo, 22 de esos planetas quedarían en la categoría microbiana, cinco en la multicelular y apenas dos en la categoría que el estudio denomina inteligente.El caso más llamativo es TRAPPIST-1e. Aunque el planeta es unos 3,000 millones de años más antiguo que la Tierra, el modelo estima que su hipotética biosfera habría procesado apenas una fracción del carbono acumulado por la nuestra. Bajo el escenario principal del estudio, seguiría en una etapa dominada por microorganismos y necesitaría cerca de 18,000 millones de años para alcanzar el nivel de productividad biológica acumulada de la Tierra actual.
Los resultados no implican que esos planetas tengan vida. La ciencia considera plausible la existencia de vida microscópica fuera de la Tierra, pero hasta ahora no existe evidencia contundente que lo confirme. El estudio parte del supuesto de que la vida surgió y utiliza ese punto de partida para preguntarse hasta dónde habría podido llegar.
“Este documento sugiere que nuestro vecindario estelar de exoplanetas puede estar tranquilo porque es probable que la mayoría de los planetas similares a la Tierra cerca de nosotros estén evolutivamente detrás de nosotros y todavía en la etapa microbiana. Lo que significa que podemos dormir bien, porque si la vida en esos exoplanetas evolucionara igual que en la Tierra, la mayoría de esos planetas solo estarán llenos de microbios y no de extraterrestres avanzados”, dijo en un comunicado Chris Doughty, profesor de la Universidad del Norte de Arizona y autor principal del estudio.
Para buscar civilizaciones extraterrestres, los astrónomos rastrean tecnofirmas: señales que podrían delatar el uso de tecnología, desde ondas de radio y pulsos láser hasta contaminación atmosférica, iluminación artificial o exceso de calor. Después de décadas de búsqueda, ninguna tecnofirma extraterrestre ha sido confirmada.
El panorama contrasta con la búsqueda de formas de vida mucho más simples. En Marte, la misión Perseverance ha identificado muestras con potenciales biosignaturas asociadas a procesos microbianos ocurridos hace miles de millones de años, aunque todavía no existe evidencia suficiente para afirmar que el planeta estuvo habitado.