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Política

Un obispo nacionalista y amigo de Puigdemont se perfila como sustituto de Omella al frente de la iglesia catalana

Un obispo nacionalista y amigo de Puigdemont se perfila como sustituto de Omella al frente de la iglesia catalana
Artículo Completo 936 palabras
El obispo de Gerona, Octavi Vilà Mayo, es el principal candidato a ocupar la sede barcelonesa, en sustitución del cardenal Juan José Omella, quien cumplió 80 años el pasado mes de abril y perdió su condición de cardenal elector en un hipotético cónclave. Leer

En las últimas horas, varios medios especializados en información religiosa han situado al hasta ahora obispo de Gerona, Octavi Vilà Mayo, como el principal candidato a ocupar la sede barcelonesa, en sustitución del cardenal Juan José Omella, quien cumplió 80 años el pasado mes de abril y perdió su condición de cardenal elector en un hipotético cónclave. Vilà es una persona muy cercana al ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y su elección en el cargo podría concidir con el regreso de esto a Cataluña.

El obispo de Gerona estaría ene stos momento en el primer lugar de la terna que el Dicasterio para los Obispos que habría elevado al papa León XIV. Faltaría la firma definitiva del Pontífice y, en consecuencia, subsistiría hasta el último momento el margen para una sorpresa. Pero algo habría cambiado sustancialmente: Octavi Vilà habría pasado de ser una posibilidad a convertirse en el nombre que más se repite cuando se habla del sucesor de Omella.

Que ese nombre pueda acabar desembocando en Barcelona sería una de las decisiones más significativas del episcopado catalán de los últimos años, al volver el nacionalismo a ocupar su sede más importante. Octavi Vilà Mayo (Tarragona, 1961) es un caso poco habitual en el episcopado español. Historiador y bibliotecario de formación, trabajó durante 22 años en la Hemeroteca de Tarragona antes de ingresar, a los 43 años, en el monasterio cisterciense de Poblet. Allí fue ordenado sacerdote en 2015 y elegido abad a finales de ese mismo año, responsabilidad que ejerció durante nueve años. El papa Francisco lo nombró obispo de Gerona en febrero de 2024 y recibió la ordenación episcopal dos meses después.

SU RELACIÓN CON PUIGDEMONT

Pero, aparte de su ideología nacionalista, un hecho que se conoce poco es su relación con Puigdemont. En una entrevista concedida por Vilà en 2016 a El Punt Avui, explicó que Puigdemont había sido huésped de Poblet durante dos o tres veranos cuando era joven, y que conservaba un recuerdo muy positivo de aquellas estancias. Según Vilà, el propio Puigdemont le dijo que Poblet le había influido en aquella etapa de su vida.

No obstante, la relación no quedó en aquellos recuerdos juveniles. Ya siendo presidente de la Generalitat, Puigdemont realizó una visita privada a Poblet de casi un día entero. Recorrió diferentes espacios del monasterio, visitó el Archivo Tarradellas, estuvo con los alumnos de la escuela, compartió la oración con la comunidad y comió con los monjes. Vilà estaba allí como abad.

Es especialmente revelador lo que contó Vilà en otra entrevista: cuando coincidió con Puigdemont en su toma de posesión como presidente y le dijo que era el abad de Poblet, Puigdemont le respondió: "Poblet es mi casa". Vilà le respondió: "pues vuelva a esta casa cuando quiera", añadiendo que en Poblet todavía recordaban a Puigdemont ayudando en las tareas del campo, en la cocina e incluso desplumando pollos y gallinas.

Es más, en 2024, cuando Vilà ya había sido nombrado obispo de Gerona, Puigdemont reaccionó públicamente con especial entusiasmo. Escribió que el nombramiento le había "llenado de alegría" y agradeció al Papa que hubiera hecho una elección "inteligente y sensible" para la diócesis. Y en su primera entrevista en la radio del obispado gerundense, Vilà se refirió expresamente al "president Puigdemont" y afirmó que les unía una "bona amistat".

Esa amistad y su ideología nacionalista se evidenciaron antes y después del referéndum del 1-O. En una entrevista publicada por Ara el 22 de marzo de 2017, seis meses antes del 1-O, Vilà, entonces abad de Poblet, manifestaba: «Para el país, nuestra opción debería ser que la mayoría decida». Y a 10 diez días del 1-O, Vilà y el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, hicieron público un comunicado conjunto. No mencionaron expresamente el referéndum, pero afirmaron que:

«El derecho a la participación en la vida política y social debe ser garantizado en un estado democrático» y añadieron que los gobernantes tenían la obligación de «escuchar la voz de la mayoría». Además, el comunicado reclamaba «libertades de expresión democrática», convivencia y respeto a los derechos individuales y a los del pueblo catalán.

Después de la votación, Vilà manifestaba: «Ciertamente no hubo referéndum en condiciones mínimas de validez, homologable, pero sí que los ciudadanos [...] dieron una lección de participación pacífica en democracia.»

Y no se quedó ahí, sino que junto al abad Soler y el cardenal Omella estuvieron en contacto con Iñigo Urkullu y realizaron gestiones para favorecer la mediación del lehendakari entre Rajoy y Puigdemont. De hecho, La Vanguardia señaló que Urkullu mantenía contacto directo con Puigdemont y que, paralelamente, estaba en comunicación con tres personalidades eclesiásticas: Omella, el abad de Montserrat y el abad de Poblet, Octavi Vilà, que realizaban gestiones en Cataluña.

Por tanto, Vilà no era simplemente un observador externo a la crisis posterior al 1-O: estuvo integrado, junto con Omella y el abad de Montserrat, en el entorno eclesial que intentó facilitar una salida dialogada entre Rajoy y Puigdemont. Ahora, nueve años después, cuando se acaba de amnistiar al expresident y este va a volver a Cataluña, su buen amigo estaría a punto de convertirse en el nuevo arzobispo de Barcelona.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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