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Un paseo por el Wadi Rum de 'Lawrence de Arabia' y 'Dune': un escenario marciano

Un paseo por el Wadi Rum de 'Lawrence de Arabia' y 'Dune': un escenario marciano
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Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2011, exploramos el lado más cinematográfico de uno de los lugares más inhóspitos del mundo. Más información: Samarcanda, la legendaria ciudad del Tamerlán

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Un paseo por el Wadi Rum de 'Lawrence de Arabia' y 'Dune': un escenario marciano

Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2011, exploramos el lado más cinematográfico de uno de los lugares más inhóspitos del mundo.

Más información:Samarcanda, la legendaria ciudad del Tamerlán

Un coche todoterreno en el Wadi Rum. iStock

Cristina Fernández Publicada 23 febrero 2026 07:50h

Magnético y salvaje; sobrecogedor y envolvente. El desierto de Wadi Rum es una combinación absolutamente sublime de arenas rojizas, montañas de arenisca y granito, imponentes cañones, arcos naturales —como Burdah Rock Bridge o Um Frouth— y estrechas gargantas, que han sido resultado de millones de años de erosión, actividad tectónica y procesos climáticos.

También conocido como el Valle de la Luna, su paisaje protegido se despliega a lo largo de 720 kilómetros cuadrados en el sur de Jordania, muy cerca de la frontera con Arabia Saudí y al este del Valle del Rift jordano. Y lo hace hipnotizando sin remedio a todo aquel que, como nosotros, pone los pies en su territorio dispuesto a explorar sus bondades.

Un espacio que también ha sabido, a lo largo del tiempo, conquistar al mundo del cine. No en vano, en múltiples ocasiones ha servido de escenario para todo tipo de rodajes.

Una de las escenas más famosas de Lawrence de Arabia, la película de 1962. E. E.

Una escena de la segunda parte de Dune. Niko Tavernise | Warner Bros.

Sin embargo, fue en 1962 cuando el desierto jordano entró definitivamente en el imaginario colectivo gracias a Lawrence de Arabia, la película dirigida por David Lean que transformó este enclave ancestral en sinónimo de mito y aventura.

Lean buscaba un desierto que transmitiera grandeza, aislamiento y una belleza sobrenatural, y lo encontró aquí: las montañas de arenisca que emergían de la arena como catedrales, sus horizontes infinitos y esa luz cambiante capaz de convertir cada plano en algo casi onírico, le convencieron desde el primer instante.

Burdah Rock Bridge en un increíble paisaje lunar en Wadi Rum en el desierto jordano. iStock

Hoy, recorrer este indomable desierto es hacer también una revisión de la cinta hollywoodiense —aunque aquí se rodaron también otras películas como Marte, Planeta Hostil o Dune—. Una ruta cargada de estampas inolvidables y mucha, mucha emoción.

El paisaje que enamoró a Lean

Arrancamos nuestra singladura en el Wadi Rum Village, punto de entrada al área protegida, donde los beduinos —que han vivido en este territorio durante siglos y mantienen un estilo de vida tradicional— organizan los recorridos en 4x4.

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A partir de aquí, dejamos atrás cualquier referencia urbana. Todo se vuelve entonces agreste a nuestro alrededor, casi marciano, mientras sentados en la parte trasera del vehículo, nos dejamos embaucar por la exuberancia del lugar, por su aura mística.

Los beduinos mantienen el estilo de vida tradicional en el desierto. iStock

Si existe un lugar emblemático con protagonismo importante en Lawrence de Arabia en el que hacer una primera parada, ese es el emblemático Jebel Rum, popularmente conocido como Los Siete Pilares de la Sabiduría, precisamente, en referencia al libro autobiográfico de Lawrence.

Después, la ruta continúa haciéndonos caer rendidos ante tanta fascinación: entre cañones estrechos y llanuras abiertas, pasamos por paredes de roca donde hay grabados antiguos petroglifos nabateos, Wadi Rum cuenta con alrededor de 25.000, además de 20.000 inscripciones talladas en roca. También encontramos restos de rutas caravaneras que nos recuerdan que, este territorio, ya era transitado desde al menos 12.000 años antes de la llegada del cine.

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De hecho, algunas de las escenas más memorables de la película se rodaron en estas extensiones abiertas, donde los jinetes avanzaban durante minutos sin que el paisaje cambiara. Hoy esos jinetes no forman más parte del escenario, sin embargo, con lo que sí que es fácil toparse es con beduinos acompañados de sus camellos.

Vestidos con sus amplios ropajes tradicionales, caminan pacientemente por el vasto territorio seguidos por los animales que, de tanto en tanto, cargan sobre sus jorobas a curiosos viajeros ávidos de experiencias distintas.

Aunque parece inhóspito, el desierto alberga, además, una rica vegetación compuesta por matorrales y plantas aromáticas que han sabido adaptarse al clima árido, y diferentes especies como la cabra Nubia, zorros y algunas aves migratorias.

El atardecer en el Wadi Rum. iStock

Cuando el sol se oculta

Según el sol va descendiendo, el 4x4 se adentra en zonas más remotas del desierto. La arena va adquiriendo tonalidades más oscuras, las sombras se alargan y el silencio, solo roto por el ímpetu del viento y el motor de los demás jeeps con los que nos cruzamos en el camino, se intensifica.

El atardecer en Wadi Rum es, sin duda, uno de los momentos más buscados del periplo. Un decorado con tintes cinematográficos que decidimos disfrutar desde las alturas: tras subir una de las dunas de arena, nos sentamos, simplemente, a contemplar. No es difícil entender por qué este lugar continúa fascinando al mundo incluso más de medio siglo después de aquella cinta.

Una de las habitaciones del Bubble Luxotel Wadi Rum. E. E.

Y llega la oscuridad, y con ella, el descanso. Elegir uno de los múltiples campamentos beduinos repartidos por el vasto paisaje para vivir una noche en el desierto es la opción más acertada. Algunos, como el Bubble Luxotel Wadi Rum, ofrece suites-burbuja de paredes transparentes con vistas incomparables a los valles y montañas, pero también al firmamento: dormir en uno de los lugares con menor contaminación lumínica del globo tiene su recompensa. De hecho, muchos de los resorts y hoteles ofrecen actividades que incluyen la observación de estrellas.

El zarb, la barbacoa tradicional beduina que incluye carnes de cordero, pollo y cabra, además de arroz y verduras, todo cocinado durante horas en un horno bajo tierra, supone el mejor fin de fiesta a un viaje por uno de los desiertos que, fue, es y será, uno de los lugares más legendarios del planeta. Un lugar al que siempre querer regresar.

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    Fuente original: Leer en El Español
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