Al otro lado del espejo
Vinicius celebra con Mbappé el 2-1 de penalti al Rayo Vallecano, con Batalla tendido en el césped.CHEMA REY- ALFREDO RELAÑO
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
De penalti en el 100’ y contra 10, así ganó el Madrid al humilde Rayo. La expulsión fue justa, por un exceso de Pathé Ciss, y el penalti también, porque un despeje fallido de Mendy le llevó a golpear a Brahim, pero del larguísimo descuento tengo más dudas. En este resultado había mucha Liga, cinco puntos de ventaja del Barça a estas alturas ya serían cosa seria, pero aun así lo más importante fue espantar la nube negra que se estaba cerrando sobre el Bernabéu. El Madrid fue tan pobre y triste, hubo tantas fases en que las que manejó el partido el Rayo, que la afición no hubiera soportado el pinchazo.
Pasan los días y no se ve avance. El equipo no acosa, se acomoda en su campo, espera, ataca sin verdadera convicción ni propósito de riesgo, sino confiado en alguna genialidad de Vinicius o Mbappé. Llegó pronto la de Vinicius, un jugadón con golazo y celebración bonita, con el público, como una propuesta de reconciliación. Se le había pitado cuando sonó su nombre y en las primeras intervenciones, pero a partir de ahí cesó el hostigamiento. También se pitó a Bellingham, que no estuvo mucho sobre el campo porque un pinchazo en la parte trasera del muslo le obligó a retirarse. El clásico tirón, que le tendrá fuera tres semanas, probablemente.
Lo decepcionante fue que, tras marcar Vinicius tan pronto y una vez pacificado el ambiente, el equipo no lo aprovechó. Se relajó, mostró apatía y desorden, le dio el campo y el balón al Rayo. La falta de concentración colectiva se comprobó dos veces cuando en sendos córners contra el Rayo el Madrid quedó tan descolocado que provocó contraataques con 70 metros vacíos, sin nadie guardando la viña. Una de las dos ocasiones la salvó un carrerón de Valverde y la otra, el eterno Courtois. Por su parte, Mbappé dispuso de una galopada clara en el que dejó a Batalla en el camino y remató al larguero a puerta vacía.
Sólo con la expulsión de Pathé Ciss y el obligado repliegue rayista le entraron las prisas al Madrid, que atacó en malón en busca de marcar en algún barullo. Lo consiguió con un penalti caído del cielo, pocos minutos después de que Camavinga mandara un cabezazo al palo. Al final, tres puntos salvadores, pero la sensación de que el proyecto Arbeloa no avanza. Del Barça que vimos el sábado al Madrid del domingo hay un mundo.
La pose depre de Simeone
Las cámaras mostraron en el Ciutat de Valencia una insólita imagen del Cholo Simeone pensativo y meditabundo en el banquillo, con aire de hombre derrumbado. “Postureo”, me dijo un amigo atlético algo malpensado. No lo sé. Pero entre su alineación y esa imagen transmitió una especie de grito de socorro. Un algo así como “me estáis vaciando la plantilla, ¿qué puedo hacer yo?”.
66 tiros del Barça a los postes
Desde que está Flick (curso y medio, 94 partidos) el Barça ha marcado 268 goles y estrellado 66 balones en los postes, lo que viene a equivaler a goles que se marchan al limbo. Una cantidad fuera de lo común. En Elche llegó al virtuosismo en esta rara especialidad cuando Lamine mandó el balón al larguero con el pie y al poste con la cabeza en el fugaz lapso de un segundo.
- Real Madrid
- fútbol
- Opinión
- Primera División
- FC Barcelona
- Atlético de Madrid
- Mbappé
- Vinicius Júnior
- Hansi Flick
- Diego Simeone