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Un policía malagueño se cruza en sus vacaciones en Bélgica con el supuesto sicario fugado en otro crimen por error

Un policía malagueño se cruza en sus vacaciones en Bélgica con el supuesto sicario fugado en otro crimen por error
Artículo Completo 852 palabras
El agente y sus compañeros habían arrestado anteriormente al sospechoso, de 17 años, acusado de asesinar con un arma de guerra a un joven en Fuengirola, pero quedó en libertad al agotarse el plazo máximo del internamiento cautelar
Un policía malagueño se cruza en sus vacaciones en Bélgica con el supuesto sicario fugado en otro crimen por error

El agente y sus compañeros habían arrestado anteriormente al sospechoso, de 17 años, acusado de asesinar con un arma de guerra a un joven en Fuengirola, pero quedó en libertad al agotarse el plazo máximo del internamiento cautelar

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Juan Cano

Málaga

29/09/2026 a las 06:15h.

Al menor S. lo han detenido dos veces por el mismo asesinato. La primera fue fruto de una complejísima investigación internacional dirigida desde Málaga en ... la que colaboraron policías de élite de varios países. La segunda, después de que el adolescente se fugara de España, se produjo por una extraordinaria casualidad: uno de esos agentes viajó a Bélgica a pasar unas vacaciones en Bélgica y se lo cruzó por la calle.

Efectivamente, era él. S. Para más señas, un adolescente de 17 años al que habían detenido meses atrás por acribillar a tiros a un joven con un fusil de asalto en la calle de atrás de un club de cannabis en Fuengirola. Otra casualidad en la historia: como en el caso de Barcenillas, aparentemente también fue un crimen por error. En la investigación de aquella muerte, los agentes de la Udyco-Costa del Sol acabaron convencidos de que el sicario -presuntamente, S.- y sus cómplices se habían equivocado de objetivo y mataron a otra persona. Hasta la escena se había alterado: un ladrón encontró el cadáver tiroteado y le robó sus pertenencias.

A S. lo arrestaron por aquel crimen en Bélgica, lo trajeron a España y lo internaron en un centro de reforma con carácter cerrado. Lo mantuvieron allí el periodo máximo que permite la Ley del Menor en España, que es de ocho meses. Transcurrido ese tiempo, y con la instrucción judicial aún por terminar, no tuvieron más remedio que ponerlo en libertad, aunque le advirtieron de que debía quedarse en España y comparecer en la Fiscalía cuando se le citara. Evidentemente, no lo hizo.

La decisión judicial, pese a estar impuesta por los márgenes de la ley, cayó como un jarro de agua fría sobre los investigadores, que habían conseguido resolver un caso tremendamente difícil y poner ante la Justicia a los presuntos responsables del asesinato, un ajuste de cuentas por encargo que se cerró en otro país y se ejecutó en la Costa del Sol. S. se esfumó sin dejar rastro en España y los agentes se resignaron a que el crimen pudiera quedar impune.

Y ahora, en una calle oscura del Centro de Gante, un investigador de Málaga que estaba de vacaciones con su familia tenía ante sí a S., que paseaba tranquilamente con sus amigos.

El policía no tenía margen de actuación. No había orden internacional ni europea de detención y, además, estaba fuera de España. Pero podía seguirlo. El agente optó por caminar tras él a una distancia prudencial mientras, discretamente, le hacía un par de vídeos y unas fotos. Con el corazón a mil, pensaba para sus adentros que nadie en el grupo lo iba a creer.

Caminó tras él un par de kilómetros por las calles de Gante hasta que observó que se adentraba en un barrio de la periferia. Sabía que era el presunto asesino, sabía también que se había fugado, pero al no haber una orden contra él no podía actuar. Lo que sí podía hacer, y lo hizo, fue compartir la información con sus compañeros en el chat de trabajo. A todos les costó dar crédito a la casualidad.

Al día siguiente, los policías de la Udyco comprobaron que justo en esas fechas un juzgado holandés -país de origen de la víctima del tiroteo de Fuengirola- había dictado una orden europea de busca y captura contra S., solo que aún no se la habían comunicado. Con ese documento en la mano, se le podía volver a arrestar.

El agente contó con sus homólogos en Holanda y Bélgica, con los que mantienen una línea de trabajo fluida en las investigaciones relacionadas con el crimen organizado, y les informó de su encuentro. Les proporcionó imágenes y les indicó con exactitud las horas y los puntos del itinerario por los que pasaron, incluidas las cámaras de videovigilancia que había en la zona. Esa información fue clave. A las 48 horas, S. volvía a ser detenido por el crimen de Fuengirola, solo que esta vez quedó a disposición del juzgado holandés que dictó la orden, y que a partir de ahora asumirá la investigación de la causa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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