Cátedra Jean Monnet-Esade
22/08/2026 Actualizado a las 18:58h.Las elecciones de noviembre en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina y pueden suponer el principio del fin del poder omnímodo de ... Donald Trump. En estas semanas se completan las primarias para elegir a los candidatos al Congreso y a los gobiernos estatales. El coste de la vida, el precio de la gasolina y la baja popularidad del presidente (un 32%), que no sabe cómo salir airoso del conflicto con Irán, permiten aventurar una victoria del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes. Si además consiguiese recuperar el Senado, dispondría de muchos medios para bloquear la legislación y los presupuestos impulsados por los republicanos. También podría poner en marcha comisiones de investigación sobre el rosario de conflictos de intereses en la Casa Blanca. Trump ha ganado más dinero haciendo negocios en los primeros doce meses de su segundo mandato que en cualquier año de su vida empresarial.
Por su parte, el Partido Republicano sigue controlado de forma sólida por Trump y su familia, que quitan, ponen y financian candidatos. Ya no es el partido de Ronald Reagan. La antigua formación conservadora ha mutado en un culto trumpista y en movimiento revolucionario. Defiende el intervencionismo y el nacionalismo económico en vez del libre mercado, el aislacionismo por encima de la proyección internacional del país y el cierre de las fronteras a la inmigración. Asimismo, la expansión del poder ejecutivo y la puesta en práctica de una agenda social y cultural inspirada por la derecha MAGA, que impugna los valores de la democracia liberal y de la modernidad. A los demócratas les puede ir bien en noviembre con un mensaje menos unificado y adaptado a distintos grupos de votantes, pero no deben confiarse. Trump en campaña es siempre un rival formidable.
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