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Un rebaño de animales tímidos

Un rebaño de animales tímidos
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Animales de compañía

Un rebaño de animales tímidos Regala esta noticia

Juan Manuel De Prada

30/04/2026 a las 14:30h.

Hace algún tiempo asistí excepcionalmente a uno de esos saraos que el llamado 'mundo de la cultura' organiza para repartir (para repartirse) premios. Me impresionó ... mucho comprobar cómo todos los premiados repetían como papagayos las mismas consignas, cómo todos prodigaban en sus discursos los mismos tópicos mugrientos, cómo todos abogaban por las mismas causas sistémicas. Sin embargo, aún más sobrecogedora que esta machaconería propia de papagayos era la intensidad y el entusiasmo que empleaban en la repetición de la misma alfalfa. Todos ellos, al repetir los mismos tópicos archisabidos, creían estar formulando pensamientos originales y valiosos; todos ellos, defendiendo causas facilonas, creían estar mostrando un desmedido coraje; todos ellos, profiriendo eslóganes estereotipados, creían estar siendo 'auténticos'.

El 'mundo de la cultura' lo componen personas en general ignaras y botarates

Aquellas gentes del 'mundo de la cultura' eran la viva imagen de ese rebaño avizorado por Tocqueville. No hacían sino regurgitar las consignas del Régimen, pero no lo hacían de modo mohíno, como ocurriría en cualquier dictadura antañona, o ideando circunloquios o eufemismos para escaquearse, sino de forma exultante y franca, mostrando una adhesión plena, un conformismo sin grietas ni dubitaciones; y, además, se notaba que todos se creían los hombres y mujeres más valientes del universo por repetir tales bazofias bochornosas, que por supuesto no les provocaban ningún bochorno, sino un orgullo que no les cabía en el pecho. Su propia conciencia, moldeada por el Régimen, se había convertido en carcelera de su pensamiento.

De vez en cuando, por hacer menos tedioso el desfile de premiados, los organizadores del sarao proyectaban imágenes de películas, algunas recientes, otras pretéritas. En un momento dado, se proyectaron imágenes de El verdugo, la obra maestra de Luis García Berlanga. Me pregunté entonces si hoy sería posible hacer una película semejante, una comedia que fuese a la vez una sátira política y una crítica social, eligiendo como asunto de fondo una realidad macabra instituida por el Régimen y pacíficamente aceptada por las masas cretinizadas. Me pregunté si en España hoy se podría rodar, por ejemplo, una comedia negra protagonizada por un médico eutanasiador a punto de jubilarse que trata de convencer a un médico bisoño y deseoso de salvar vidas para que siga sus pasos. Una película que mostrase cómo el eutanasiador veterano es invitado a todos los congresos porque así los organizadores obtienen subvención gubernativa; pero donde el resto de médicos lo miran con grima y aprensión. Una película donde los pacientes del hospital donde trabaja el médico eutanasiador huyen, temerosos de que les inyecten en el suero un chute de midazolam que los envíe al otro barrio. Una película donde finalmente el médico bisoño acabe hecho una piltrafa después de acceder a apiolar, por presiones del médico veterano, a una jovencita que ha solicitado la eutanasia afectada por una terrible depresión. Nadie podría filmar una película así en España hoy; nadie querría producirla, nadie querría dirigirla, nadie querría interpretarla. Así que hemos de convenir que la tiranía que hoy padecen nuestras conciencias es infinitamente más implacable y sojuzgadora que la que padecieron nuestros abuelos. Comprendo que aceptar esta verdad terrible resulte muy desagradable; pero ya saben las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan que yo no escribo para halagar conciencias ni para regurgitar tópicos sistémicos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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