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Un rugido aterrador ha llegado a la guerra: qué demonios es el C-RAM, el sistema más “ciencia ficción” que tiene EEUU

Un rugido aterrador ha llegado a la guerra: qué demonios es el C-RAM, el sistema más “ciencia ficción” que tiene EEUU
Artículo Completo 1,225 palabras
De un tiempo a esta parte, al llegar la noche en medio de guerras o conflictos bélicos hay sonidos que se quedan grabados para siempre. No son explosiones ni sirenas: es un ruido mecánico que parecen venir de otro mundo. De hecho, recuerdan mucho al bramido metálico que Spielberg imaginó para anunciar la llegada de los alienígenas en War of the Worlds.  Solo que, esta vez, no es cine. Y está ocurriendo de verdad. El rugido que no se olvida. Ocurrió hace dos días. En la noche de Bagdad, cuando suenan las sirenas y el cielo parece tranquilo durante unos segundos, hay un sonido que corta el aire como si fuera una sierra mecánica gigante. No es un avión ni una explosión convencional: es el C-RAM entrando en acción. Ese estruendo, descrito muchas veces por quienes lo han escuchado como un rugido metálico casi irreal, es el sonido de miles de proyectiles disparados en cuestión de segundos para destruir cohetes, drones o morteros antes de que caigan sobre una base o una embajada.  Hace apenas unos días volvió a escucharse en la embajada estadounidense en Bagdad, cuando un ataque con cohetes Katyusha activó el sistema defensivo. Según Reuters, fue un ataque de las milicias iraquíes alineadas con Irán. Las sirenas sonaron, el arma se puso en marcha y uno de los proyectiles fue destruido en pleno vuelo antes de alcanzar el complejo diplomático. El resultado fue el mismo que en muchas otras ocasiones: ningún impacto dentro del recinto. Pero el episodio volvió a recordar por qué el sonido se ha convertido en uno de los más inquietantes de la guerra moderna. En Xataka El mismo día que EEUU amenazó a España y dijo que no necesitaba la base de Rota, EEUU invirtió 13 millones en ampliar la base de Rota El origen naval. El C-RAM (siglas de Counter Rocket, Artillery and Mortar) no nació originalmente para proteger ciudades ni embajadas, sino barcos de guerra. Su corazón tecnológico proviene del sistema Phalanx de la Marina estadounidense, desarrollado en los años setenta para derribar misiles antibuque que se aproximaban a gran velocidad.  Aquella defensa automática se basaba en un concepto simple y brutalmente eficaz: un radar detecta la amenaza, calcula su trayectoria y una ametralladora rotatoria abre fuego de manera automática para crear un muro de proyectiles que destruye el objetivo antes de que impacte. Con el tiempo, el Pentágono comprendió que ese mismo principio podía aplicarse en tierra firme para proteger bases militares expuestas a ataques con morteros o cohetes improvisados, una amenaza constante en conflictos como Irak o Afganistán. Disparar como una tormenta. El elemento más visible del sistema es su cañón M61 Vulcan, una ametralladora Gatling de seis tubos capaz de disparar alrededor de 4.500 proyectiles de 20 milímetros por minuto. Esa cadencia bestial es precisamente la razón de su sonido tan característico. Cuando el sistema entra en acción, el giro de los cañones y el disparo continuo generan un rugido mecánico que recuerda a una mezcla entre una motosierra y una turbina.  No es un simple efecto acústico: el arma necesita lanzar una auténtica nube de proyectiles para aumentar las probabilidades de destruir un cohete o un mortero en pleno vuelo. Cada disparo utiliza munición explosiva con autodestrucción programada para evitar que los proyectiles caigan intactos sobre zonas pobladas si no alcanzan su objetivo. Un paraguas tecnológico. Detrás de ese cañón hay en realidad una red completa de sensores, radares y sistemas de mando. El C-RAM no es solo un arma, sino una arquitectura defensiva que combina radares de detección de morteros, sistemas de control de fuego y estaciones de mando capaces de analizar trayectorias en segundos.  Cuando un radar detecta un cohete o un proyectil de artillería, calcula su ruta y determina si impactará en una zona protegida. Solo entonces el sistema activa el cañón y dispara automáticamente. En cuestión de segundos, el arma rastrea el objetivo, corrige su puntería y abre fuego. Todo ese proceso ocurre tan rápido que para quienes están en el suelo solo existe una secuencia: la sirena, el rugido metálico del cañón y una explosión en el cielo. La defensa de la Zona Verde. El sistema fue desplegado por primera vez hace años en Irak para proteger la llamada Zona Verde de Bagdad, el enclave donde se encuentra la embajada estadounidense y gran parte de la infraestructura diplomática y militar occidental. Desde entonces ha interceptado cientos de cohetes y proyectiles lanzados por milicias insurgentes.  En pruebas y operaciones reales ha demostrado poder destruir entre el 70 y el 80% de los proyectiles dentro de su área de cobertura, lo que lo convierte en una de las defensas de punto más eficaces del mundo. Cada unidad cuesta entre diez y quince millones de dólares, pero su verdadero coste está en la munición: cada interceptación puede consumir decenas de miles de dólares en proyectiles. Ciencia ficción de la guerra moderna. Lo que hace al C-RAM tan peculiar no es solo su eficacia, sino la experiencia que genera cuando entra en acción. En cuestión de segundos, el cielo se llena de trazadoras que dibujan líneas de fuego hacia un punto invisible mientras el arma ruge con una intensidad casi surrealista.  Para quienes están cerca, el efecto es tan impresionante que muchos lo describen como una escena sacada de una película de ciencia ficción. Sin embargo, esa demostración tecnológica tiene una función muy concreta: impedir que armas baratas como cohetes improvisados o morteros puedan causar víctimas en bases y complejos diplomáticos. En Xataka Imágenes satelitales no dejan lugar a dudas: ha llovido tanto que Marruecos no se veía tan verde desde hace una década Anunciando la guerra. Sea como fuere, el ataque con cohetes contra la embajada estadounidense en Bagdad esta semana ha vuelto a recordar el papel de este sistema en los conflictos actuales.  Enmarcado directamente en la guerra de Irán, aunque uno de los cohetes fue interceptado antes de caer dentro del recinto y no hubo víctimas, el episodio confirmó algo que los soldados y diplomáticos estadounidenses llevan años sabiendo: cuando suena ese rugido metálico en la noche, significa que el escudo defensivo está funcionando.  Y también que la guerra está mucho más cerca de lo que parecía segundos antes. Imagen | United States Air Force  En Xataka | Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa En Xataka | Irán ha pasado décadas excavando sus “ciudades de misiles”. Imágenes satelitales acaban de revelar que son una trampa mortal - La noticia Un rugido aterrador ha llegado a la guerra: qué demonios es el C-RAM, el sistema más “ciencia ficción” que tiene EEUU fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
Un rugido aterrador ha llegado a la guerra: qué demonios es el C-RAM, el sistema más “ciencia ficción” que tiene EEUU

Cuando el sistema libera decibelios, la guerra está mucho más cerca de lo que parecía segundos antes

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Miguel Jorge

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De un tiempo a esta parte, al llegar la noche en medio de guerras o conflictos bélicos hay sonidos que se quedan grabados para siempre. No son explosiones ni sirenas: es un ruido mecánico que parecen venir de otro mundo. De hecho, recuerdan mucho al bramido metálico que Spielberg imaginó para anunciar la llegada de los alienígenas en War of the Worlds

Solo que, esta vez, no es cine. Y está ocurriendo de verdad.

El rugido que no se olvida. Ocurrió hace dos días. En la noche de Bagdad, cuando suenan las sirenas y el cielo parece tranquilo durante unos segundos, hay un sonido que corta el aire como si fuera una sierra mecánica gigante. No es un avión ni una explosión convencional: es el C-RAM entrando en acción. Ese estruendo, descrito muchas veces por quienes lo han escuchado como un rugido metálico casi irreal, es el sonido de miles de proyectiles disparados en cuestión de segundos para destruir cohetes, drones o morteros antes de que caigan sobre una base o una embajada. 

Hace apenas unos días volvió a escucharse en la embajada estadounidense en Bagdad, cuando un ataque con cohetes Katyusha activó el sistema defensivo. Según Reuters, fue un ataque de las milicias iraquíes alineadas con Irán. Las sirenas sonaron, el arma se puso en marcha y uno de los proyectiles fue destruido en pleno vuelo antes de alcanzar el complejo diplomático. El resultado fue el mismo que en muchas otras ocasiones: ningún impacto dentro del recinto. Pero el episodio volvió a recordar por qué el sonido se ha convertido en uno de los más inquietantes de la guerra moderna.

En XatakaEl mismo día que EEUU amenazó a España y dijo que no necesitaba la base de Rota, EEUU invirtió 13 millones en ampliar la base de Rota

El origen naval. El C-RAM (siglas de Counter Rocket, Artillery and Mortar) no nació originalmente para proteger ciudades ni embajadas, sino barcos de guerra. Su corazón tecnológico proviene del sistema Phalanx de la Marina estadounidense, desarrollado en los años setenta para derribar misiles antibuque que se aproximaban a gran velocidad. 

Aquella defensa automática se basaba en un concepto simple y brutalmente eficaz: un radar detecta la amenaza, calcula su trayectoria y una ametralladora rotatoria abre fuego de manera automática para crear un muro de proyectiles que destruye el objetivo antes de que impacte. Con el tiempo, el Pentágono comprendió que ese mismo principio podía aplicarse en tierra firme para proteger bases militares expuestas a ataques con morteros o cohetes improvisados, una amenaza constante en conflictos como Irak o Afganistán.

Disparar como una tormenta. El elemento más visible del sistema es su cañón M61 Vulcan, una ametralladora Gatling de seis tubos capaz de disparar alrededor de 4.500 proyectiles de 20 milímetros por minuto. Esa cadencia bestial es precisamente la razón de su sonido tan característico. Cuando el sistema entra en acción, el giro de los cañones y el disparo continuo generan un rugido mecánico que recuerda a una mezcla entre una motosierra y una turbina. 

No es un simple efecto acústico: el arma necesita lanzar una auténtica nube de proyectiles para aumentar las probabilidades de destruir un cohete o un mortero en pleno vuelo. Cada disparo utiliza munición explosiva con autodestrucción programada para evitar que los proyectiles caigan intactos sobre zonas pobladas si no alcanzan su objetivo.

Un paraguas tecnológico. Detrás de ese cañón hay en realidad una red completa de sensores, radares y sistemas de mando. El C-RAM no es solo un arma, sino una arquitectura defensiva que combina radares de detección de morteros, sistemas de control de fuego y estaciones de mando capaces de analizar trayectorias en segundos. 

Cuando un radar detecta un cohete o un proyectil de artillería, calcula su ruta y determina si impactará en una zona protegida. Solo entonces el sistema activa el cañón y dispara automáticamente. En cuestión de segundos, el arma rastrea el objetivo, corrige su puntería y abre fuego. Todo ese proceso ocurre tan rápido que para quienes están en el suelo solo existe una secuencia: la sirena, el rugido metálico del cañón y una explosión en el cielo.

La defensa de la Zona Verde. El sistema fue desplegado por primera vez hace años en Irak para proteger la llamada Zona Verde de Bagdad, el enclave donde se encuentra la embajada estadounidense y gran parte de la infraestructura diplomática y militar occidental. Desde entonces ha interceptado cientos de cohetes y proyectiles lanzados por milicias insurgentes. 

En pruebas y operaciones reales ha demostrado poder destruir entre el 70 y el 80% de los proyectiles dentro de su área de cobertura, lo que lo convierte en una de las defensas de punto más eficaces del mundo. Cada unidad cuesta entre diez y quince millones de dólares, pero su verdadero coste está en la munición: cada interceptación puede consumir decenas de miles de dólares en proyectiles.

Ciencia ficción de la guerra moderna. Lo que hace al C-RAM tan peculiar no es solo su eficacia, sino la experiencia que genera cuando entra en acción. En cuestión de segundos, el cielo se llena de trazadoras que dibujan líneas de fuego hacia un punto invisible mientras el arma ruge con una intensidad casi surrealista. 

Para quienes están cerca, el efecto es tan impresionante que muchos lo describen como una escena sacada de una película de ciencia ficción. Sin embargo, esa demostración tecnológica tiene una función muy concreta: impedir que armas baratas como cohetes improvisados o morteros puedan causar víctimas en bases y complejos diplomáticos.

En XatakaImágenes satelitales no dejan lugar a dudas: ha llovido tanto que Marruecos no se veía tan verde desde hace una década

Anunciando la guerra. Sea como fuere, el ataque con cohetes contra la embajada estadounidense en Bagdad esta semana ha vuelto a recordar el papel de este sistema en los conflictos actuales. 

Enmarcado directamente en la guerra de Irán, aunque uno de los cohetes fue interceptado antes de caer dentro del recinto y no hubo víctimas, el episodio confirmó algo que los soldados y diplomáticos estadounidenses llevan años sabiendo: cuando suena ese rugido metálico en la noche, significa que el escudo defensivo está funcionando. 

Y también que la guerra está mucho más cerca de lo que parecía segundos antes.

Imagen | United States Air Force 

En Xataka | Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa

En Xataka | Irán ha pasado décadas excavando sus “ciudades de misiles”. Imágenes satelitales acaban de revelar que son una trampa mortal

Fuente original: Leer en Xataka
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