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Un rumor: la última de Morante en Sevilla

Un rumor: la última de Morante en Sevilla
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Sonado fiasco de una corrida impropia de Garcigrande. Inédito con el capote, Morante firma una espléndida docena de muletazos con un toro reservón y corta por lo sano con un sobrero descompuesto
Un rumor: la última de Morante en Sevilla

Sonado fiasco de una corrida impropia de Garcigrande. Inédito con el capote, Morante firma una espléndida docena de muletazos con un toro reservón y corta por lo sano con un sobrero descompuesto

Regala esta noticia Añádenos en Google El diestro Morante de La Puebla con su primer toro en la corrida de la Feria de San Miguel,. (EFE)

Barquerito

28/09/2026 a las 00:20h.

Después de rematar y desmontar el estribo del burladero de capotes apenas salido, el primero de Garcigrande, castaño lombardo, rellenito, bien hecho, devino en toro ... extraordinariamente abanto. Remiso, distraído y frío, no quiso ni catar el capote de Morante, volvió contrario y se soltó a punto de huirse. Muy pegado en un primer puyazo de doble ración, pero encelado en el peto, cobró todavía un segundo de castigo.

Ni uno por la izquierda por donde no hizo otra cosa el toro que probar. Tras una pausa de meditación, Morante abrochó con toreo de pitón a pitón, tan caro de ver ahora, y una estocada atravesada. La banda de Tejera, que tan poco le quiere, se quedó mudita. A Morante lo sacaron a saludar. Y saludó desde la boca del burladero, tributo a formas de otra época. Para el cuarto toro le habían reservado los músicos el Suspiros de España, tan de ceremonial. Pero no hubo caso.

Ni el cuarto, que volvió el caballo en un puyazo tomado por libre mientras Morante y su gente reclamaban su devolución por reparado de la vista, y el palco cedió en medio de una creciente protesta, ni menos todavía el cuarto bis, sobrero lustroso y descarado que se frenó a los capotes, pero, descompuesto, cobró lo que no está escrito en dos puyazos a la defensiva, esperó y perdió las manos en banderillas y le duró vivo a Morante minuto y medio. «¡Mátalo!». Y a la primera.

La primera y la última porque, como reguero de pólvora, corrió el rumor de que sin dar un cuarto al pregonero Morante tenía decidido que el cuarto toro de la corrida fuera el de su despedida de Sevilla. Se había comentado que para la ocasión iba a estrenar un terno inspirado en otro que Gallito estrenó en Lima hace más de un siglo. Un modelo fuera de catálogo. Nada. Un rabioso bermellón y oro que parecía de estreno. El toro del adiós o hasta la próximo fue pitado con fuerza en el arrastre. Lo había sido con menos motivo un tercero demasiado terciado que galopó de partida y hasta metió la cara, pero se vino abajo clamorosamente y, afligido, terminó reculando. Borja Jiménez no le dio la menor opción.

Cumplida media corrida con su imprevista propina, el espectáculo estaba bajo mínimos. Morante, protagonista, pero el chasco era de época, es decir, de los que tardarán en olvidarse. Con la moral a prueba de bomba, Daniel Luque hizo muchas de las cosas que sabe hacer con el segundo garcigrande, lo pasó y repasó en un palmo de terreno, a su antojo, con la autoridad que lo distingue, pero, justo de poder, el toro acabó metiendo la cara entre las manos y pidiendo la cuenta. Los dos quites que después de varas firmaron Luque, por tijerillas, y Borja por chicuelinas, le quitaron, y nunca mejor dicho, la docena de viajes que, fuera de las rayas, tal vez tuviera el toro en la reserva.

Y casi al calco después, con un hermoso quinto burraco, que antes del caballo, se lanzó en las cinco verónicas de recibo cosidas con tres chicuelinas y abrochadas con un lánguida larga traída por delante. De nuevo quites largos, un exceso. Luque, por una suerte de propia invención, soltando el capote a una mano, y Borja, por delantales rematados no con una media sino dos y casi tres. Una faena de serios propósitos - ayudados encadenados en tablas de partida- pero frustrada por la elección de terrenos y el propio fondo del toro, que se fue apagando sin disimulo. Luque cerró columpiándose entre pitones, pero sin despertar sospechas ni asustar a nadie. Mató de un sopapo fantástico. El sexto se echó dos veces o tres y la gente perdió la paciencia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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