LA TRIBUNA
Un siglo de Félix RevelloTengo para mí que la luz que reverbera sobre estas telas blancas es mediterránea
Regala esta noticia Añádenos en GoogleSEBASTIÁN GÁMEZ MILLÁN. PROFESOR Y ESCRITOR
11/06/2026 a las 02:00h.Si ya es improbable que se acuerden de uno al cumplirse el centenario del nacimiento, todavía es más excepcional que esté vivo y que le ... dediquen un busto público en el jardín del Hospital Noble de Málaga donde nació. Claro que Félix Revello del Toro ha recibido numerosos honores: Premio Nacional de Pintura Rafael de Penagos, miembro de la Real Academia de San Telmo de Málaga, de la de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, de la Real Academia de las Artes y las Ciencias de Barcelona, Llave de Oro de Barcelona, Medalla de Oro e hijo predilecto de Málaga y Andalucía... además de una calle, un colegio público y el Museo que custodia 142 obras del pintor, la mayoría de ellas expuestas.
Quienes conocen por primera vez ¡Primera comunión' o 'Ciencia y caridad', de Picasso, se sorprenden al compararlo con imágenes más icónicas como las de Guernica o Las señoritas de Avignon: '¡Pero si sabía dibujar!'. Infatigable experimentador, ciertamente, si Picasso no hubiera descubierto el cubismo, rompiendo con la perspectiva dominante desde el Renacimiento, así como el ensamblaje o el collage, hubiera sido un buen pintor, pero no ocuparía el lugar primordial que ocupa en la historia del arte del siglo XX.
Se diría que Félix Revello ha continuado por los caminos de la figuración, tan arraigados en la tradición hispánica, y que son inagotables e insondables, como la realidad, que por mucho que la expliquemos desde diversos puntos de vista científicos sigue siendo un misterio. Según María Zambrano, «el realismo español no es otra cosa como conocimiento que un estar enamorado del mundo, prendido de él». Al menos desde las vanguardias, que se abren con el cubismo de Picasso, preludiado por Cézanne, padecemos el prejuicio de que las obras que no innovan desde un punto de vista formal, no son arte nuevo ni moderno ni original... Sin embargo, el propio Picasso declaró que el verdadero arte carece de tiempo o es atemporal. ¿Acaso las pinturas de Altamira o Lascaux, las pirámides, el Partenón o el Panteón, no poseen el poder de seguir interpelándonos con una fuerza asombrosa?
La catedrática de Historia del Arte y actual presidenta de la Real Academia de San Telmo de Málaga, Rosario Camacho, rememoraba ante los blancos de Revello de Toro al San Serapio de Zurbarán, esos blancos que tanto cautivaban también a María Zambrano. Tengo para mí que la luz que reverbera sobre estas telas blancas es mediterránea y, en este sentido, es menos sobria, más sensual, acorde a la de Sorolla. Uno de los temas predilectos del pintor son las figuras femeninas, tan elegantes como misteriosas y sensuales, muchas veces de espaldas, como Eurídice. Al final del recorrido por el museo contamos con un ejemplo incontestable de ello, Sumida en el sueño, certera aliteración de un erotismo erizante donde una vez más retrata a su mujer. ¿Pintura burguesa? Otro prejuicio. Este término ya no significa aquello que se denunciaba en la época de Marx. ¿Equivale la burguesía de entonces a lo que actualmente es la clase media? Quizá no tanto, pero quién no estaría de acuerdo con que es preferible que haya más clase media, más burguesía, mejores condiciones materiales de vida.
A juicio de Rosario Camacho, «Félix Revello es un pintor de depurada sensibilidad y, el bodegón, manjar exquisito, es un género por el que ha mostrado predilección y nos ha dejado obras espléndidas». Se diría que en ellos encontramos el tiempo detenido y recobrado, la vida del silencio, vida más allá de la vida. En el autorretrato que podemos contemplar en su museo, armado con el pincel y la paleta de colores, las herramientas de su oficio, mira fijamente al espectador: pintando se ha pintado a sí mismo, uno llega a ser el que es, imperativo de Píndaro, creando su obra; pintando ha logrado levantar un mundo que identificamos con su nombre y que ya no es sólo suyo, sino también nuestro. Esto es lo que hoy celebramos en el centenario de su nacimiento. Larga y fecunda vida, maestro.
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