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Una acera en Aragón, otra en Cataluña: "En una casa abrieron otra puerta para sacar al muerto por Huesca y pagar menos impuestos"

Una acera en Aragón, otra en Cataluña: "En una casa abrieron otra puerta para sacar al muerto por Huesca y pagar menos impuestos"
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La frontera atraviesa Puente de Montañana, donde los vecinos pueden elegir si ir al médico a una CCAA u otra Leer

Jorge Bordes, el alcalde de Puente de Montañana (Huesca), se coloca al principio de la calle de Tremp y extiende los brazos. La calle es tan estrecha -no más de dos metros mide- que prácticamente toca las paredes de las casas de uno y otro lado con las puntas de los dedos, de modo que los de una mano los tiene en Aragón y los de la otra en Cataluña. Hace nada, cuenta, estuvo visitando el pueblo el presidente de la diputación de Huesca, Isaac Claver, quien se sorprendió mucho cuando, llegados a este punto, el alcalde le señaló la hilera de viviendas de la izquierda de la calle, la que ocupan los números impares. «Aquí mandas tú», le dijo para girarse luego hacia las casas pares: «Y aquí ya no». En el lado derecho de la calle de Tremp no manda el presidente de la diputación de Huesca ni tampoco el presidente de Aragón, Jorge Azcón, puesto que esas viviendas pertenecen al municipio del mismo nombre, Tremp, que está a unos 28 kilómetros de distancia, ya en la provincia catalana de Lleida. La frontera que separa ambas comunidades autónomas serpentea por Puente de Montañana y ello supone que al dar un paseo por el pueblo se entra y sale de Aragón a Cataluña y viceversa varias veces sin saberlo.

El alcalde apunta ahora con el paraguas hacia el número 6 de la calle Tremp, hacia la vivienda que tiene una placa en la fachada en la que se lee «casa Seladó». «Aquí ocurrió que murió una persona y como la puerta principal daba a Cataluña abrieron una puerta en el lateral de Aragón para sacar al fallecido por ahí y pagar menos impuestos», dice.

Para ilustrar las peculiaridades que tiene vivir en un pueblo dividido entre dos regiones los vecinos cuentan esa anécdota -no sabe Jorge Bordes decir quién era el muerto ni cuándo pudieron suceder los hechos de ser ciertos- y a otra mucho más reciente y contrastada. Durante el tiempo que estuvieron prohibidos los desplazamientos entre comunidades autónomas por la pandemia de la Covid-19, los de la calle Tremp lo rompían cambiándose de acera sin consecuencias pero más difícil lo tenían los vecinos de las afueras que están en territorio catalán, como Joana, puesto que se puso vigilancia policial en el puente sobre el río que cruza la localidad, el Noguera Ribagorzana. «Aquí, cuando hay un accidente, por ejemplo, llamas al 112 y hay veces que te responden los de emergencias de Cataluña y otras los de Aragón», cuenta el alcalde.

Puente de Montañana suele acaparar el foco mediático por tener la icónica calle transfronteriza pero las particularidades que se dan aquí, como lo de las Urgencias, se reproducen en el resto de localidades aragonesas cercanas a la linde catalana, territorio que se extiende a lo largo de 225 kilómetros y que se conoce como La Franja.

A Puente de Montañana acudieron a finales de noviembre de 2024 el consejero de Sanidad del Gobierno de Aragón, José Luis Bancalero, y la consellera de Salut de la Generalitat de Cataluña, Olga Pané Mena, para firmar precisamente la renovación del convenio de colaboración en urgencias y emergencias existente desde 2005. El acuerdo básicamente consiste en que ambas comunidades se comprometen a aportar los medios de los que disponen en estas zonas limítrofes y a que se utilice el más óptimo según el caso. El convenio afecta a 82 municipios fronterizos: 46 de Aragón y 36 de Cataluña.

Ana Bergua frente a su casa, ubicada en Cataluña según el trazado de la frontera.

En la firma estuvo presente Jorge Bordés, que es alcalde de Puente de Montañana por el PSOE desde hace un par de años. Regenta en el pueblo el restaurante casa Pallás y aún saca tiempo para hacer de artesano cholocatero: unas 50.000 tabletas de 168 variedades distintas elabora cada año sin más manos que las suyas y las de su esposa. El pueblo en el que gobierna tiene 95 habitantes en la zona aragonesa y una decena en la catalana, pero la mayoría de las casas en territorio de Cataluña son segundas residencias de gente que vive habitualmente en Lleida o Barcelona, pasan en Puente de Montañana fines de semana y vacaciones pero no están censados aquí.

Cuando entramos en su restaurante, el alcalde está hablando por teléfono, en catalán, concretamente en catalán ribagorzano, «una lengua con raíces medievales que apenas hablan un centenar de personas», se explica en un reportaje sobre este curioso dialecto. «Cuando vamos a Cataluña hay palabras que no nos entienden, prácticamente el 30%», dice Bordes. «Y otro problema es que lo escribimos como lo hablamos». Se calcula que unos 80.000 aragoneses son catalanoparlantes.

Hemos llegado a Puente de Montañana con el convencimiento de que convendrá más vivir en el lado catalán, de que los residentes al otro lado de la frontera dispondrán de más recursos que los aragoneses. Aún está reciente la propuesta del Gobierno sobre el nuevo sistema de financiación autonómica, del que Cataluña saldría como una de las grandes beneficiadas. Así, en 2017 recibiría 4.846 millones de euros más de lo que obtiene con el modelo vigente. La cifra supone unos 600 euros más por habitante, lo que obligatoriamente debe de traducirse en mejores servicios para su población.

Pronto nos damos cuenta de que a los puentinos les es indiferente estar empadronados aquí o allá, ya que las necesidades diarias que más les importan, como la sanidad y la educación, se las sirve Cataluña. El centro de salud que les corresponde está en la localidad aragonesa de Benabarre -a unos 20 minutos en coche- pero para las especialidades pueden elegir entre ir a Barbastro -en la provincia de Huesca, unos 50 minutos- o a Tremp -en Lleida, a 35 minutos-. «La gente elige Tremp porque hay menos lista de espera. En Barbastro a lo mejor estás tres meses esperando y en Tremp en 15 días te llaman», nos dice el alcalde.

«Basta de imposición del castellano», han escrito en un muro en las afueras.

Durante el paseo por el pueblo otra vecina ahondará en las ventajas de poder disponer de los servicios sanitarios de Cataluña y Aragón. «A los especialistas podemos ir a Viella [en el Valle de Arán, Cataluña], a Barbastro [Aragón] o a Tremp [Cataluña]. Yo voy a las tres: al otorrino en Viella, al ginecólogo en Tremp y al endocrino en Barbastro. ¿No hay endocrino en Tremp? Pues te vas a Barbastro ¿El cardiólogo de Tremp es muy bueno? Pues lo pides allí», explica la mujer, quien corrobora que en Cataluña la atención es más rápida. «Mi suegro lleva un año en lista de espera para el oftalmólogo. Entonces te vas al de cabecera y le dices: 'Mira, que tengo esta lista de espera en Barbastro' y te pide la cita en Tremp. A veces, haces doble visita, en los dos lados», detalla.

No es obstáculo el idioma puesto que los habitantes de la Franja manejan con soltura el catalán y aunque sí refieren algún inconveniente de tener la sanidad aquí y allí parece fácilmente sorteable. «Como cada consejería de Sanidad tiene un programa informático diferente. Los especialistas de un lado no pueden ver los informes del otro. Sí los puedes imprimir pero tu médico de cabecera, por ejemplo, no puede consultarlos. Se tiene que fiar de lo que le dices: 'Pues el endocrino me ha dicho tal, el ginecólogo me ha dicho cual...'. Si te hacen una prueba de diagnóstico en Cataluña, te la tiene que dar en un pendrive para que la vea el médico de Aragón», cuenta esta vecina, que prefiere que no se la identifique.

Todo ello es posible gracias al convenio de colaboración entre el Gobierno de Aragón y la Generalitat de Cataluña que permite la asistencia mutua en municipios limítrofes. La consejería de Sanidad del Gobierno de Aragón no facilita a este diario datos sobre el número de beneficiados y las únicas cifras publicadas -por El Heraldo de Aragón- se refieren al año inaugural del convenio, 2005, y sólo a la atención primaria. Entonces 26.889 aragoneses fueron atendidos en Cataluña y 31.438 catalanes en Aragón. Aunque Aragón atiende a más catalanes, la factura económica -la compensación entre ambas comunidades la gestiona el Ministerio de Sanidad- suele ser negativa para Aragón puesto que en general lo servicios que Cataluña les dispensa son más punteros y por tanto más caros.

Algo similar sucede en lo educativo. En Puente de Montañana hay cuatro menores en edad escolar, entre ellos la hija de Jorge Bordes, el alcalde. Tiene 17 años y estudia Bachillerato en Cataluña, en un instituto de Pont de Suert (Lleida), que está a 30 minutos por carretera. Allí deberían ir al colegio los otros escolares del pueblo, tres niños de entre 4 y 12 años, pero sus padres han preferido que estudien en Arén. La elección no obedece esté en Aragón o más cerca -12 minutos en coche- si no al horario. «A Cataluña los llevan y traen en autobús pero se los llevan a las ocho de la mañana y te los devuelven a las seis. En Aragón hacen jornada intensiva, de nueve a dos de la tarde. Lo preferimos aunque tenemos que llevarlos nosotros en coche», explica una de las madres. Cuando los niños tengan que ir al instituto en Cataluña no tendrán problema con el idioma, explica esta madre, puesto que el colegio aragonés al que van ahora está acogido al modelo BRIT y en les imparten un tercio de asignaturas en castellano, un tercio en inglés y un tercio en catalán.

A Roy, de cuatro años, el más pequeño de los niños, lo encontramos sobre las cinco de la tarde, bajo un paraguas y de la mano de su madre, camino de su casa. La madre se llama Mariela, es argentina y cuenta que llegó a la zona como monitora de snowbord, se casó con un catalán y decidieron instalarse en Puente de Montañana hace tres años.

Nos los cruzamos cuando vamos en busca de Joana, que vive en las afueras del pueblo, más allá de la frontera aragonesa, en la parte catalana del pueblo pues. En los 200 metros que hay hasta su casa encontramos numerosas pintadas reivindicando el uso del catalán. Están, por ejemplo, en un cartel metálico en el que, sobre un fondo morado, se lee:«El municipio de Puente de Montañana a favor de la igualdad de género». Con un rotulador, alguien le ha escrito:«En catalá. Hòsties. El català mereix respecte. Pebrots!» («en catalán. Hostias. El catalán merece respeto. Pimientos!») Unos metros más allá hay un panel turístico que recoge los puntos más interesantes de la sierra del Montsec. «Falta lo catalá. El castellà a Castilla. La Franja en català», han rotulado aquí. Y ya llegando a la vivienda de Joana encontramos otro mensaje, mucho más visible, en un muro:«Prou imposiciò del castellà» («Basta de imposición del castellano» ).

Las pintadas aparecieron en septiembre pasado, coincidiendo con la última Diada, y creen en el pueblo que las hizo alguien que iba de paso, puesto que nunca antes habían tenido aquí esas polémicas, aseguran.

Joana no quiere hablar pero sí su vecina Ana Bergua, cuya casa también figura en el mapa en territorio catalán pero hace al menos tres décadas que se la anexionó Aragón muy a su pesar. Así cuenta cómo sucedió: «Mi padre compró el terreno para hacerse una casa y cuando fue a pedir permiso al Ayuntamiento de Puente de Montañana le dijeron que tenía que ir a Tremp, de modo que pagaba la contribución en Tremp. Pero hicieron una revisión catastral en Puente de Montañana e incluyeron su casa. Los años siguientes le llegaba la contribución de Cataluña y de Aragón. Se negó a pagarla doble y lo amenazaron de embargo. Al final se resolvió poniendo la casa en Puente de Montañana. A mi padre le pilló el lío mayor y solo, y lo solucionaron como lo solucionaron», dice Ana, que hubiera preferido estar empadronada en Cataluña. «Mis padres no son hijos de este pueblo, son catalanes, y a mí me llevaron a nacer a Lérida. Soy catalana aunque a efectos administrativos sea aragonesa». Lo cuenta en el restaurante hostal Isidro, en sintonía con la dueña del negocio, también de nombre Ana: «Aunque me empadronara en la Franja, nací en Lérida y eso queda en el DNI para toda la vida. Que no me toquen a los catalanes que saco uñas y dientes», dice. Este 8-F sin embargo no faltarán las papeletas de ambas en las urnas aragonesas: «Hay que votar. Si te callas, van a peor las cosas».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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