Paul Thomas Anderson con el Oscar al mejor guion adaptado por 'Una batalla tras otra'. Foto: EFE/EPA/CHRIS TORRES
Cine 'Una batalla tras otra' se impone en los Oscar y corona a Paul Thomas Anderson, mientras 'Sirat' se va de vacíoEl filme protagonizado por Leonardo DiCaprio consigue seis estatuillas, entre ellas las de mejor película y dirección. El noruego Joachim Trier le arrebata el galardón a Oliver Laxe con 'Valor sentimental'.
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Javier Yuste Publicada 16 marzo 2026 03:37h Actualizada 16 marzo 2026 04:26hYa iba siendo hora. Paul Thomas Anderson por fin ha visto reconocido su trabajo en los Premios Oscar, que se celebraron esta noche en el Dolby Theatre de Los Ángeles. Su película Una batalla tras otra ha conquistado los premios a mejor película, dirección, actor de reparto para un ausente Sean Penn, mejor guion adaptado -la película es una reinvención casi total de Vineland de Thomas Pynchon-, montaje y el de casting, que se entregaba este año por primera vez. En total, seis estatuillas.
Por su parte, la película española Sirat no pudo alzar ninguna de las dos a las que optaba. El de película internacional se lo llevó la noruega Valor sentimental, de Joachim Trier, y el de mejor sonido, al que optaban Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas, el primer equipo conformado íntegramente por mujeres nominado en la categoría, lo consiguió F1: la película (Joseph Kosinski).
Que Sirat se fuera con las manos vacías era lo esperado, pero hay que celebrar lo logrado por la película de Oliver Laxe, una obra arriesgada que abre nuevos caminos en nuestro cine, que no deja a nadie indiferente y que ha mantenido nuestro interés y nuestra intriga en la temporada de premios hasta el final.
Ha sido una noche en la que Hollywood ha vuelto a centrarse en vender su glamour y su producto, las películas, y en la que ha dejado de lado los mensajes políticos, como es habitual en los últimos años, temerosos quizá de que cualquier gesto o palabra altere la conversación en redes. La ABC, la cadena que emite el sarao, rogó a los ganadores que no hicieran discursos reivindicativos y políticos en los 45 segundos que tenían y casi todos los galardonados cumplieron.
Tan solo Javier Bardem se mostró combativo. Acompañado por la actriz Priyanka Chopra, lanzó “No a la guerra y Palestina libre” antes de entregarle el premio a la mejor película internacional al noruego Joachim Trier.
La noche de PTA
Hasta ahora la Academia de Hollywood no le había ofrecido demasiado cariño a Paul Thomas Anderson, un autor que lleva años tejiendo una filmografía tan coherente como arriesgada, obsesionada con las relaciones paterno-filiales, el poder y la culpa, y creando, película a película, uno de los retratos más lúcidos y despiadados del sueño americano.
Antes de Una batalla tras otra, había acumulado 11 nominaciones a título personal –en las categorías de película, dirección y guion– y ningún galardón, a pesar de contar con obras maestras del cine contemporáneo como Boogie Nights (1997), Magnolia (1999), Pozos de ambición (2007) -Oscar al mejor actor para Daniel Day-Lewis y fotografía- y El hilo invisible (2017) -Oscar a mejor vestuario-. Todas ellas, dialogan con la mejor tradición del cine estadounidense, siendo fácilmente rastreable la influencia en una u otra de grandes como Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Robert Altman o Hal Ashby.
Amado por la cinefilia, al autor se le ha resistido el gran público hasta Una batalla tras otra, que ha logrado los mejores datos de taquilla de su carrera. No es para menos, se trata de un filme que en su forma funciona casi como una película de acción de ritmo trepidante, con un humor desarmante y varias secuencias absolutamente magistrales (de la huida por los tejados a la persecución en coche).
En su fondo es, además, la película que mejor nos habla de los Estados Unidos actuales y que más se opone a la América de Trump, esa en la que los inmigrantes son perseguidos por las autoridades. La revolución de Una batalla tras otra reivindica por fin a PTA, como se conoce ampliamente al director, como uno de los grandes autores del cine estadounidense de siempre.
Por su parte, Los pecadores llegaba a la gala con el récord de nominaciones, 16, y tan solo consiguió materializar los de actor protagonista para Michael B. Jordan, guion original para el director Ryan Coogler, banda sonora para Ludwig Goransson y fotografía para Autumn Durald Arkapaw, que se convierte en la primera mujer en lograr este reconocimiento.
No es mala cosecha para este blockbuster mutante, que lo mismo agita las aguas del thriller de la Ley Seca que del terror vampírico o del musical y despliega tanto la denuncia social como la set-piece de acción. Los Oscar rehicieron sobre el escenario la escena más memorable del filme, esa en la que vemos como en plano secuencia cómo la música afroamericana conecta con el pasado y el futuro. Fue de lo mejor de la gala.
Pero también se va Los pecadores de la gala con un récord negativo: es el filme que más posibilidades de estatuilla pierde en una gala, 12, superando a El color púrpura (Steven Spielberg, 1985), que obtuvo 11 nominaciones y ningún premio.
No hubo sorpresa en la categoría de actriz protagonista: Jessie Buckley era la clara favorita por dar vida al dolor de una madre en Hamnet, de Chloé Zhao, y se llevó el gato al agua. Fue el único premio que conquistó la adaptación de la novela de Maggie O'Farrell. Donde sí hubo un giro de guion fue en la de actor protagonista.
Michael B. Jordan, que interpreta a los gemelos protagonistas de Los pecadores, finalmente le arrebató la gloria a Timothée Chalamet, al que la promoción de la temporada de premios se le ha hecho larga, metiendo la pata en varias ocasiones.
Sus comentarios sobre el poco interés que genera hoy la ópera y el ballet, a pesar de las críticas recibidas, no han podido pesar en el voto de los académicos, pues las urnas ya estaban cerradas, pero quizá sí la polémica que rodeaba al Josh Safdie, director de Marty Supreme, por no proteger a una actriz de 17 años durante el rodaje de una escena sexual en Good Time.
Sea como fuere, se ha quedado sin premio, al igual que le ocurrió con Call Me by Your Name (luca Guadagnino, 2017) y con A Complete Unknown (James Mangold, 2024). En esta ocasión, lo cierto es que su trabajo de un buscavidas egocéntrico, amoral y impulsivo merecía más el premio que el que realiza Michael B. Jordan.
La actriz Amy Madigan, en cambio, recibió a sus 75 años su primer Oscar por la película de terror Weapons (Zach Cregger), 40 años después de recibir su anterior nominación por Dos veces en la vida (Bud Yorkin, 1985), y se lo dedicó a su pareja, el también actor Ed Harris. Merecido reconocimiento para una actriz que interpreta a un personaje inquietante, que encarna el mal que se sitúa en el corazón del filme.
Las guerreras K-pop, uno de los grandes fenómenos del año, se llevó el Oscar a la mejor película de animación y canción por Golden, después de convertirse en la producción más vista en la historia de Netflix. El jefazo de la gran N, Ted Sarandos, presente en el Dolby Theater de Los Ángeles, no pudo llevarse muchas más alegrías, más allá de los premios de mejor diseño de producción, vestuario y maquillaje y peluquería para el Frankenstein de Guillermo del Toro.
Conan O'Brien derrochó simpatía y clase, con alguna que otra pulla al momento que atraviesa EEUU. "El año pasado Los Ángeles estaba ardiendo, hoy podemos celebrar que todo marcha bien", soltó con ironía en su discurso de bienvenida, en el que también recordó la polémica que han generado las palabras de Timothée Chalamet sobre el ballet y la ópera o el futuro de las retransmisiones de la gala de los Oscar por YouTube.
En general, fue una gala que apenas deja momentos para el recuerdo. Entre lo más destacado de la noche estuvo el In Memoriam, en el que la Academia quiso destacar la pérdida de Rob Reiner, con unas palabras de Billy Crystal, de Diane Keaton y de Robert Redford, para lo que Barbra Streisand subió al escenario para entonar la canción de la película Tal como éramos.
También fue curioso el premio ex aequo en la categoría de mejor corto de ficción, que recibieron The Singers y Two People Exchanging Saliva.