Una empresa ha llenado un barrio de enchufes en las aceras para cargar coches eléctricos. Sus resultados son contradictorios
Xataka
Alberto de la Torre
20/02/2026 17:00
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En 2022, una empresa alemana llamada Rheinmetall proponía una prnueva solución de carga: poner enchufes en las aceras. Tratando de buscar soluciones a quienes querían saltar a un coche eléctrico o híbrido enchufable pero no tenían un garaje, la compañía propuso un sistema para cargar en la misma calle, sin necesidad de acercarse a una electrolinera.
Tres años después: tenemos los resultados.
Una prueba piloto. Después de recibir el visto bueno de las autoridades, la compañía empezó una prueba piloto en 2024 en el centro de Colonia y Lindenthal, un barrio residencial de la ciudad caracterizado por sus casas bajas e individuales. Barrio en el que, por cierto, encontrarás el estado del equipo de fútbol local.
La idea es simple, aparcas en la acera y en el suelo, en el bordillo, encuentras un enchufe escondido en una tapa. Escaneas un código impreso en el mismo y conectas el coche con tu propio cable de carga para uso de corriente alterna. Como si fuera cualquier otro punto de carga, ambos extremos quedan unidos y al finalizar el pago se pasa mediante el uso de una aplicación en el móvil.
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Los resultados. En líneas generales, los resultados han sido buenos. Según la compañía, en un año se realizaron en la prueba piloto un total de 2.800 ciclos de carga. De media, los coches recargaron 18 kWh lo que en ciudad suponen más de 100 kilómetros de autonomía para un coche eléctrico y entre 80 y 100 kilómetros en carretera (dependiendo de su eficiencia).
Señalan que cada día el enchufe se ha utilizado una media de dos veces al día y que la disponibilidad del mismo ha sido del 99% por lo que apenas se han producido averías. La cifra es buena si la comparamos con la media europea y española. En nuestro país, los enchufes públicos solo se utilizan 1,5 veces al día y, de media, cada cargador solo está ocupado entre 30 y 120 minutos al día en Europa.
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La opinión de los clientes. La empresa ha pasado una encuesta a los usuarios quienes han ofrecido su punto de vista al sistema. En ella se recogía la puntuación entregada por los conductores (cinco puntos como máximo) y algunas notas, quejas o recomendaciones que hacían los clientes.
En total, el sistema ha obtenido 4,38 puntos sobre cinco. Pero, sobre todo, han recibido unas valoraciones muy positivas entre los clientes con más de 60 años, que valoran la simplicidad del sistema. Además, destacan que los enchufes no han sufrido daños con el agua y que tampoco se han encontrado que el vandalismo o los actos incívicos (como no recoger los excrementos de las mascotas) hayan supuesto un problema a la hora de recargar.
Una solución curiosa es que la tapa que esconde el enchufe ha sido diseñada para que se abra con un pequeño empujón del cable de carga, lo que permite al cliente levantar dicha tapa sin necesidad de tocarla con la mano.
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Buena idea, con alguna fisura. Señalan en Forococheseléctricos que uno de los principales problemas de este tipo de puntos de carga está en el coste del enchufe. Cada uno de ellos, que cuenta con refrigeración y climatización para mejorar la carga cuesta 5.000 euros por lo que es una mala idea frente a un cargador doméstico tradicional.
Además, si se quiere sacar el máximo partido al sistema, sería necesario reservar el espacio para estos puntos de carga en la calle, por lo que no hay diferencia con cualquier otro punto de carga público a menos que se llene la calle de enchufes. Es decir, como sucede con los enchufes públicos que no se encuentran en una gasolinera, se reduce el espacio de aparcamiento para reservar unas plazas que no siempre están ocupadas.
Otras propuestas. La recarga pública es uno de los grandes retos que representa el coche eléctrico. Una de sus ventajas es salir con el coche cargado de casa o, al menos, aprovechar su estacionamiento para llenar sus baterías ya que la corriente alterna es lenta y la mayoría del tiempo un coche está detenido.
La propuesta más evidente con las electrolineras, con una enorme cantidad de enchufes disponibles de gran potencia. Otra es llenar centros comerciales y de ocio de cargadores, ya que una visita para recargar por completo la batería puede suponer días o semanas (depende de los desplazamientos diarios) sin enchufar nuestro coche. Con una media de 50 kilómetros diarios, un coche que hace 500 kilómetros de autonomía en ciudad tiene para 10 días sin volver a enchufar el coche, solo tres días al mes.
Pero si queremos llevar la carga pública a las calles de la ciudad, Portugal, Reino Unido o Países Bajos han estado experimentando con enchufes públicos en farolas. El sistema es tan sencillo como el de incluir enchufes en los bordillos de las aceras pero con la diferencia de que la toma llega desde una farola y no necesita una instalación en el suelo.
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La paradoja de la recarga lenta. El problema de este tipo de recargas es que la carga lenta conlleva horas y horas con el coche enchufado. Si una toma carga nuestro coche a 7,4 kW de potencia, será necesario gastar unas 10 horas para llenar por completo la batería de un vehículo de 60 kWh, un tamaño escueto y que está en la frontera entre quienes quieren el coche para un entorno urbano y los que quieren animarse a viajar con él.
Esas recargas son interesantes si el precio es bajo pero obligan a que, para sacar el mayor partido, tengamos que dejar el coche aparcado allí toda una jornada laboral o toda una noche. El sistema, por tanto, es ciertamente ineficiente en cuanto a dar servicio a más de un coche.
Para cargar a esta potencia, los datos dicen que la mayoría de los conductores de coches eléctricos cargan en casa. Fuera de la misma, el cliente suele optar por recargar a potencias más altas. Por ejemplo, un enchufe de 50 kW ya puede cargar un coche por completo en menos de tres horas que es el tiempo que invertimos para ver una película en el cine. Y en un viaje, lo más práctico suele ser buscar un hotel o alojamiento en el que no se pongan restricciones al tiempo que permanecemos enchufados.
Foto | Rheinmetall
En Xataka | He vivido en primera persona todos los males de las cargas del coche eléctrico. Estos son mis consejos
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Una empresa ha llenado un barrio de enchufes en las aceras para cargar coches eléctricos. Sus resultados son contradictorios
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Alberto de la Torre
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Una empresa ha llenado un barrio de enchufes en las aceras para cargar coches eléctricos. Sus resultados son contradictorios
El coche eléctrico abre la puerta a sacar partido a un coche que está detenido durante horas
Recargar en la calle también obliga a hacer concesiones, como obligar a reservar espacio sólo para coches eléctricos
En 2022, una empresa alemana llamada Rheinmetall proponía una prnueva solución de carga: poner enchufes en las aceras. Tratando de buscar soluciones a quienes querían saltar a un coche eléctrico o híbrido enchufable pero no tenían un garaje, la compañía propuso un sistema para cargar en la misma calle, sin necesidad de acercarse a una electrolinera.
Tres años después: tenemos los resultados.
Una prueba piloto. Después de recibir el visto bueno de las autoridades, la compañía empezó una prueba piloto en 2024 en el centro de Colonia y Lindenthal, un barrio residencial de la ciudad caracterizado por sus casas bajas e individuales. Barrio en el que, por cierto, encontrarás el estado del equipo de fútbol local.
La idea es simple, aparcas en la acera y en el suelo, en el bordillo, encuentras un enchufe escondido en una tapa. Escaneas un código impreso en el mismo y conectas el coche con tu propio cable de carga para uso de corriente alterna. Como si fuera cualquier otro punto de carga, ambos extremos quedan unidos y al finalizar el pago se pasa mediante el uso de una aplicación en el móvil.
Los resultados. En líneas generales, los resultados han sido buenos. Según la compañía, en un año se realizaron en la prueba piloto un total de 2.800 ciclos de carga. De media, los coches recargaron 18 kWh lo que en ciudad suponen más de 100 kilómetros de autonomía para un coche eléctrico y entre 80 y 100 kilómetros en carretera (dependiendo de su eficiencia).
Señalan que cada día el enchufe se ha utilizado una media de dos veces al día y que la disponibilidad del mismo ha sido del 99% por lo que apenas se han producido averías. La cifra es buena si la comparamos con la media europea y española. En nuestro país, los enchufes públicos solo se utilizan 1,5 veces al día y, de media, cada cargador solo está ocupado entre 30 y 120 minutos al día en Europa.
La opinión de los clientes. La empresa ha pasado una encuesta a los usuarios quienes han ofrecido su punto de vista al sistema. En ella se recogía la puntuación entregada por los conductores (cinco puntos como máximo) y algunas notas, quejas o recomendaciones que hacían los clientes.
En total, el sistema ha obtenido 4,38 puntos sobre cinco. Pero, sobre todo, han recibido unas valoraciones muy positivas entre los clientes con más de 60 años, que valoran la simplicidad del sistema. Además, destacan que los enchufes no han sufrido daños con el agua y que tampoco se han encontrado que el vandalismo o los actos incívicos (como no recoger los excrementos de las mascotas) hayan supuesto un problema a la hora de recargar.
Una solución curiosa es que la tapa que esconde el enchufe ha sido diseñada para que se abra con un pequeño empujón del cable de carga, lo que permite al cliente levantar dicha tapa sin necesidad de tocarla con la mano.
Buena idea, con alguna fisura. Señalan en Forococheseléctricos que uno de los principales problemas de este tipo de puntos de carga está en el coste del enchufe. Cada uno de ellos, que cuenta con refrigeración y climatización para mejorar la carga cuesta 5.000 euros por lo que es una mala idea frente a un cargador doméstico tradicional.
Además, si se quiere sacar el máximo partido al sistema, sería necesario reservar el espacio para estos puntos de carga en la calle, por lo que no hay diferencia con cualquier otro punto de carga público a menos que se llene la calle de enchufes. Es decir, como sucede con los enchufes públicos que no se encuentran en una gasolinera, se reduce el espacio de aparcamiento para reservar unas plazas que no siempre están ocupadas.
Otras propuestas. La recarga pública es uno de los grandes retos que representa el coche eléctrico. Una de sus ventajas es salir con el coche cargado de casa o, al menos, aprovechar su estacionamiento para llenar sus baterías ya que la corriente alterna es lenta y la mayoría del tiempo un coche está detenido.
La propuesta más evidente con las electrolineras, con una enorme cantidad de enchufes disponibles de gran potencia. Otra es llenar centros comerciales y de ocio de cargadores, ya que una visita para recargar por completo la batería puede suponer días o semanas (depende de los desplazamientos diarios) sin enchufar nuestro coche. Con una media de 50 kilómetros diarios, un coche que hace 500 kilómetros de autonomía en ciudad tiene para 10 días sin volver a enchufar el coche, solo tres días al mes.
Pero si queremos llevar la carga pública a las calles de la ciudad, Portugal, Reino Unido o Países Bajos han estado experimentando con enchufes públicos en farolas. El sistema es tan sencillo como el de incluir enchufes en los bordillos de las aceras pero con la diferencia de que la toma llega desde una farola y no necesita una instalación en el suelo.
La paradoja de la recarga lenta. El problema de este tipo de recargas es que la carga lenta conlleva horas y horas con el coche enchufado. Si una toma carga nuestro coche a 7,4 kW de potencia, será necesario gastar unas 10 horas para llenar por completo la batería de un vehículo de 60 kWh, un tamaño escueto y que está en la frontera entre quienes quieren el coche para un entorno urbano y los que quieren animarse a viajar con él.
Esas recargas son interesantes si el precio es bajo pero obligan a que, para sacar el mayor partido, tengamos que dejar el coche aparcado allí toda una jornada laboral o toda una noche. El sistema, por tanto, es ciertamente ineficiente en cuanto a dar servicio a más de un coche.
Para cargar a esta potencia, los datos dicen que la mayoría de los conductores de coches eléctricos cargan en casa. Fuera de la misma, el cliente suele optar por recargar a potencias más altas. Por ejemplo, un enchufe de 50 kW ya puede cargar un coche por completo en menos de tres horas que es el tiempo que invertimos para ver una película en el cine. Y en un viaje, lo más práctico suele ser buscar un hotel o alojamiento en el que no se pongan restricciones al tiempo que permanecemos enchufados.