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Una faena cumbre de Antonio Ferrera

Una faena cumbre de Antonio Ferrera
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Inspirado, espectacular, en alas del clasicismo y la fantasía, el veterano torero extremeño, a hombros, encuentra el reconocimiento unánime de las Ventas.
Una faena cumbre de Antonio Ferrera

Inspirado, espectacular, en alas del clasicismo y la fantasía, el veterano torero extremeño, a hombros, encuentra el reconocimiento unánime de las Ventas.

Regala esta noticia Añádenos en Google El diestro Antonio Ferrera en su faena durante la corrida de la Feria de San Isidro. (EFE/Daniel González)

Barquerito

31/05/2026 a las 23:08h.

Se hizo esperar hora y pico la fiesta: Ferrera desatado, pero toreando más despacio que nadie al bravo cuarto toro de una dispar y nada ... sencilla corrida de Adolfo Martín. A su antojo, sin trampa ni cartón, asentado y suelto, lúcido y brillante. Regusto, temple, calma y poder, no pocos registros en una faena que rompió a lo grande desde la primera tanda -tres naturales ligados a cámara lenta rematados con el de pecho y tras solo dos de cata previa- y siguió brotando fluida y suavemente sin tiempos muertos ni apenas más pausas que los respiros del toro. Por la mano derecha se vino a los vuelos y repitió el toro en dos tandas redondas que pusieron vitola indeleble a la faena.

Un clamor. No se había sentido nada parecido en la feria. El público condescendiente tan habitual de las dominicales de San Isidro, pero no solo. Los fijos de juicio severo, los primeros. La faena tuvo, además, el prólogo adecuado: la madeja de lances de Ferrera en el recibo, su inteligente economía como lidiador y dos puyazos de categoría de Borja Lorente, que fue el picador revelación del San Isidro del 25.

Antes de estallar la fiesta, tres toros distintos. Un primero de casi 600 kilos que gateó de partida, hizo pasar en falso en banderillas, descolgó en la muleta pero para frenarse y revolverse, desarmar a Ferrera en un derrote y desarrollar tanto sentido que apenas consintió el macheteo de pitón a pitón. Cuatro pinchazos. Un segundo cuatreño -cinqueños los cinco restantes- flaco y descarado que se puso por delante y midió, y Escribano empantanado. Y un tercero estrecho, veleto, ágil de cuello, que ttrajo de cabeza a los banderilleros, tardo en la muleta que se metió por debajo y cogió por dos veces a Paco Ureña, y lo prendió e hirió en el muslo. Emociòn sin cuento por la vía patética, porque el torero de Lorca aguantó en el ruedo hasta tumbar de estocada al toro.

Tardo y probón, el quinto toro no permitió confianzas a Escribano en faena dilatada, morosa y plana rematada de dos pinchazos y descabellos. Y luego, la apoteosis final de Ferrera con el toro que se había dejado Paco Ureña. Un sexto de serio cuajo, algo basto, bien armado y levantado que Ferrera recogió con sabios lances de mano baja, picó y se agarró bien en dos puyazos cobrados entre la sorpresa y jolgorio de la mayoría y con el que se fajó en una faena de quietud parecida a la del cuarto toro, mucho más laboriosa porque ahora no bastó con el toreo por los vuelos -aunque lo hubo también, sino que tocó someter y andar avisado porque el toro fue cortando viaje. Y ahora sí, la invención de la estocada al encuentro con su sobredosis de preparativos y subrayados festivos salió a pedir de boca. Estocada, oreja, a hombros. Una hazaña.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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