Final del Mundial España-Argentina
Una familia malagueña con el corazón partido: «Gane quien gane, se queda en casa»Los Lassaetta-Domínguez afrontan el duelo entre España y Argentina con el alma dividida. «Será un partido agridulce. Es una sensación muy rara la de querer vencer pero sin que el otro pierda», confiesan
Regala esta noticia Añádenos en Google Matías Lassaetta y Jazmín Domínguez junto a sus hijas Maia y Martina y su sobrina Olivia. (Marilú Báez)Málaga
19/07/2026 Actualizado a las 01:03h.Cuatro corazones, dos banderas, un mismo salón y, de himno, podría sonar perfectamente 'Corazón partío, uno de los temas más icónico de Alejandro Sanz. La ... familia Lassaetta-Domínguez afronta las horas previas a la final del Mundial de fútbol con un cóctel de sentimientos encontrados. De padre argentino (nacido en Mar del Plata) y madre española (criada en Torremolinos), Maia y Martina -de 17 y 18 años- llevan toda la semana enfrentándose a la misma pregunta incómoda sin saber bien ni qué responder: «¿Y tú con quién vas?».
«Voy con Argentina y con Messi pero no quiero que pierdan mis amigos, mi gente... Es como jugar una final contra un hermano»
Matías Lassaetta
25 años en Málaga. Doble nacionalidad
La posibilidad estaba ahí, sobre la mesa. Hasta que el miércoles, tras otra victoria épica -y agónica- frente a Inglaterra, se toparon con el escenario más incómodo de los posibles. Un duelo que enfrentaría a las dos patrias de esta familia malagueña. España y Argentina. ¿Lo bueno? Ellos lo tienen claro: «Pase lo que pase, la victoria se queda en casa. Nosotros ya hemos ganado». «Si nos tiene que vencer alguien, prefiero que sea España», añade Matías. ¿Sus favoritos de De la Fuente? Lo tiene cristalino: Oyarzabal y Rodri. «Tienen un gran equipo con mucho poder del balón en el centro del campo, algo que los de mi país han perdido», reconoce.
Hace un cuarto de siglo que este licenciado en INEF de 52 años cruzó el charco buscando -en pleno corralito- calidad de vida y una estabilidad económica que en su país era utópica. «Allí nadie me pagaba en blanco y acceder a un simple alquiler era imposible», apunta. En la Costa del Sol no le faltó el trabajo, primero como monitor y luego como coordinador de gimnasios en Marbella, Torremolinos o Benalmádena. Fue allí donde conoció a Jazmín, alumna suya de Body Combat. Y formaron una familia de cuatro.
Arriba, la familia en el oasis de Playamar donde entrenan a su grupo -Matuprofe- hace diez años. Abajo, en los festejos de la final del Mundial de Sudáfrica de 2010 y en 2022 durante la celebración de la victoria de Argentina.. (Marilú Báez / Archivo familiar)Hasta ahora, en cada partido del Mundial, han defendido simultáneamente dos colores. Cada fase de la eliminatoria han cantado los goles de Messi, Julián Álvarez, Mikel Oyarzabal o Pedro Porro. Y han festejado cada victoria. Lo difícil llegará esta noche. Cuando toque posicionarse solo por uno en unos 90 minutos que se le harán eternos.
En el caso de Matías, con doble nacionalidad, duele tener que escoger entre la patria que le dio el futuro que ansiaba y la tierra que le vio nacer y le enseñó a amar el fútbol. Como si de una religión se tratase. Con dos dioses: primero Maradona y ahora Messi, que les ha devuelto ese fanatismo. «Diego en mi país es todo. Nos hizo tan tan felices a los niños de aquella época... Y lo sentimos siempre como alguien de nuestra propia familia. Lloramos su muerte casi más que la de mi propio padre», advierte para, acto seguido, insistir en que para él, esta final tiene un sabor agridulce. «Me fastidia porque no la estoy disfrutando del todo. Voy con Argentina y con Messi pero no quiero que pierdan mis amigos, mi gente... Es una sensación rara la de querer ganar sin querer que el otro pierda. Es como jugar una final contra un hermano», ilustra.
(Marilú Báez)