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Una guerra comercial entre la UE y China parece inevitable

Una guerra comercial entre la UE y China parece inevitable
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Europa ve las subvenciones chinas; China ve la debilidad europea
Una guerra comercial entre la UE y China parece inevitable

Europa ve las subvenciones chinas; China ve la debilidad europea

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The Economist

22/06/2026 a las 01:52h.

Tucídides pensaba que las potencias emergentes tienden a provocar conflictos. Si hubiera sido economista y hubiera observado el auge de las exportaciones chinas hacia Europa, ... quizá habría previsto una guerra comercial. Muchos analistas comparten hoy esa visión. La cuestión ya no es si Europa levantará algunos puentes levadizos, sino cuántos y con qué rapidez lo hará, y cómo afrontará las consecuencias.

¿Es realmente China la responsable de los problemas económicos de Europa? En 2025, el déficit comercial de la UE en bienes con China ascendió a unos 1000 millones de euros (1160 millones de dólares) diarios, aproximadamente el doble que antes de la pandemia. Alemania, en particular, ha experimentado un aumento constante de las importaciones procedentes de China y un acusado descenso de sus exportaciones a ese país. Algunos ven en ello indicios de competencia desleal. La OCDE, integrada principalmente por países desarrollados, constató que entre 2005 y 2024 las empresas chinas recibieron entre tres y ocho veces más subvenciones que sus competidoras de los países miembros. Algunas ni siquiera sobrevivirían sin ese apoyo: el 32 % de las empresas industriales chinas registran pérdidas.

Quienes se muestran escépticos a la hora de responsabilizar a China sostienen que los verdaderos problemas son los elevados costes energéticos en Europa, la lentitud burocrática y la falta de innovación o integración. Peor aún, argumentan que obstaculizar las importaciones de materiales y componentes chinos perjudicaría a las empresas europeas situadas en los eslabones posteriores de la cadena de valor, reduciendo su competitividad en lugar de reforzarla. Además, la lista de sectores considerados «estratégicos» y protegidos ya es extensa.

Francia, anfitriona de una cumbre del G7 el 15 de junio, pone el foco en los desequilibrios macroeconómicos. La moneda china está infravalorada entre un 15 % y un 30 %, lo que abarata sus exportaciones. Sin embargo, la causa más profunda reside en el excedente de ahorro con respecto a la inversión, la otra cara de cualquier superávit exportador, un fenómeno sobre el que el proteccionismo poco puede hacer salvo desviar las exportaciones hacia otros mercados. Curiosamente, este modelo resulta bien conocido para los europeos. Alemania lo perfeccionó durante la década de 2010 y su superávit por cuenta corriente sigue situándose en el 4,5 % del PIB, una cifra comparable a la de China.

Aun así, la UE ha respondido. El 21 de abril autorizó a Lisboa a continuar con un proyecto de tren ligero tras vetar a una empresa contratista china que, según la UE, recibía subvenciones que distorsionaban la libre competencia; la empresa china fue sustituida por otra polaca. Una investigación sobre las subvenciones a los vehículos eléctricos desembocó en la imposición de aranceles en 2024. El 8 de junio se aprobaron también aranceles sobre el acero. El año pasado, además, el bloque prohibió la contratación pública de productos sanitarios procedentes de China en represalia por la exclusión de los productos europeos por parte de Pekín. Y la lista de medidas sigue creciendo.

«Enfrentarse a China va a salir caro»

Para muchos, sin embargo, esto no basta. Se está conformando un consenso en torno a que la amenaza supera los riesgos derivados de posibles represalias. «Enfrentarse a China va a salir caro de cualquier manera, pero cuanto más esperemos, más caro resultará», afirma un representante de la industria alemana. Las medidas de coerción económica adoptadas por China, como su dominio del refinado de tierras raras, han contribuido a aumentar esa percepción.

La primera opción para la UE consiste en utilizar con mayor firmeza las herramientas de defensa comercial existentes. Los instrumentos antisubvenciones y antidumping requieren investigaciones detalladas caso por caso, susceptibles además de ser impugnadas ante los tribunales. Un alto cargo los compara con «utilizar una cucharita para achicar el agua de un barco». La UE estudia aplicarlos a categorías más amplias de productos o incluso invertir la carga de la prueba: si los datos macroeconómicos sugirieran la existencia de subvenciones excesivas, correspondería a las empresas demostrar que no las han recibido. Una segunda posibilidad consiste en desarrollar barreras más sólidas frente a aumentos repentinos de las importaciones. Desde hace tiempo, los altos cargos europeos hablan de crear un «instrumento contra el exceso de capacidad», aplicable cuando un país produzca más de un determinado bien de lo que puede justificarse económicamente. Sin embargo, el concepto resulta difícil de definir y podría acabar siendo inviable. Como alternativa, el bloque podría recurrir con mayor frecuencia a medidas de salvaguardia, similares a las ya aplicadas al acero, aunque estos aranceles deberían aplicarse a todos los países y son de carácter temporal. Por su parte, Sander Tordoir y Brad Setser, en un análisis para el think tank Centre for European Reform, proponen crear una versión europea de la herramienta estadounidense conocida como «Sección 301», que permite imponer aranceles generales para contrarrestar prácticas consideradas perjudiciales para el comercio nacional.

Una tercera opción consistiría en complementar las medidas comerciales defensivas con la política industrial. «La combinación de instrumentos comerciales con políticas de inversión e industriales representa un cambio intelectual significativo», sostiene Shahin Vallée, del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. La UE propuso recientemente condicionar determinadas contrataciones públicas al uso de contenido local, mientras que su paquete de soberanía tecnológica impulsa el fortalecimiento de la cadena europea de suministro de semiconductores. En paralelo, los gobiernos nacionales están incorporando sus propios programas de subvenciones.

El consenso dentro de Europa es frágil

La gran incógnita sigue siendo la respuesta de China: Pekín podría responder con restricciones a las exportaciones que privaran a la industria europea de materiales o componentes esenciales. «China tiene un exceso de confianza, pero eso la convierte en un socio difícil en las negociaciones», sostiene un veterano observador. El país muestra poca paciencia ante las críticas europeas sobre las subvenciones o el exceso de capacidad, que interpreta como una manifestación de debilidad. El 11 de junio, China canceló dos reuniones de alto nivel con la UE. Su enfrentamiento comercial con Estados Unidos parece haber reforzado la confianza de sus dirigentes. Aun así, es probable que opte por respuestas firmes pero adaptadas al contexto europeo, evitando una guerra comercial a gran escala.

El consenso dentro de Europa es frágil y resulta poco probable que se adopten medidas que vayan mucho más allá de ampliar las herramientas existentes y reforzar las políticas de «compre productos europeos». Son pocos quienes creen que el continente esté dispuesto a soportar represalias chinas o a activar su potente instrumento anticoerción como respuesta. Alemania y España desempeñarán un papel decisivo. Alemania, que no ha sido hasta hace poco que ha empezado a endurecer su postura hacia China, teme que las posibles represalias paralicen parte de su industria. España, por su parte, mantiene una posición pragmática: considera que el nuevo orden mundial debe acomodar a una China fuerte y que las medidas solo deberían dirigirse contra prácticas que puedan demostrarse claramente como desleales.

«La prioridad debería ser reducir las dependencias cuanto antes; de lo contrario, las amenazas de recurrir a instrumentos de defensa comercial perderán credibilidad», afirma un alto cargo alemán. Maroš Šefčovič, Comisario de Comercio de la UE, ha propuesto obligar a las empresas a diversificar sus cadenas de suministro, es decir, más allá de China. Los dirigentes chinos se opondrán firmemente a esta idea, según Max Zenglein, del Conference Board, una organización empresarial internacional. Los recientes decretos chinos sobre las cadenas de suministro y las medidas extraterritoriales adoptadas por otros países dejan claro que Pekín pretende mantener al mundo en una posición de dependencia. En materia de política comercial, la UE y China parecen dirigirse hacia una colisión de gran envergadura.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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