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Una lancha motora en el Museo Mercedes Benz

Una lancha motora en el Museo Mercedes Benz
Artículo Completo 362 palabras
¿Qué hace una lancha motora rodeada de automóviles en el templo de la historia de la firma de la estrella? Hoy navegaremos ciento cuarenta años atrás, acompañando a Otto Von Bismarck, el «Canciller de Hierro»
Una lancha motora en el Museo Mercedes Benz

¿Qué hace una lancha motora rodeada de automóviles en el templo de la historia de la firma de la estrella? Hoy navegaremos ciento cuarenta años atrás, acompañando a Otto Von Bismarck, el «Canciller de Hierro»

Regala esta noticia Añádenos en Google La «Marie», la lancha motora de la familia del Canciller Otto Von Bismarck. (Copiloto)

Santiago de Garnica Cortezo

Valladolid

05/07/2026 a las 09:01h.

Desde 1882, Gottlieb Daimler trabajaba junto a Wilhelm Maybach, en Cannstatt, en el motor de combustión interna de alta velocidad para la movilidad terrestre, acuática ... y aérea.

Ya en agosto de 1886, Daimler equipó con su motor el primer automóvil de cuatro ruedas de la historia. Esta fecha —y la solicitud de patente del automóvil de Carl Benz en Mannheim— convierten a 1886 en el año de nacimiento del automóvil.

También en agosto de 1886, es decir, hace ahora 140 años, debutó la primera lancha motora de Daimler, la «Neckar», que se utilizó para realizar pruebas en el río homónimo cerca de Cannstatt.

Un motor escondido…

Daimler camufló el innovador sistema de propulsión cubriendo la carcasa del motor con aislantes y cables, dando así la impresión de que había un motor eléctrico cuando la realidad era muy distinta. Tras dos puertas de chapa pintada de blanco, situadas en el lateral de una caja alta y delgada en la popa de la embarcación, latía el invento que revolucionaría todo, el motor monocilíndrico de Gottlieb Daimler, «Standuhr» («Reloj de Péndulo») encerrado en una carcasa de aspecto delicado.

Una cúpula de malla metálica se arqueaba en la parte superior, sobre la cual brillaba un pomo dorado. Solo la manivela del acelerador y la manivela de arranque sobresalían discretamente de la parte inferior del revestimiento.

Se trataba de que quienes veían pasar la pequeña embarcación pensasen que se trataba de una lancha eléctrica (habitual entonces), y no «metieran las narices» en el motor de combustión interna que la propulsaba.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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