Una explosión en Caracas.
Columnas ALIKINDOI Una operación quirúrgica que cambiará la HistoriaLa rapidez con que China debió mover a su enviado (y sacarlo de Venezuela) habla de la naturaleza precisa y planificada de la operación, en la que cada minuto contaba.
Beatriz Becerra Publicada 3 enero 2026 12:31h Actualizada 3 enero 2026 13:02hEl 3 de enero de 1990, el narcodictador Manuel Noriega salió caminando despacio de la Nunciatura para entregarse a las tropas estadounidenses. Poco después, era llevado al aeropuerto local y de allí a Miami como prisionero de guerra para ser juzgado por sus crímenes.
Treinta y seis años después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha confirmado que Nicolás Maduro, con orden de busca y captura como líder del narcoterrorista Cártel de los Soles, ha sido capturado.
La gran sorpresa no ha sido el ataque aéreo de esta madrugada sobre objetivos estratégicos en Venezuela, sino la manera en que se ha ejecutado y cómo ha reaccionado el mundo: de forma pastosa, confusa, mientras los hechos ya se habían consumado.
Lo primero que llega en las grandes crisis no es la verdad, sino el estruendo. Mensajes cruzados, vídeos sin contexto, comunicados oficiales redactados como historia antes de ser contrastados con la realidad…
El ataque aéreo llegó casi sin aviso. Durante la madrugada comenzaron a circular versiones contradictorias: bombardeos sobre Caracas, ataques a bases como Fuerte Tiuna, La Carlota, Higuerote, Margarita y La Guaira.
Incluso se mencionó la presencia de tropas terrestres estadounidenses en la capital.
Captura de Trump a Maduro en Venezuela, en directo | Rubio, secretario de Estado de Trump, dice que Maduro será juzgado en EEUU y que no habrá más ataques en VenezuelaRumores sobre la "neutralización" de figuras clave del régimen, como Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, circulaban sin confirmación.
Padrino publicó un vídeo poco después (nadie sabe cuándo se grabó).
Las redes sociales ardían mientras la realidad operativa avanzaba de manera precisa y controlada, lejos del ruido. Mientras tanto, la reacción internacional era escasa, dispersa y burda.
Gustavo Petro desde Colombia, sintiéndose el siguiente, fue el primero. Cuba reiteró luego su apoyo al régimen. Ni la UE ni la ONU ni la OTAN emitieron pronunciamientos relevantes.
La confirmación oficial llegó de la propia Casa Blanca: Donald Trump celebró la operación en The Times, describiéndola como "brillante" y resaltando la planificación y la calidad de las tropas.
Trump confirmó que Maduro y su esposa Cilia Flores habían sido capturados y trasladados fuera de Venezuela, y anunció una rueda de prensa en Mar-a-Lago para detallar los próximos pasos.
Todo se ha ejecutado con el estilo quirúrgico que recuerda a la intervención de Panamá: aún más rápida, igual de decisiva y sin margen para la improvisación.
La operación cumplió lo previsto, tal como los análisis estratégicos habían anticipado.
Sólo tras el pronunciamiento de la Casa Blanca, el Ministerio de Asuntos Exteriores de España emitió un comunicado oficial, confirmando que el personal de la embajada en Caracas y sus familiares estaban a salvo, y afirmando seguir la situación de cerca, en coordinación con la UE y los países de la región (como no puede ser de otra manera), con un llamamiento a la desescalada, la moderación y el respeto al Derecho internacional.
Pero el Gobierno de nuestro país no podía decepcionar. El ministro Albares ha tenido el cuajo, a estas alturas, de explicitar la disposición de "prestar sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada". Y de dejar por escrito que España no ha reconocido los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024, si bien no especifica cuáles.
¿Los fraudulentos que anunció Maduro o los legítimos probados por las actas electorales recopiladas por los venezolanos y reconocidas por la comunidad internacional?
España pide "desescalar" la crisis de Venezuela y ofrece "sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada"Horas antes de los ataques, Maduro recibió en Caracas a Qiu Xiaoqi, delegado especial de Xi Jinping, acompañado por Delcy Rodríguez e Iván Gil. Una visita relámpago: llegada, reunión, revisión de más de 600 acuerdos, expresiones de lealtad estratégica y regreso inmediato a Pekín, presumiblemente en su avión privado, con capacidad para transportar a un pequeño grupo de acompañantes.
La cita tenía una importancia táctica que pocos analistas habían anticipado. Era la última jugada diplomática antes del desenlace militar, una confirmación de la atención que China presta a Venezuela, pero también un recordatorio de la vulnerabilidad del régimen ante una acción externa bien planificada.
La importancia táctica y estratégica de la reunión de Maduro con el delegado chino no puede subestimarse. Además de un último intento de reaseguro internacional, resulta una maniobra diplomática que no sólo no alteró la ventana de ejecución cuidadosamente calculada por Washington, sino que apunta a que fue parte de ella.
La rapidez con que China debió mover a su enviado (y retirarlo) habla de la naturaleza precisa y planificada de la operación, en la que cada minuto contaba.
Seguro que el agente Zapatero conoce el plan de vuelo.
El estado de conmoción, declarado hace apenas horas, resulta ahora un gesto simbólico frente a la fuerza de una operación que se adelantó a cualquier respuesta. Derechos civiles, libertad de información y medios independientes quedaron en suspenso, mientras la historia se escribía en términos de geopolítica, estrategia y ejecución militar.
On behalf of the people of Venezuela, thank you, President @realDonaldTrump. You are a true champion of freedom and will go down in history as the greatest and most important president of the past century in the United States.
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) January 3, 2026
Your name will be synonymous with liberator in… pic.twitter.com/DNH5UhO5hY
Venezuela entra ahora en una fase de incertidumbre y vulnerabilidad, marcada por la captura del tirano que asoló el país a través de un régimen corrupto y criminal, por el acorralamiento de sus secuaces en un momento de abolición de garantías constitucionales, y por la constatación de que la estrategia estadounidense se va a seguir ejecutando según lo previsto.
El ruido informativo continúa, pero los hechos hablan por sí mismos. La operación sobre Maduro y su régimen ya ha transformado el tablero regional, mientras el mundo intenta asimilarlo.
Lo que resulta crucial en este momento es la atención y protección internacional (coordinada, operativa e inequívoca) al presidente electo de Venezuela, Edmundo González, y a su líder política, María Corina Machado, para que la debida restauración democrática pueda realizarse con la mayor prontitud y garantías posibles.
Y, desde luego, a los cientos de presos políticos que permanecen allí como rehenes.
Todos estamos involucrados y concernidos en este proceso, imparable y necesario, de recuperación de la libertad y el orden democrático en Venezuela.