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Una pena máxima para el Atlético

Una pena máxima para el Atlético
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El conjunto rojiblanco ha perdido las cinco finales que se decidieron en penaltis, tres en la Copa, una en la Supercopa de España y otra en la Champions

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Marrero detiene el lanzamiento de penalti a Julián Álvarez. AFP Final Una pena máxima para el Atlético

El conjunto rojiblanco ha perdido las cinco finales que se decidieron en penaltis, tres en la Copa, una en la Supercopa de España y otra en la Champions

Javier Varela

Enviado especial a Sevilla

Domingo, 19 de abril 2026, 17:17 | Actualizado 17:39h.

... se repite, una secuencia histórica que parece escrita con tinta amarga. Es la tercera final que pierden los rojiblancos con Diego Simeone desde los once metros y en las tandas de penaltis -no solo en finales- han caído en toda su historia en 11 de las 17 que ha firmado. Más sangrante es cuando se miran los partidos que dan títulos. Cinco finales, cinco tandas de penaltis, cinco derrotas. Ninguna excepción. Curiosamente las cinco ante dos rivales: Real Madrid -tres- y Real Sociedad -dos-.

final de la Copa del Rey con la sensación de que, esta vez sí, el relato podía cambiar. Había remontado, había resistido y había llevado el partido hasta donde tantas veces había sufrido. Pero la historia no se reescribe tan fácilmente. En la tanda, el guion se torció pronto. Alexander Sorloth abrió para el Atlético y Unai Marrero adivinó el lanzamiento. Después, el mismo Marrero volvió a imponerse, esta vez ante Julián Álvarez. Dos paradas, dos golpes directos al ánimo rojiblanco. El portero Juan Musso sostuvo a su equipo con una parada propia, pero no bastó: el definitivo lo marcó Pablo Marín. Resultado final, 4-3. Otra caída desde los once metros. No era una sorpresa. Era una repetición.

Las cinco finales que ha perdido en penaltis han sido ante dos rivales: Real Madrid -tres- y Real Sociedad -dos-

En 2020 ya ocurrió algo similar en la Supercopa de España ante el Real Madrid. Entonces, la noche en Yeda acabó sin goles y la tanda de penaltis actuó como un juicio sumarísimo y de nuevo el Atlético acabó condenado. Abrió la 'lotería' Carvajal con precisión quirúrgica y respondió el Atlético con doble fallo, primero de Saúl y luego Thomas Partey que dejó la serie herida de muerte. El conjunto blanco avanzó con oficio -Rodrygo y Modric no temblaron- mientras el Atlético apenas encontraba consuelo en el acierto de Kieran Trippier, insuficiente ante una inercia ya irreversible; cerró Sergio Ramos con la frialdad de quien entiende el ritual, firmando el 4-1 y confirmando que, la maldición de las tandas de penaltis persigue a los rojiblancos.

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La chuleta de Marrero

Cuatro años antes, en Milán, el Atlético había vivido la versión más global de esa misma historia. En la final de la Champions League 2016 -segunda en dos años ante el Real Madrid-, el empate a uno tras la prórroga empujó de nuevo el desenlace hacia los penaltis. Allí no hubo paradas milagrosas ni remontadas imposibles. Hubo precisión blanca y un único error decisivo: el lanzamiento al poste de Juanfran Torres. Jan Oblak no logró detener ninguno y Cristiano marcó el decisivo para cerrar la escena con una sensación conocida: el Atlético había competido mejor durante largos tramos, pero había perdido donde todo se decide en segundos.

Aquella final copera de 1987

Retroceder más en el tiempo es entrar en un déjà vu casi inquietante para el Atlético. Y de nuevo ante el mismo rival que este sábado. En 1987, otra final de Copa frente a la Real Sociedad, otro empate (2-2), otra tanda. Aquel día, los fallos rojiblancos -con nombres que la memoria colchonera aún arrastra, Da Silva y Quique Ramos- y la mayor eficacia donostiarra volvieron a inclinar la balanza. Luis Arconada, como Marrero en la de este año, fue protagonista. No hubo héroes bajo palos para el Atlético -Abel Resino era el guardián-; sí, en cambio, la sensación de que la moneda siempre caía del mismo lado.

Y aún antes, en 1975, el origen. La final de Copa contra el Real Madrid terminó sin goles y se resolvió desde el punto de penalti en una época en la que ese desenlace aún era casi una novedad. El Atlético falló más, el rival acertó más. Sin épica, sin excepción, sin consuelo.

Cinco finales, medio siglo de distancia, un mismo desenlace. El Atlético ha cambiado de jugadores, de entrenadores, de estadios y de contextos. Ha sido un equipo dominante, resistente, brillante por momentos. Pero cuando una final se decide en una tanda de penaltis, todo ese recorrido se reduce a una secuencia mínima: un balón, once metros, un portero. Y el título, para el equipo rival.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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