El Club Las Arenas, en Tenerife, fue el primer club de pádel en las Islas Canarias en 1994 y albergó un Master del Circuito Beefeater
Una platanera, 50 millones de pesetas y tenis quick: así arrancó el pádel en Canarias- ALBERTO BOTE
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“Es una historia curiosa y, fíjate, aquí estamos más de 30 años después”, rememora Iñigo Jofre, cofundador del Club de Pádel Las Arenas, del que fuera primer reducto del deporte de la pala en las Islas Canarias y que inauguró el pádel en el paraíso insular español. La fotografía perfecta de un deporte que comenzó casi de la nada, evolucionó, se buscó su hueco y hoy está vigente, popularizado e incluso consigue celebrar una exhibición de renombre con estrellas del calibre de Paquito Navarro, Tamara Icardo, Sanyo Gutiérrez, Claudia Jensen o Manu Martín.
Una historia que se remonta a 1994. Mediada la década de los noventa, cuando los sindicatos movilizaban la mayor huelga general vista al gobierno de Felipe González, se nos erizaba la piel ante la imagen de Montserrat Caballé cantando a las cenizas del Liceu de Barcelona y un país entero se emocionaba con la pionera gesta de Conchita Martínez en Wimbledon, el pádel se buscaba las castañas para iniciar el camino del fin del snobismo. Y en Canarias encontramos un ejemplo de su éxito.
“Hasta entonces apenas había alguna pista suelta en uno o dos hoteles, pero este fue el primer club de pádel tal y como lo conocemos”, explica Jofre a MARCA Pádel en una visita al Puerto de la Cruz, localidad del norte de Santa Cruz de Tenerife, con la excusa de la celebración del día de Canarias que reuniría a más de 500 personas en un acto promocional turístico del Cabildo y Pádel Travel Experience.
Y es que aquel año este empresario madrileño y su pareja, Ninoska Manzanares, apostaron por incorporar el deporte de la pala a un territorio donde el tenis era el gran reclamo del mundo de la raqueta, el fútbol monopolizaba el interés general y la lucha canaria seguía dándole sabor cultural al deporte local. Y lo hicieron sobre una platanera agrícola que tuvieron que acondicionar para la práctica deportiva empezando de cero.
.“Nos costó 50 millones de pesetas (unos 300.000 euros de ahora) y con eso ahora no te compras casi una casa”, detalla Jofre que ha estado al frente de otros proyectos deportivos como la Ciudad de la Raqueta, en Madrid, y sabe del negocio. “Lo más caro fue el muro de contención para los movimientos de tierras”, continúa señalando la parte lateral de una pista central ahora abarrotada ante los highlights de los Navarro, Sanyo y compañía.
Nos costó 50 millones de pesetas (unos 300.000 euros de ahora) y con eso ahora no te compras casi una casa
Una apuesta arriesgada que, de hecho, costaría sacar a flote pues el pádel era un deporte desconocido en Canarias y en casi toda España. Aquel deporte de pijos que acabaría popularizándose con el relevo en el gobierno de España, José María Aznar, también en la década de los 90 para su posterior democratización con el boom inmobiliario.
“Los dos primeros años nos costó mucho enseñar qué era el pádel. El tenis funcionaba casi solo, pero había que llamar por teléfono para que lo probaran. Incluso había gente que pensaba que les proponíamos venir a un club de padres y no de pádel”, comenta en una conversación informal Ninoska Manzanares con una sonrisa nostálgica y que hoy sigue al frente de la gestión de un lugar que mantiene ese espíritu cercano, casi íntimo, que el pádel actual ha ido perdiendo en las grandes ciudades para dar lugar a monstruosos y rentables complejos que acojan a los millones de jugadores existentes.
Un lugar con historia
Unas instalaciones sencillas de tres pistas de muro, malla lateral blanda y superficie de tenis quick “para que los que jugaban al tenis se animaran a probarlo” tal y como detalla con un marcado acento canario la empresaria madrileña. Todo aquello en una época donde ella y su entonces marido abrían a las nueve de la mañana y no se iban hasta la noche cuando “se había ido todo el mundo, tirábamos la última bolsa de basura y podíamos cerrar”.
Un club que, como otros, ha vivido la transformación del pádel: de un deporte de nicho y residual a un reclamo de masas donde cuesta más reservar pista que buscar restaurante para cenar. De los libros de cuentas manuales y el uso de typex para anular reservas a los sistemas integrales de gestión estilo Playtomic. Las Arenas ha sido protagonista privilegiado de esa transición paulatina en la que España ha liderado la creación de una industria millonaria que ahora ya se ha abierto al mundo y sueña con USA, Asia y el olimpismo.
Un lugar de renombre por el que pasaron Carlos Almazán, Juan Fontán, Icíar Montes o Araceli Montero, los primeros ídolos de la pala en España. “Incluso aquí han jugado Juan Martín, Bela o Carol Navarro”, dice Jofre con orgullo. Y, sí, es cierto. El pádel en aquellos tiempos era un deporte que no aspiraba a los grandes escenarios y el éxito era llenar las gradas de Las Arenas, Puente Romano, El Club de Campo, Sotogrande o Benicassim. “De hecho se jugó el último Master del Circuito Beefeater”, rememora sobre la que, entonces, era la prueba reina del calendario.
Las capitales mundiales del pádel de entonces repartían un puñado de euros por participar y dejaron de contar pronto en cuanto el pádel cogió vuelo. Canarias continuó hasta 2017 acogiendo pruebas profesionales de forma esporádica cuando en Gran Canaria se celebró la última gran cita de World Padel Tour en territorio insular y, desde entonces, casi la nada.
.“Aquí hay grandes jugadores, pero no pruebas internacionales. Están los torneos de la Federación Canaria, pero no hay casi nada internacional y no queda otra que viajar y buscarnos la vida fuera”, explica Ainhoa Navarro, jugadora local y ranking 176 de la Federación Internacional de Pádel (FIP) y que disputa el Cupra FIP Tour. “Hay un par de clubes de competición, como La Calzada, pero los menores necesitan salir y competir”, completa.
Y es que hoy Canarias está lejos de albergar prueba alguna de Premier Padel, el circuito profesional. Lo han intentado, de hecho, como confiesan fuentes oficiales a este periódico fuera de micrófonos, pero el plan de desarrollo del circuito parece no pasar por allí. Una realidad que les obliga a conformarse con acoger algún torneo del Cupra FIP Tour de categoría Gold, Silver o Bronze y que sirve para seguir fogueando a talentos locales que brillan en el circuito canario o nacional como Navarro, Iñigo Jofre, Diego Gil, Raquel Eugenio o Bentahor Espino.
La apertura de un camino
Pero a pesar de la ausencia de pruebas profesionales, el pádel nunca ha dejado de crecer. Siguió su curso. Las Arenas abrió un camino que muchos otros decidieron continuar y, ahora, la actualidad es fructífera tras un periodo de poca visibilidad. Una realidad que marcan los números y evidencian los más de 180 clubes, 650 pistas y más de 7.500 licencias federativas que sitúan a Canarias como la quinta potencia autonómica en España desde que creara su propia federación territorial en 2014.
“Había una junta gestora que llevaba 8 años arraigada en Tenerife y contaba con 300 licencias y algunos impagos. Nosotros éramos un grupo de padres que querían desarrollar el pádel de menores y gracias a la ayuda de las instituciones y capital privado pudimos empezar a trabajar. El camino no ha sido fácil”, explica Diego Gil, presidente de la Federación Canaria de Pádel (FCP), sobre la evolución del pádel en Canarias en la última década.
Éramos un grupo de padres que querían desarrollar el pádel de menores y gracias a la ayuda de las instituciones y capital privado pudimos empezar a trabaja
Una realidad sana y sostenible que muestra que ese otro pádel sigue vivo. Que funciona. Tenerife es el epicentro insular del pádel y, sí, Las Arenas ya no es una fecha señalada del calendario, pero tampoco lo necesita. En un espacio ya renovado y que 30 años después dijo adiós al tenis en 2025, apostó por entregarse por completo al pádel con pistas de última generación e, incluso, incorporó dos pistas de pickleball. ¿El resultado? Una ocupación muy alta, una fuerte fidelización y una capacidad de crear comunidad que sigue intacta y que se percibía en los comentarios de muchos asistentes al evento ya mencionado con un “te veo el martes” o el típico “avisa a ‘fulanito’ que le toca pagar la ronda”.
En Canarias se vive “a otro ritmo” como repite con orgullo la gente local. Y es algo que se nota y se siente. Y en Las Arenas, donde no ha pasado el tiempo o no al mismo ritmo al menos, los paisanos siguen yendo “a jugar la partida de pádel, tomar café o ver a los amigos”, explican desde la dirección del club. Una muestra clara de que sigue teniendo sabor a pádel del de antes, del que hizo que lo que hoy vive el deporte de moda sea posible.
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