- MARTIN WOLF
El regreso crearía nuevos problemas de gran seriedad, pero Suiza ofrece un modelo alternativo.
Hace una semana asistí a una gran conferencia organizada por el Cercle d'Economia en Barcelona. En varias ocasiones, los participantes, en su mayoría empresarios, me preguntaron si Reino Unido se reincorporaría a la UE.
Mi respuesta fue la misma que di el 10 de diciembre de 2023 en mi columna "Reino Unido no se reincorporará a la UE en décadas, si es que alguna vez lo hace". El Brexit fue un error; pero no, no se puede revertir. Heráclito dijo que "no se puede entrar dos veces en el mismo río". La UE y Reino Unido no pueden volver a la situación anterior a junio de 2016. Además, el intento de reincorporación supondría un gran derroche de energía para ambas partes. Sobre todo, es innecesario.
Pensé que el Brexit sería un gran error. Lo que ha sucedido desde entonces no ha hecho que parezca mejor en absoluto. ¿El resultado ha sido una economía dinámica, un país satisfecho con la decisión o una drástica reducción de la inmigración? No, en ninguno de los casos. Hoy, el país está más dividido políticamente y es más pobre de lo que habría sido de otro modo. Además, dista de estar satisfecho con su decisión.
La mayoría de los problemas eran predecibles. Pero algunos se deben a que el mundo se ha movido en una dirección hostil al Brexit. En 2016, la idea de un "Reino Unido global" no era tan absurda como lo es hoy, con la globalización en retroceso, unos Estados Unidos poco fiables, una Rusia en guerra en Europa y una China aún más autocrática y mercantilista. Europa no es sólo el hogar de Reino Unido. La UE sigue siendo su socio económico más importante: en 2025, el 45% del comercio británico de bienes se llevó a cabo con la UE.
Aun así, un regreso crearía nuevos problemas de gran seriedad. Sin duda, sería necesario otro referéndum, que sería sumamente divisivo y reavivaría el resentimiento. Luego, habría que iniciar nuevas negociaciones. Además, las condiciones de adhesión serían distintas a las vigentes cuando Reino Unido se marchó. Es muy improbable esta vez hubiese sobre la mesa cláusulas de exclusión voluntaria. Todo esto agotaría una legislatura en Reino Unido. Esto no sólo desviaría la atención de otras prioridades nacionales. Lo mismo ocurriría en la propia UE, que se enfrenta a desafíos económicos y de seguridad mucho más importantes. Además, la UE podría preguntarse, con razón, si Reino Unido volvería a cambiar de opinión.
Heráclito tenía razón. Afortunadamente, existe una alternativa: llamémosla la "opción suiza", es decir, un conjunto de tratados que abarcan los aspectos más importantes de la relación. Como señaló Anton Spisak en un estudio sobre el último acuerdo UE-Suiza para el Centro para la Reforma Europea, el resultado es bastante complejo. Pero podría ser viable. Sin entrar en detalles explícitos, parece claro que Reino Unido necesita estar lo más alineado posible con la política comercial de la UE y el mercado único. También debe participar lo más plenamente posible en las políticas de la UE en materia de seguridad, ciencia, educación, finanzas y fitosanidad. El precio de no ser miembro sería que Reino Unido se limitaría a acatar las normas. Pero los supuestos beneficios de la autonomía han resultado ser exagerados. Preferiblemente, en mi opinión, Reino Unido se uniría a la unión aduanera, las zonas de libre comercio de la UE y el mercado único. También realizaría contribuciones financieras a programas esenciales de la UE.
El obstáculo más evidente sería la necesidad de aceptar la libre circulación de trabajadores. Sin embargo, existen tres razones por las que esto debería ser menos problemático que antes del Brexit. La primera es que resulta evidente que la migración deberá continuar: la demografía de Reino Unido así lo exige. La segunda es que las dos principales razones de la afluencia de inmigrantes de la UE antes del Brexit —la ampliación hacia el Este y la crisis de la eurozona— ya son cosa del pasado. La tercera es que es evidente que los inmigrantes de la UE se han integrado en Reino Unido con relativa facilidad. Además, es poco probable que se produzca una nueva ampliación importante, salvo quizás en el caso de Ucrania. ¿Sería tan difícil?
La gran ventaja de este modelo es que no requeriría otro referéndum. Sí, sería complejo negociarlo y generaría fricciones. Pero también consolidaría aún más la que probablemente seguirá siendo la relación más importante de Reino Unido. ¿Volverá la antigua relación con Estados Unidos, incluso después de que Donald Trump deje el cargo? Lo dudo. Si lo hiciera y esta nueva relación con la UE no funcionara, podría modificarse. Si, por otro lado, funcionara bien en las próximas décadas, la decisión de reincorporarse podría tomarse desde una plataforma mucho mejor y más consolidada que la actual, pero también después de que el país haya vivido la experiencia del Brexit. Ahora conocemos la realidad. El Brexit ya no es sólo una promesa.
No podemos revertir el Brexit de forma sensata a corto o medio plazo. Pero tampoco hay razón para quedarnos donde estamos. En estos tiempos nuevos y difíciles, Reino Unido debe volver a acercarse a sus socios europeos. Debe hacerlo, poco a poco y con cuidado.
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