El artista malagueño participa en el festival Le Nouveau Printemps comisariado por Rossy de Palma con una pieza que dignifica los restos de un barrio en plena transformación
Regala esta noticia Añádenos en Google Ernesto Artillo, frente a la escultura. (Rafael Estefanía) 21/06/2026 a las 23:14h.Es el barrio de Bonnefoy, en Toulouse, pero su historia es la de muchos otros en el mundo. Un vecindario obrero a un paso del ... centro, con un ambiente de pueblo antiguo y testimonios de un pasado ferroviario. Y ahora, también, en plena transformación: los vecinos de siempre conviven con salas alternativas y estudios de arte; y junto a las casitas bajas de toda la vida, algunas tapiadas para no ser ocupadas, hay solares en los que pronto se levantarán edificios con piscina y pista de pádel. Hasta allí se fue Ernesto Artillo con el encargo de aportar algo al festival Le Nouveau Printemps, que este año comisaria Rossy de Palma. El artista malagueño llevaba preparada una pregunta: ¿Qué podría ser sagrado en un barrio como ese? Y esta fue su respuesta: una torre de escombros de cinco metros de altura.
Ernesto Artillo lo titula 'Obra nueva', un juego de palabras con el doble sentido del término 'obra', que lo mismo describe la creación de un artista que se refiere a la construcción de un edificio. Forma parte de la programación de Le Nouveau Printemps, un festival de creación contemporánea que se celebra entre mayo y junio. En cada edición, este veterano ciclo -que con distintos nombres se remonta a los 90- elige a un comisario y un barrio en el que intervenir artísticamente. En este caso, bajo la organización de Rossy de Palma, tres malagueños han dejado su marca en Bonnefoy. Además de la pieza de Artillo, la bailaora La Chachi hizo una performance y la artista Paloma de la Cruz ha expuesto uno de sus tejidos de cerámica. Comparten cartel con nombres como Pilar Albarracín, Ben Russel y Manuel Outumuro, entre muchos otros.
Tras 'Obra nueva' hay varias capas de significado. La pieza tiene un componente metafórico: crea algo de la nada con materiales y elementos del pasado. Es nuevo porque eso antes no estaba ahí, pero a lo lejos podría pasar por un torreón medieval, una de esas construcciones que resisten el tiempo y el avance de las civilizaciones; una contradicción que no deja de ser irónica.
La torre mide cinco metros. (Rafael Estefanía)Solo visto de cerca se aprecian los fragmentos que la componen, respetando las texturas para que cada uno de los elementos sea visible y no se pierdan en el conjunto. «En un presente donde la destrucción de edificios, también en contextos de guerra, puede convertirse en una forma extrema de borrar memoria, desplazar cuerpos e imponer nuevos relatos, estos escombros adquieren una dimensión simbólica más amplia. Lo que normalmente se retira o se desecha aparece aquí como principio de una nueva forma», se lee en el texto que explica la instalación. Como añade Ernesto Artillo, esa destrucción está por todas partes, «la vemos aquí y la vemos en Gaza».
Debajo de la torre, a modo de cimientos, hay una cruz de seis metros de hierro. No es solo un sostén arquitectónico. La base de esto, como buena parte del trabajo de Artillo, es espiritual. «Repensando lo divino, todo el imaginario que he heredado, se exige volver a construir una espiritualidad pero no descartando la que había, sino construyendo desde sus propios fundamentos, lo que fue en sus inicios (,,,) Eso nos puede acercar a los primeros cristianos, a una espiritualidad más social, más punki que desafía patrones conservadores que han desviado su realidad», argumenta el artista.
Confía en que el desarrollo de la zona no acabe con la obra: "Sería destruirlo por las mismas lógicas que propone cuestionar"
Dialoga con el trabajo que ha venido haciendo Artillo en los últimos años. En esa cruz condensa la influencia religiosa tan presente en sus propuestas con una mezcla de devoción folclórica y respeto a la tradición. Colocarla es para él una manera de dignificar lo que para otros es solo basura. Y aquí vuelve a trabajar con materiales reciclados, como ya hizo con las prendas que diseñó con la ropa que los inmigrantes se quitan al tocar tierra en Cabo de Gata -donde él reside- o en la acción que llevó a cabo en el Thyssen con las flores que retiran de las iglesias cuando ya han cumplido su misión.
Confiesa que si finalmente 'Obra nueva' cae por el desarrollo urbanístico del barrio sería «un fracaso del proyecto». «Sería destruirlo por las mismas lógicas que propone cuestionar», lamenta. Confía en que en este tiempo, mientras avanzan los proyectos, el vecindario la haga suya, «porque si no es para la gente, es de nuevo una forma de colonizar», reconoce. De momento, en la inauguración, un joven vecino leyó un relato inspirado en el barrio y la Chorale Populaire de Toulouse (El Coro del Pueblo) acompañó con sus cánticos el evento. Hay esperanza.
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