El acusado, un militar jubilado con distonía muscular, se enfrenta a 18 años de prisión por maltrato habitual, lesiones graves y amenazas
Regala esta noticia Añádenos en Google El acusado de arrancarle un ojo a su pareja tras una discusión en Villajoyosa. (Irene Marsilla)Ignacio Cabanes
26/05/2026 a las 08:00h.Un enfado inicial durante una partida de ajedrez que perdió el acusado y la posterior discusión de la pareja, tras una conversación telefónica con los ... padres de él, acabó en una brutal agresión machista con la víctima sufriendo perforación ocular por la que desde entonces tiene que llevar una prótesis en la cuenca del ojo izquierdo. «Me cogió por la espalda y me arrancó el iris, noté un dolor enorme», relata la víctima visiblemente afectada durante la vista oral.
Según mantienen las acusaciones, la relación de 20 meses entre la víctima, vecina de Gandía (Valencia), y el acusado, residente en Villajoyosa (Alicante), estuvo marcada por las agresiones físicas y las amenazas de muerte. El primer episodio violento se produjo a mediados de junio de 2023, en el domicilio de él, tras una discusión, en la que el acusado le propinó un manotazo y un puñetazo en la cara a la mujer, amenazándola con que si se marchaba la mataría y luego se pegaría un tiro. Posteriormente en octubre de ese mismo años, el procesado insultó a su pareja en Gandía y la empujó de espaldas sobre la cama, reteniéndola a la fuerza por el hombro.
Pero sin duda la agresión más grave se produjo el 22 de diciembre de 2023, en el domicilio del acusado, donde ambos iban a pasar la Navidad confinados al haber dado positivo en covid-19. Tras perder una partida de ajedrez, el hombre reaccionó volcando una mesa con violencia, según ha relatado la víctima. Posteriormente, tras una llamada con los progenitores de él, se desató una nueva discusión. El acusado la bloqueó por la espalda y le presionó el ojo izquierdo hasta provocarle una perforación ocular traumática con evisceración.
«Me ofreció su piso y su pensión para que no le denunciara de camino al hospital en Alicante», señala la agredida, que pese a que no quería que le acompañara, le dejaron subirse en la ambulancia con ella. Posteriormente fue derivada al Hospital Clínico de Valencia.
Coacciones en el hospital
Durante su estancia hospitalaria, el 23 de diciembre de 2023, el agresor continuó coaccionando a la mujer para evitar ser denunciado: «No digas nada, como digas algo me mato, voy a por la pistola que tengo y me meto un tiro», llegó a decirle mientras le tapaba la boca. Por vergüenza y miedo, la víctima declaró inicialmente a los facultativos que se había caído en la bañera.
Tampoco se lo contó a sus hijos pese a quedarse a solas con ellos. La hija de la víctima ha relatado cómo trató de localizar a su madre en varios hospitales y cuando finalmente dio con ella, recuerda que no dejaba de llorar. En el momento en el que su tío se fue con su novio, y cuando estuvo a solas con sus hijos le volvieron a preguntar. El acusado no dejaba de insistir en que él se quedaba a dormir con ella, y aunque reconocen que veían que había algo raro, en ese momento no podían saber que él le había arrancado el ojo y la tenía amenazada en el hospital.
Finalmente, el 25 de diciembre, al quedarse a solas con el médico especialista, la mujer confesó la verdad. Tras conocerse el testimonio de lo que realmente le había ocurrido y dar parte a la Policía, el acusado se dio a la fuga. Fue localizado y detenido por las fuerzas de seguridad el 26 de diciembre de 2023, decretándose su prisión provisional.
Secuelas irreversibles
La agresión sufrida por la víctima requirió dos intervenciones quirúrgicas. Una sutura de urgencia el 23 de diciembre de 2023, y la extirpación del globo ocular el 19 de enero de 2024 para la implantación de una prótesis permanente.
Frente a la versión de la defensa, que achaca el movimiento a una crisis de distonía muscular, la víctima y los testigos desmontaron dicha teoría durante el juicio, señalando que el procesado -militar jubilado- conducía habitualmente coche y motocicleta, y practicaba de forma activa el tiro con arco, por lo que dicha dolencia no le impedía realizar una vida completamente normal ni mermaba su fuerza física.
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