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El móvil de la víctima fue localizado en el Cabanyal frente al domicilio de los abuelos del violador, ahora condenado. LP Una víctima reconoce a su violador por la voz en el lugar donde extravió su móvil«Estoy convencida de que me echó algo en la bebida», asegura la mujer sobre su agresor, condenado por la Audiencia Provincial de Valencia a seis años de prisión
Ignacio Cabanes
Valencia
Miércoles, 18 de marzo 2026, 10:02 | Actualizado 10:08h.
... su teléfono móvil, el bolso, ni la cazadora. Así se despertó en la madrugada del 16 de octubre de 2022 Andrea –nombre ficticio para preservar su anonimato–. Su estado y el fuerte dolor que sentía en su zona genital, «como si llevara horas en una bicicleta», según recuerda, hizo que tuviera claro que la habían violado, pero apenas recordaba nada y no podía aportar datos de su violador o violadores (se encontró ADN de dos varones distintos).El ahora condenado a seis años de prisión por un delito de agresión sexual con acceso carnal lo negó, «agachaba la cabeza y dijo que no se acordaba dónde había dormido esa noche». Pero la víctima no se iba a dar por vencida y siguió dándole vueltas a esa voz. Fue entonces cuando se percató, ya a solas con los policías, de quien se trataba ese hombre y por qué le sonaba tanto su forma de hablar. Era su presunto violador.
La denunciante entró en su perfil de Instagram y comprobó las fotos de un chico que durante los últimos meses le había mandado «constantes mensajes explícitos» proponiéndole tener relaciones sexuales, a las que ella se negó en todo momento. «Al principio ni pensé en él porque para mí no había sido algo relevante, no me sentía acosada, y no me había fijado en sus fotos», argumenta.
Gracias a este reconocimiento de su agresor y las pesquisas posteriores de la Policía Nacional, que probaron que ambos habían sido vistos bailando en una discoteca de Valencia esa noche y que se habían marchado juntos –ella en muy mal estado–, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Valencia ha condenado al acusado a seis años de prisión. La acusación particular, ejercida por el letrado Jorge García-Gascó, ha demostrado que el acusado se aprovechó del estado en el que se encontraba su víctima. «Estoy convencida de que me echó algo en la bebida», asegura Andrea.
Privada de sentido
Si bien la sentencia no puede acreditar como probada la sumisión química, sí que establece que «la denunciante estaba privada de sentido por el evidente estado de embriaguez en que se encontraba». Situación que era «sobradamente conocida por el acusado, quien se aprovechó de ello para conseguir un acceso carnal con la denunciante que hasta ese momento siempre le había negado en sus conversaciones a través de Instagram», detalla la Sala.
Dichas conversaciones, aunque no constituyen una prueba directa de los hechos, «sí permiten apreciar un claro interés sexual del acusado en la denunciante y un rechazo por parte de ésta», añade el tribunal.
Asimismo, los testigos ratificaron que a media noche vieron a la denunciante que iba muy «perjudicada por el alcohol o drogas». Entre ellos el seguridad del local de ocio que la vio salir con «la mirada perdida y cómo era conducida o guiada por el acusado». A ello se suma que se dejara olvidados su bolso y su cazadora en el local de ocio.
«Si la denunciante salió del pub y dejó olvidados su cazadora y su bolso y luego frente a la casa de los abuelos del acusado dejó olvidado su teléfono móvil, es claro que las facultades de la denunciante se encontraban notablemente perjudicadas», argumenta la sentencia.
«Me da igual el dinero»
La Audiencia Provincial de Valencia condena al acusado a seis años de cárcel por un delito de agresión sexual con acceso carnal, con la concurrencia de la circunstancia atenuante analógica de reparación del daño al haber pagado los 20.000 euros de indemnización por las secuelas y daños morales a la víctima. «A mí me da igual el dinero, querían llegar a un acuerdo antes del juicio, pero solo quiero que pague por lo que ha hecho», remarca la víctima.
Además de los seis años de prisión, al condenado se le impone una medida de siete años de libertad vigilada, y se le prohíbe comunicarse y aproximarse a menos de 300 metros de su víctima por un plazo de ocho años, según informa 'Las Provincias'. La sentencia ha tenido en cuenta a la hora de acordar la pena «la forma vejatoria» con la que trató el acusado a la denunciante después de violarla privada de sentido, a la que dejó en la calle sin ropa interior a sabiendas del estado en que se encontraba.
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