La cantante malagueña, que regresa a Starlite, reivindica los directos «sin trampa ni cartón» y defiende una vida «con menos prejuicios y más empatía»
Regala esta noticia Añádenos en Google Vanesa Martín vuelve a casa con un concierto en Starlite. (Fran Leal) 26/07/2026 a las 09:29h.Los ladridos de su perra se cuelan en el saludo telefónico. «¿Le pasa algo?». «No, no. Solo quiere jugar y su madre tiene que trabajar», ... responde entre risas. La escena resume bien el momento que atraviesa Vanesa Martín (Málaga, 1980), una artista que alterna los grandes escenarios con la vida cotidiana mientras disfruta de una de las etapas más «serenas» de su carrera. En plena gira de 'Casa Mía', donde recupera canciones de sus primeros discos al tiempo que da forma al siguiente, la conversación gira en torno a un concepto: la libertad. La de poner límites, la de dejar de mirar por el retrovisor, la de aceptar que no se puede gustar a todo el mundo y la de seguir encontrando en la música un lugar donde sentirse en casa. Y en casa estará, precisamente, este viernes 14 de agosto en Starlite.
–Muy bien. La estoy disfrutando muchísimo porque era una gira muy apetecida. He rescatado canciones muy antiguas y las estoy mezclando con las de 'Casa Mía'. La gente lo está disfrutando un montón y yo también. Además, mientras tanto sigo matizando el disco nuevo. Estoy a tope, pero con mucha energía.
–Debe de ser satisfactorio; el cariño de la gente nunca está garantizado.
–Imagínate, con los tiempos que corren, con la prisa con la que vivimos y con todos los estímulos que tenemos... Las canciones duran cada vez menos. El gran error es creer que esto es eterno. Tenemos que estar en constante evolución, aprendiendo y reciclándonos. Lo mejor es que, aunque vivamos rodeados de estímulos, las canciones siguen teniendo algo mágico: durante tres minutos te sientan frente a frente contigo mismo.
–La gira tiene un componente muy teatral. ¿Siempre ha estado ahí esa faceta o la ha descubierto ahora?
–Creo que, poco a poco, voy siendo más yo. Antes también lo era, pero una va depurándose. Para mí el éxito hoy es la capacidad de ser y hacer con libertad, de seguir sintiendo incertidumbre y mariposas. Intento hacerme mejores preguntas: qué quiero construir en esta etapa, qué necesito para vivir en paz, qué estoy dispuesta a negociar y qué no, qué personas me aportan y cuáles me restan energía. Y una de las cosas que quiero cuidar más es precisamente esa capacidad de interpretar, porque me divierte muchísimo.
–¿Y qué líneas rojas ha aprendido a poner?
–Cuando detecto que alguien se acerca para desestabilizarme o robarme energía, pongo una línea roja enseguida. No hace falta echar a nadie; simplemente lo pongo en cuarentena. Observo mucho. Ahí me sale la escorpiona que llevo dentro. Y, sobre todo, procuro no saltarme nunca a mí misma.
«Cuando detecto que alguien se acerca para desestabilizarme o robarme energía, pongo una línea roja enseguida»
–¿Tiene facilidad para detectar a la gente que se acerca por interés?
–Sí, tanto en lo personal como en lo profesional. Soy muy extrovertida con los míos, pero con quien no conozco se me activa ese radar. Cuando percibo dobles intenciones lo detecto muy rápido y pongo una pared enorme.
–¿Ese personaje también funciona como un escudo?
–Es una manera de protegerte. Como Vanessa Martín Mata tengo días maravillosos y días horribles, momentos de nostalgia, de vulnerabilidad, de echar de menos a alguien o de no encontrarme. Me permito sentir todo eso. Pero cuando eres Vanesa Martín, la artista, no siempre puedes permitirte mostrarlo.
–Sin embargo, trabaja con un material muy sensible, íntimo: las canciones.
–Precisamente por eso creo que me siento tan respetada. Escribo con mucha honestidad y cada uno adapta esas canciones a su propia vida. Pero siempre hay alguien que espera que seas un personaje las veinticuatro horas del día. Y no. A veces es necesario ponerse el traje de artista y separar las dos cosas.
–Supongo que llega un momento en el que uno acepta que no puede gustarle a todo el mundo.
–Claro. Hay una frase maravillosa de Lola Flores: «No soy una croqueta para gustarle a todo el mundo». Me la tatuaría. Estoy aprendiendo a construirme a mí misma además de a mi carrera. Sé que no puedo gustarle a todo el mundo y tampoco pasa nada. Lo que quiero es sentirme libre, tranquila, inspirada, ligera y enamorada de la vida. Tengo que pensar en cómo tatuarme una croqueta. (Risas).
–¿Se gusta a sí misma?
–Es que esa es la base. Gustarte, aceptarte y sentirte segura de ti misma. Sin una vanidad tóxica. Esa es la primera piedra para poder querer y dejarte querer de una manera sana.
«Hay una frase maravillosa de Lola Flores: 'No soy una croqueta para gustarle a todo el mundo'. Me la tatuaría»
–Una persona que vive entre aviones, hoteles y escenarios... ¿Dónde está realmente su casa?
–'Casa Mía' no es un lugar físico. Es un lugar emocional. Un espacio donde conviven el respeto, la libertad, la ausencia de prejuicios y donde ser vulnerable no solo está permitido, sino que se entiende como una fortaleza. Para mí es una mezcla de identidad, equilibrio y ambición.
–Al comienzo del concierto invita al público a dejar los juicios y los prejuicios en la puerta. ¿Por qué era importante lanzar ese mensaje?
–Porque si consiguiéramos hacerlo el mundo sería mucho más bonito. Los prejuicios limitan la libertad del otro y también la tuya. La vida es demasiado breve para juzgar a personas cuya historia desconocemos. Echo de menos más empatía y también más compasión. Es una palabra preciosa que parece estar en desuso.
–Vivimos además un momento de opiniones inmediatas y gruesas.
–La gente discute, señala y juzga enseguida. Nos cuesta soportar la frustración y escuchar al otro. Creo que todos merecemos ese respeto.
–Antes hablaba de la velocidad con la que vivimos. ¿Echa de menos conciertos en los que el público simplemente escuche, sin grabarlo todo con el móvil?
–Mi público es muy variado; tengo hasta tres generaciones en los conciertos. Los más jóvenes sí suelen grabar más. Yo, sinceramente, cuando voy a un concierto prefiero quedarme con el recuerdo antes que verlo a través de una pantalla. Pero entiendo que hoy vivimos una época en la que parece que somos lo que mostramos.
«Cuando voy a un concierto prefiero quedarme con el recuerdo antes que verlo a través de una pantalla»
–¿El directo sigue siendo el verdadero sentido de esta profesión?
–Sí, porque ahí no hay trampa ni cartón. Ahí eres lo que eres. Si cantas bien, cantas bien; si no, no. Es una prueba constante y eso me gusta muchísimo.
–¿El aplauso tiene algo de adictivo?
–Tiene algo muy bonito. Cuando una canción recibe un aplauso largo siento que aquel dolor que la inspiró mereció la pena. Es como un abrazo. Pero también sé bajarme del escenario y disfrutar de mi vida normal. Me adapto muy bien. Siempre digo que donde me suelten estoy bien.
–Está componiendo ya canciones nuevas. ¿Ha escrito algún verso que solo pudiera haber escrito la Vanessa de hoy?
–Sí. He escrito sobre la libertad que aparece cuando dejas de mirar continuamente por el retrovisor y descubres que el paisaje sigue estando delante.
–¿Le ha hecho mucho daño ese retrovisor?
–He tenido etapas de nostalgia, de melancolía, de sentir que la vida iba más deprisa que yo.
–¿Y qué papel ha jugado México en esa nueva mirada?
–México me ha regalado una forma distinta de mirarme. Me ha arraigado todavía más a mi identidad. No he ido allí buscando canciones; me fui a vivirlas. Me apasiona su cultura y su manera de entender la vida. La filosofía del Día de Muertos, por ejemplo, me ayuda mucho a aceptar el paso del tiempo y las pérdidas. He descubierto habitaciones nuevas dentro de mí.
–Dentro de unos días vuelve a Starlite, un escenario muy especial para usted.
–Málaga siempre tiene una responsabilidad preciosa porque aquí empezó todo. Y Starlite es uno de los escenarios más mágicos que conozco por la cercanía con el público. Conviven la piedra, la naturaleza y la tecnología de una manera muy especial. Cada vez que vuelvo siento que ya somos una familia.
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