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Vargas Llosa, Venezuela y República Dominicana

Vargas Llosa, Venezuela y República Dominicana
Artículo Completo 1,014 palabras
En ambos casos, regímenes autoritarios con décadas de control sobre instituciones y fuerzas armadas no se derrumban por sí solos, sino que dependen de procesos externos

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Ilustración: Felip Ariza

Jesús G. Maestro

Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada

Domingo, 22 de febrero 2026, 00:02

... jamás de una segunda oportunidad. En cierto modo, el autor sugiere que los pueblos que no conocen su historia, como las familias que desconocen su propio pasado,― están condenados a repetirla. Es una idea muy tópica y vulgar para una novela tan valiosa. Pero García Márquez no miente.

La transición política en Venezuela tras la captura y caída de Nicolás Maduro, en un contexto de intensa presión internacional y polarización interna, guarda ciertos paralelismos con la experiencia dominicana posterior al asesinato de Rafael Trujillo en 1961.

En ambos casos, regímenes autoritarios con décadas de control sobre instituciones y fuerzas armadas no se derrumban por sí solos, sino que dependen de procesos externos: en Venezuela, la captura de Maduro; en República Dominicana, una conspiración interna apoyada de forma encubierta por agencias extranjeras de inteligencia y espionaje.

Tanto en Caracas como en Santo Domingo, la caída del líder no significó automáticamente la consolidación de la democracia, sino el inicio de transiciones inciertas en las que el control del Estado, la influencia militar y la intervención internacional resultaron determinantes para el rumbo político posterior.

En ambos procesos, las élites del régimen saliente no quedaron excluidas del nuevo orden político, lo que condicionó profundamente el desarrollo democrático. En Caracas, el chavismo mantiene estructuras de poder y un ejército ideológicamente bien formado, mientras la oposición sigue fragmentada y dependiente de apoyo internacional.

De manera similar, en Santo Domingo, tras la dictadura trujillista, no había un liderazgo opositor plenamente consolidado y la transición inicial fue obra de figuras vinculadas al régimen anterior, con fuertes tensiones internas antes de alcanzar una democratización más estable. Esta continuidad parcial de los actores del pasado demuestra que la simple caída de un dictador no garantiza una democracia, sino que impone procesos complejos de negociación y redefinición de poderes.

En la transición política de Venezuela tras la caída de Maduro, las fuerzas armadas y las estructuras del chavismo mantienen un poder considerable y actúan como árbitro -o incluso obstáculo- del proceso democrático. Se negocia con poderes que no han abandonado por completo la lógica autoritaria.

La caída de un dictador no garantiza una democracia, impone procesos complejos de redefinición de poderes

El mismo paralelo histórico se observa en República Dominicana tras el atentado contra Trujillo, cuando la fuerza militar y la Guardia Nacional desempeñaron un papel ambivalente: algunos conspiradores eran militares y solo gracias a la llamada Rebelión de los Pilotos se impidió el regreso del clan Trujillo. En ambos casos, las fuerzas armadas y de seguridad no desaparecen ni se desarticulan automáticamente, y su posición determina el éxito o el fracaso de la democracia.

Tanto en la República Dominicana de 1961 como en la Venezuela de 2026, la influencia internacional es determinante para la caída del régimen autoritario, aunque con factores diferentes. En Venezuela, el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea es explícito, pero también artero, y busca orientar la transición hacia la democracia, aunque genera tensiones de soberanía y legitimidad.

En República Dominicana, el asesinato de Trujillo contó con la intervención encubierta de Estados Unidos, más ligada a intereses geopolíticos en el contexto de la Guerra Fría que a un movimiento verdaderamente popular. Estas experiencias muestran cómo, tanto entonces como ahora, intereses externos gestionan la caída de dictaduras, y condicionan igualmente la percepción y gestión interna de la transición política.

La conversión democrática en Venezuela tras la caída de Maduro aún no se ha consolidado y se desarrolla en un contexto de incertidumbre, fragmentación política y riesgos de que poderes del antiguo régimen o grupos afines socaven el proceso. El mismo paralelo histórico tuvo lugar en República Dominicana: aunque en 1962 Juan Bosch llegó al poder mediante elecciones, la democracia sufrió retrocesos, como el golpe de Estado de 1963 y el posterior Gobierno autoritario de Balaguer entre 1966 y 1978. Fueron necesarios años de pactos políticos y ajustes institucionales.

Ambos casos muestran que la construcción de la democracia nunca es rápida ni lineal, sino un proceso gradual de avances y retrocesos que depende de negociaciones complejas entre élites políticas y una indefinida sociedad civil.

La comparación muestra paralelismos útiles y sorprendentes. Sin embargo, hay diferencias claras en origen, legitimidad y cronología: la República Dominicana tuvo un proceso más conflictivo y dilatado, con retrocesos preocupantes, mientras que Venezuela se enfrenta hoy a un momento incierto, donde instituciones y consensos aún deben construirse desde la base.

Lean a Vargas Llosa en 'La fiesta del Chivo' y observen en la historia de República Dominicana el futuro de la Venezuela actual. La literatura no es una profecía: es una explicación de que el ser humano no es capaz de mejorar políticamente cuando el sistema de gobierno y la forma de imponerlo son lo mismo. Incluso después de más de medio siglo. Quien desconoce su historia repite siempre los mismos errores, pero nunca la misma historia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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