La misión a la Luna ameriza esta próxima madrugada. La nave Orión deberá soportar su último examen, la reentrada en la atmósfera
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (gráficos)
Viernes, 10 de abril 2026, 00:55
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A una velocidad superior a los 30.000 kilómetros por hora, la cápsula tendrá que soportar «los más de 3.000 grados que se alcanzan», explica Guillermo González Gómez, jefe de producción del módulo de servicio, vital en toda la misión al servir de despensa tanto de los alimentos como del agua, así como por albergar el sistema que regula la temperatura y el motor que propulsa el artilugio. «A la Orión le 'duele' entrar en la atmósfera», subraya gráficamente el ingeniero aeronáutico de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Las maniobras de regreso de las naves espaciales resultan siempre complejas. Junto a los despegues, es una de las operaciones que más preocupan a los ingenieros. «Incluso las que vuelven de la Estación Espacial Internacional, que lo hacen de forma muy frecuente, son brutales, pero están controladas», apunta el experto. Sin embargo, las misiones que regresan desde el espacio profundo –todas las que viajan más allá de la órbita terrestre, como esta de la Artemis 2, que se ha alejado 406.000 kilómetros de la Tierra, más que ninguna otra nave tripulada–, son mucho más difíciles porque llegan a velocidades muy superiores.
Los ingenieros de la Nasa comprobaron de primera mano con la misión Artemis 1 en diciembre de 2022 los daños que estas condiciones tan extremas provocaron en la Orión. El escudo térmico que la protegía perdió material hasta en un centenar de puntos. Fue como si se desconchara.
La inmensa mayoría del viaje, una vez abandonada la atmósfera terrestre, se realiza con la cápsula de la tripulación y el módulo de servicio acoplado a ella.
El módulo de servicio incluye depósitos de combustible y motores para las maniobras en el espacio.
La última fase de entrada se realiza después de desechar el módulo de servicio. Solo regresa la cápsula con los astronautas.
La clave para la supervivencia está en el escudo térmico que protege la parte inferior de la nave, que es la que más se va a calentar en el regreso a la atmósfera.
Antes de la entrada los tripulantes se habrán puesto ya los trajes de supervivencia, presurizados para protegerles de aceleraciones y golpes, refrigerados y con suministro de oxígeno.
AUX STEP FOR JS
La armadura de la nave recubre especialmente su parte inferior, la que tiene que soportar los más de 3.000 grados –más de la mitad de la temperatura de la superficie del Sol– que provoca la fricción con la atmósfera. Se compone de una estructura de titanio y una capa de fibra de carbono sobre la que se instalan 186 losetas de un material llamado Avcoat. Empleado desde las misiones Apolo –su composición se ha ido mejorando, insiste la Nasa–, se trata de una especie de resina que se va quemando de forma controlada, alejando así el calor de los astronautas, que se encuentran en el interior de una cápsula hermética compuesta por siete grandes piezas de aleación de aluminio. Cuentan, además, con la protección extra de los trajes espaciales, ignífugos y diseñados para sobrevivir hasta seis días.
La agencia espacial estadounidense explicó que aquellos socavones se debieron a que el Avcoat, «al no tener permeabilidad, no permitió evacuar los gases que se generaron, lo que provocó que los bloques protectores se agrietaran y terminaran desprendiéndose». Durante las pruebas anteriores a aquel vuelo, los técnicos realizaron pruebas de resistencia en tierra a velocidades muy superiores a los que la nave experimentaría en realidad, lo que hizo que el material se desgastara como debía y se liberaran los mencionados gases. «El calentamiento menos severo observado durante la reentrada real de Artemis 1 desaceleró el proceso de formación de material carbonizado, al tiempo que siguió creando gases en esta capa de material. La presión del gas se acumuló hasta el punto de agrietar el Avcoat y liberar partes de la capa carbonizada», detallaron.
CANADÁ
ESTADOS UNIDOS
OCÉANO
PACÍFICO
CAÍDA
AL MAR
San Diego
MÉXICO
Hawái
ENTRADA EN
LA ATMÓSFERA
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No obstante, subrayaron que la temperatura en el interior de la Orión habría sido «agradable» para la tripulación. Midieron 24 grados. Aseguraron también que estudiarían cambios en su diseño y en la forma de la reentrada para futuros viajes estelares. Sin embargo, ya era tarde para la misión que ha tenido lugar estos días: la Orión en la que viajan ahora Wiseman, Glover, Koch y Hansen ya había sido construida y se le había adosado el mismo escudo térmico que en la Artemis 1.
Amerizaje a 32 km/h
La solución de compromiso de los ingenieros de la Nasa ha sido cambiar de estrategia. «Aquella primera reentrada se había hecho 'a saltos', como una piedra plana que se tira sobre el agua y va rebotando hasta hundirse», explica González. La Nasa lo llama de forma mucho más alambicada: técnica de guiamiento de reentrada atmosférica doble. El objetivo es que amerizara lo más cerca posible del barco que les esperaba para trasladarlos a tierra firme. En esta ocasión, la operación «se ha simplificado y será menos exigente, lo que incluirá menos 'saltos' y quizás americe más lejos del buque. De cara a las próximas misiones, especialmente las que incluirán alunizajes –las Artemis 4 y 5 están previstas para 2028– sí que se rediseñará y fortalecerá este escudo térmico».
Cuando Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se encuentren a 7.000 metros de altura, se desprenderán las placas de fibra de sílice –un material similar al utilizado durante más de 30 años en el transbordador espacial– que protegen la parte superior de la nave para permitir que se desplieguen sus 11 paracaídas. La velocidad se reducirá entonces desde los 522 kilómetros por hora hasta los 32 km/h con los que amerizarán frente a las costas de San Diego, en California. Allí, un escuadrón de helicópteros de la Armada estadounidense con base en la Estación Aeronaval de North Island los rescatará y trasladará al USS John P. Murtha, un buque de guerra anfibio con «ventajas únicas» para este cometido, según el Ejército norteamericano. Un equipo de buzos se encargará de recuperar la Orión.
Tres paracaídas para despegar la tapa que protege el resto del sistema de frenado
8.100 m
520 kmh
Tapa
Cápsula
Dos paracaídas para estabilizar la caída
7.600 m
495 kmh
Cápsula
Tres paracaídas piloto para desplegar los principales
2.900 m
210 kmh
Paracaídas principales
Paracaídas principales
Tres paracaídas para despegar la tapa que protege el resto del sistema de frenado
8.100 m
520 kmh
Tapa
Cápsula
Dos paracaídas para estabilizar la caída
7.600 m
495 kmh
Cápsula
Tres paracaídas piloto para desplegar los principales
2.900 m
210 kmh
Paracaídas principales
Paracaídas principales
Tres paracaídas para despegar la tapa que protege el resto del sistema de frenado
Tapa
8.100 m
520 kmh
Cápsula
Dos paracaídas para estabilizar la caída
7.600 m
495 kmh
Cápsula
Tres paracaídas piloto para desplegar los principales
2.900 m
210 kmh
Paracaídas principales
Paracaídas principales
Tres paracaídas para despegar la tapa que protege el resto del sistema de frenado
Tapa
8.100 m
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Cápsula
Dos paracaídas para estabilizar la caída
7.600 m
495 kmh
Cápsula
Tres paracaídas piloto para desplegar los principales
2.900 m
210 kmh
Paracaídas principales
Paracaídas principales
Terminará así un periplo espacial en el que los cuatro astronautas habrán recorrido más de un millón de kilómetros, el viaje más largo de la historia, una misión que ha llevado al ser humano a las inmediaciones del satélite terrestre por primera vez desde hace 53 años y en la que por primera vez se han acercado a la Luna una mujer –Christina Koch–, un hombre negro –Victor Glover– y un astronauta no estadounidense –el canadiense Jeremy Hansen–.
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