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Mora, en un balcón de la sede de SUR, en Félix Sáenz. Dani Maldonado Vicente Luis Mora, el escritor sin WhatsApp que rompe géneros: «No hay necesidad de etiquetarnos»El autor cordobés, venerado por la crítica, regresa a la poesía con 'El libro blanco', un alfabeto de silencios
Lunes, 9 de febrero 2026, 00:30
... hijo recién mudado. Hay tantos silencios como formas tienen el miedo y el amor, la euforia y el desconcierto. Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) reúne muchos de ellos en 'El libro blanco. Alfabeto de silencios', su extraño pero delicado regreso a la poesía. Afincado en Málaga desde hace años, Mora es un autor venerado por la crítica y respetado por sus colegas, un inclasificable dinamitador de géneros que nunca ha estado de moda pero siempre ha estado presente. Lejos de lo que resulta habitual, la entrevista se concierta por petición del periodista, no del escritor. Cuesta, de hecho, dar con él. Sólo la intervención de un amigo común obra el pequeño milagro. Porque Vicente Luis, doctor en Literatura Española Contemporánea, profesor en la Universidad de Málaga, no tiene WhatsApp ni atiende llamadas de números desconocidos.–Sólo conozco a otra persona sin Whatspp: Emilio Alba, el oncólogo. Venía pensando que, cada uno en su campo, los dos se dedican a la investigación.
–La investigación y la escritura se llevan mal con la distracción. La escritura, en concreto, es un proceso singular. La inspiración o los momentos previos sí precisan de distracciones, porque nunca sabes de dónde puede venir el detalle que resulte revelador, pero cuando el proceso se formaliza requiere mucha concentración. Prefiero estar aislado, lejos del teléfono móvil.
–Tendrá que hacer equilibrios entre ese recogimiento y la exposición de la promoción.
–El problema es cómo romper con la socialización, con tantos encuentros, con tantos viajes e invitaciones a eventos literarios; mezclar eso con momentos de soledad y silencio. No quiere decir que tengas que poner paredes acolchadas, como Juan Ramón, o una torre de marfil, como Proust; dependiendo del libro, puedo incluso escribir en una cafetería. Pero necesito un tipo de ruido que no me apele, que no me persiga. Por eso quité WhatsApp.
–Y esa soledad, ¿no entraña cierto riesgo? ¿No teme ir demasiado lejos, que le acabe gustando tanto que no quiera volver?
–Bueno… La verdad es que me gusta mucho. (Sonríe). Soy bastante solitario y reservado. En realidad a mí lo que me cuesta es socializar. Por eso me alegro de tener un trabajo que me obliga a estar en el mundo, a estar conectado.
–Mientras leía el libro pensaba que, en las veces que hemos coincidido, siempre me ha parecido alguien que trataba de pasar desapercibido, aunque por su altura supongo que no le resulta fácil.
–Es la historia de mi vida: intentar pasar desapercibido. Quien no me conoce piensa que soy un poco osco, precisamente por esa distancia. Pero es una distancia de protección para preservar los procesos de observación y reflexión. Como narrador me encanta ir a bares, a espacios públicos, porque me proporciona muchas ideas para escribir.
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Dani Maldonado–Ha escrito que guardar silencio produce un tipo distinto de consciencia.
–Cuando estás observando lo mejor que sucede es que te olvidas de ti mismo, el yo desaparece. Te sumerges en la experiencia de la contemplación o de la escucha, y eso es muy útil para escribir. De hecho, este libro puede parecer muy personal pero no hay, que recuerde ahora mismo, detalles autobiográficos. Y esa es la escritura que más me interesa, la de alguien que reflexiona desde un núcleo de identidad que no salpica demasiado, que no mancha la experiencia literaria.
–Alguna vez, a propósito de los géneros literarios, le he escuchado citar a Steiner: los campos vallados son para el ganado. ¿Le preocupa que los lectores no sepamos muy bien qué es este libro, si poesía, aforismo o ensayo?
–Me encanta. Es el libro más raro que he escrito y eso es mucho decir para alguien…
–Raro.
–Me concedí toda la libertad y yo mismo tengo dudas de qué es este libro, pero no creo que haya necesidad de etiquetarnos. A partir de ahí todo es posible.
–Tampoco es, pese a lo que pueda parecer, un elogio del silencio. Porque hay silencios terribles.
–El silencio, como todas las experiencias humanas profundas, tiene infinitas facetas. Uno de mis propósito era precisamente mostrar esa riqueza; ni sacralizar el silencio ni demonizarlo.
–¿Cuál ha sido el peor silencio que ha experimentado en su vida?
–(Piensa unos segundos). Qué pregunta. (Sigue pensando). El silencio posterior a la muerte de mi padre. Darme cuenta de que había una voz que no iba a volver a escuchar más. Fue un momento decisivo. También son desoladores todos esos momentos en que esperas algo de alguien que no llega. Pero nada tan devastador como el silencio de la persona querida que ha fallecido.
–Es paradójico: hablar del silencio supone romperlo.
–Esta entrevista es una oposición digamos insalvable al silencio. Pero, como algunos de los silencios son tan negativos, creo que romperlos es una forma de salvación.
–Hay otra paradoja: el silencio no garantiza el silencio, ¿no? ¿Qué hay del ruido interior?
–El silencio absoluto no existe. Lo explicó John Cage, un teórico del silencio: en una cámara anecoica, esas en las que no se oye nada, nadie aguanta más de media hora porque acaban escuchando el zumbido de su propia circulación de la sangre y del sistema nervioso. Es tan angustioso que todos acaban saliendo. No estamos diseñados para eso.
«Soy bastante solitario y reservado... Es la historia de mi vida: intentar pasar desapercibido»
–¿Y por qué cree que socialmente está tan mal visto el silencio? En las reuniones de grupo se dice: «Ha pasado un ángel».
–Creo que forma parte de una angustia social que es un equívoco tremendo. Porque, en realidad, cuando más agusto estás con una persona es cuando no tienes necesidad de hablar. Eso me parece sano, pero ahora hay otro tipo de silencio social: ya no es extraño que, en un momento dado, todos los presentes en una reunión se callen porque han cogido el móvil. Eso es terrorífico.
–He leído que alguien define el libro como una orgía. No se me ocurre una cosa menos silenciosa.
–Bueno, depende. No he estado en ninguna, pero me la imagino bastante calmada. Hay muchas fases del erotismo o las relaciones sexuales en las que callar, en las que limitarse a sentir y tocar, buscar otros sentidos más allá del oído. Pero creo que quien lo dijo se refería a que en el libro conviven todas las formas de silencio, unas con otras. A veces algunas cortocircuitan y se generan espacios poéticos que me parecen interesantes.
–Es también una orgía de citas y referencias. Parece por momentos una canción de Dylan, llena de imágenes.
–No lo había pensado, pero tiene sentido. Es preciso visualizar o ambientar, a veces espacialmente, los lugares de aparición del silencio para explicarlo. Y en el caso de las citas me parecía elemental al tratarse de un tema sobre el que se ha reflexionado tanto. No quería aparecer adánicamente como si fuese más que el último de una enorme estirpe de autores que han pensado sobre esto.
–Con todos los años que lleva aquí, no sé si podemos considerarlo ya un autor malagueño.
–La configuración de la identidad en función de la territorialidad no me interesa. De hecho, saco una novela en otoño que va justo en esa dirección; es un ataque frontal, aunque planeo escribir algo ambientado en la Costa del Sol, consecuencia de vivir aquí tanto tiempo. Es una tierra que no he dejado de visitar ni un solo año desde que era niño.
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